Hay títulos que dan vértigo. Un vértigo provocado por alguno de los elementos que lo componen, que suelen estar cargados de significado, de una tradición, de historia; un vértigo que suele provocar suspicacia, un enfado prematuro, o un prejuicio irracional. Cuando hablamos de socialismo o marxismo, el uso en el título de cualquiera de los conceptos clásicos de la corriente despierta reticencias. El libro que aquí se presenta, Comunismo originario y lucha de clases en la iberia prehistórica, de Rodrigo Villalobos García, publicado por la nueva micro-editorial Sabotabby Press, tiene todos los elementos para ser un libro polémico desde el mismo título: «¿Cómo que ‘comunismo originario’? ¿Cómo que lucha de clases en la iberia prehistórica? ¿Cómo alguien en el siglo XXI se atreve a aplicar estos conceptos a la prehistoria?» Confieso que yo lo miré con reticencia, pero leerlo ha sido una experiencia inesperada que deja la posible polémica del título en una chiquillada: es un libro riguroso y completísimo sobre la arqueología de la prehistoria reciente que enlaza con el estudio de las sociedades sin Estado, con la intención de subvertir la visión canónica y centrada en la idea decimonónica del progreso de la sociedad, apuntando a formas posibles de organización social.

Comunismo originario y lucha de clases en la iberia prehistórica. Arqueología social del Neolítico, Calcolítico y Bronce Antiguo, de Rodrigo Villalobos García
(Sabotabby Press, 2022)

La idea de «comunismo originario» ha sido problemática desde su origen, porque, en el contexto político del siglo XIX en la pugna entre socialismo y liberalismo, con sus visiones diferentes de la historia y del progreso, estaba (y está) cargado de un componente político que parecía señalar a un pasado ideal (una Edad de Oro). El libro toma como punto de partida El origen de la familia de Engels, a partir del cual se construye todo lo que rodea a la idea. Así, sin perder el componente político, lo que encontramos es un concepto analítico, sustituible con mayor o menor precisión por otros («sociedad igualitaria», «propiedad comunal», etc.). Algo similar ocurre a la hora de hablar de «lucha de clases» en la prehistoria reciente: mantiene su substancia, y aquí se traslada a las formas de transformación de las sociedades sin Estado, en sus conflictos internos y en los procesos que llevan, por ejemplo, a cambiar de una sociedad igualitaria a una sociedad estratificada. El componente político de ambas ideas aplicados a la prehistoria reciente se encuentra en la subversión de la historia, de la forma de entender el pasado y gran parte del presente desde marcos explicativos que tienen en cuenta la diversidad en la historia, en la transformación de la sociedad, y en las posibilidades de organización más allá de la forma estatal a la que parecemos habernos rendido.

A lo largo del libro se da cuenta de todas estas cuestiones sin apenas necesidad de forzar el discurso; toda posible polémica se diluye en una explicación rigurosa y accesible. Con una enorme revisión bibliográfica, el libro se vuelve pronto en un «estado de la cuestión» de la arqueología social de la prehistoria reciente y su conexión con el estudio de las sociedades sin Estado que convierte el libro en una magnífica introducción a estas cuestiones. La primera mitad, dedicada a la dimensión más histórica del estudio de las sociedades sin Estado, explora de manera ligera cuestiones de filosofía política, partiendo de Hobbes, Montesquieu y Rousseau, que también resulta de forma paralela un inicio a los estudios arqueológicos. La segunda mitad se mete de lleno en la arqueología, en su evolución, en la comprensión del pasado, centrándose en la prehistoria reciente, sobre todo en las formas de organización social y de comprensión de la sociedad que el registro arqueológico nos permite interpretar del pasado. Y nos lleva desde los inicios de la disciplina hasta los estudios más recientes para entender qué ocurrió durante el Neolítico, Calcolítico y Bronce Antiguo en la Península Ibérica, cómo evolucionó y cómo se organizó la sociedad entonces. Todo con un estilo didáctico y con una rigurosidad en el tratamiento del material que ya quisieran muchos trabajos académicos.

Este enlace entre sociedades sin Estado y la prehistoria reciente (antes de la constitución de lo que generalmente se entiende por primeros Estados), no solo introduce una subversión importante en la comprensión pública de la historia, sino que añade un componente subversivo a las formas «tradicionales» (desde hace un par de siglos) de organización social y política. No todo pasa por el Estado, y las perspectivas socialistas anti-estatistas no parten de un vacío innovador, sino que las formas sociales igualitaristas han existido con éxito como respuestas propias ante situaciones sociales complejas en el pasado, y que hoy, a través de la arqueología, podemos conocer (aunque sea parcialmente y a través de interpretaciones). Todo el componente didáctico va ganando en complejidad académica, y donde al inicio no teníamos apenas referencias y mucho desarrollo, hacia el final abundan las referencias y la exposición de las mismas con notable pluralidad y honestidad intelectual. Es notable el conocimiento y el detalle en materia arqueológica del autor, pero la dimensión de la filosofía política, aunque no es problemática, puede quedar corta para entendidos. Sin embargo, esto no es impedimento alguno ni falla grave para la lectura del texto; la prosa es fluida y comprensiva, dialogante y didáctica, de forma que a esta complejidad creciente se entra con naturalidad y sin dificultad. Es una propuesta introductoria al tema muy logrado, y que se puede convertir en una obra de consulta fundamental para los próximos años.

El resultado es un libro a la altura del polémico Dawn of everything de Graeber y Wengrow (cuya publicación traducida se prevé para este otoño), al cual incluso supera por su calidad científica. Nos presenta un panorama rico en experiencias diferentes: no solo la prehistoria no es un tiempo histórico aburrido donde lo único que había era bárbaros o salvajes hasta que llega la civilización a ordenarlo todo, sino que se nos presenta como un espejo al que mirarnos y en el que observar alternativas. La sociedad tiene más opciones, y de ahí la importancia del carácter político de fondo, que vertebra toda la obra a través de Engels y  la perspectiva de ver de otra forma nuestra historia. Miramos al pasado para entender nuestro presente y pensar en el futuro de maneras alternativas. Porque la historia no sigue los patrones deterministas y necesarios que todavía son pilares de la enseñanza de la historia, muy eurocentrista y etnocentrista en particular, sino que es un retablo plural de expresiones diferentes de organización social y política que ha dado a diferentes logros y modos de vida, más allá del Estado, y más allá del discurso enfocado en el progreso material (económico, fundamentalmente). Rodrigo Villalobos nos lo presenta a través de la evolución concreta de las sociedades de la Península Ibérica durante la prehistoria reciente (por si hay que sentir cierto orgullo patrio), en un libro que, encierre o no polémica, puede aportar una visión refrescante y comprometida ante el viciado discurso público sobre la nación que hoy sufrimos en España.