Gran Bretaña, origen de la revolución industrial, es hoy la sexta economía del mundo, la segunda en Europa tras Alemania. El país cuenta con una ventajosa red mundial de alianzas estratégicas-diplomáticas heredadas de su pasado como hegemón colonial. Sin embargo, su preeminente posición no ha sido suficiente para evitar la profunda crisis que sufre el país, que algunos ya tildan de “crisis humanitaria”.

En febrero, tras el inicio de la guerra en Ucrania, Boris Johnson declaró que era momento de “echar a Rusia de la economía global, pieza a pieza”. Ese mismo mes se decretaban las medidas que el país seguiría para abandonar el último confinamiento de la crisis de la COVID, la cual se ha saldado con más de doscientos mil muertos, miles de hogares dependientes de la caridad de los bancos de alimentos, un sistema sanitario extenuado, y cadenas de suministro debilitadas, en parte también, por la reciente aplicación efectiva del Brexit. Desde entonces, la situación no ha ido a mejor. Las sanciones impuestas a Rusia han puesto de manifiesto la ineptitud política de los países europeos, pues no sólo no han cumplido su objetivo, sino que han acabado por actuar en su contra. Los numerosos obstáculos económico-burocráticos impulsados por el Reino Unido y la UE, junto a los EEUU, están estrangulando a sus propias economías, abocadas a seguir comprando petróleo y gas rusos, pero a escondidas y a un mayor precio, a través de China e India.

Hoy, la inflación se encuentra en su nivel más alto en 40 años. Este invierno, la factura energética anual media se doblará, pasando de 1128£ (1287€ en invierno 2021-2022) a 2500£ (2901€). Más de la mitad de los hogares podrían verse obligados a escoger entre comer y poner la calefacción, en un país que cuenta con uno de los stocks de edificios más antiguos y peor aislados térmicamente de Europa y que ya sufre del segundo porcentaje más alto de exceso de mortalidad durante los meses de mayor frío. Varias compañías ya han empezado a anunciar, como si de una ventaja salarial más se tratara, la provisión de comida gratuita a sus trabajadores durante los meses de invierno.

Huelgas y acciones sindicales

El descontento producido por la creciente crisis del coste de vida, apodada “cost of living crisis”, ha motivado una oleada de huelgas no vista desde los años 70. El sector del transporte capitaneó la mayoría de las primeras acciones sindicales, siendo la más notoria y mediática la organizada por la “National Union of Rail, Maritime and Transport Workers” o RMT. Otros sindicatos de transporte como la “Transport Salaried Staff Association” (TSSA) y la “Associated Society of Locomotive Engineers and Firemen” (ASLEF) empezaron sus propias huelgas poco después, llegando a cerrar completamente la red ferroviaria de todo el país.

En el sector servicios, destaca la “Communication Workers Union” (CWU), que ha llamado a la huelga a los trabajadores de mensajería de la Royal Mail así como de las compañías de telecomunicaciones BT y Openreach. En el sector energía, destacan las huelgas que se han dado en los trabajadores del gas del mar del norte. Algunos trabajadores municipales y funcionarios públicos también han iniciado acciones sindicales para septiembre. Por ejemplo, los trabajadores de recolección de residuos en Escocia y Newham, los abogados en Inglaterra y Gales, las enfermeras del servicio de salud público NHS e incluso los trabajadores de la sede del mismo gobierno británico. Efectivamente, la lista es extensa y, a fecha de hoy 10 de septiembre, la página web StrikeMap recoge hasta 2400 piquetes convocados en todo el país.

Actos políticos y Manifestaciones

El incremento del coste de vida también ha despertado movilizaciones políticas y campañas ciudadanas de protesta a un nivel sin precedente en las últimas décadas.

La primera gran concentración, “We Demand Better march” fue organizada el 18 de junio por el TUC (Trades Union Congress, la federación de sindicatos en el Reino Unido) y reunió a más de 40 mil personas en Londres. La manifestación contó con representantes mediáticos del partido laborista e independientes, así como un bloque rojo liderado por el CPB (Partido Comunista Británico) junto a partidos comunistas hermanos y a su sección juvenil, la YCL (Young Communist League). El bloque marchó con pancartas llamando a la nacionalización de los servicios de energía, agua, ferroviarios y de correos, medidas que cuentan con un gran apoyo popular como muestran las encuestas más recientes.

La reciente campaña Don’t Pay, aboga por no pagar las facturas de la luz y el gas el próximo 1 de octubre como medida de protesta. Como decíamos, el coste de la factura energética se doblará en cuestión de meses, poniendo en riesgo la salud en un gran número de hogares y la viabilidad de los pequeños negocios del país. Esto se da en un contexto de beneficios récord por parte de las empresas de energía que operan en Reino Unido, alcanzado los 9.43 mil millones de libras en el caso de Shell y 6.9 mil millones de libras en el caso de BP. Los organizadores de Don’t Pay indican que cuentan con el apoyo de más de 187,000 personas

La campaña Enough is Enough! lanzada, entre otros, por la parlamentaria laborista Zarah Sultana, los sindicatos Acorn y CWU y la revista socialista Tribune, fue inaugurada oficialmente en un mitin en Londres el pasado 17 de agosto. El acto de apertura contó con los discursos de Mike Lynch, del sindicato RMT, Helen O’Connor de People’s Assembly y de la propia Zarah Sultana, quienes centraron el programa en torno a cinco puntos: (1) Subida del salario real, (2) Bajada de las facturas de la energía, (3) Acabar con la pobreza alimentaria, (4) Garantizar una vivienda digna y (5) Subir los impuestos a las rentas altas. Esta campaña, no obstante, ha sido criticada por el propio Mike Lynch y el Partido Comunista Británico, debido a la opacidad y al sectarismo de su fundación. Creada sobre una compañía (Enough is Enough Ltd.), los organizadores de esta campaña no han buscado el apoyo de las bases ciudadanas, sindicatos, y movimientos amplios como People’s Assembly.

Finalmente, el próximo 5 de Noviembre, People’s Assembly, movimiento anti-austeridad de amplia presencia nacional, ha convocado una manifestación nacional en Londres. Su programa exige la subida de salarios, subida de impuestos a las rentas altas, la resolución de la crisis de la vivienda, y la reversión a la privatización del servicio nacional de salud. Se prevé que esta manifestación cuente con un apoyo cercano o incluso superior al de la manifestación “We Demand Better march” del pasado 18 de junio. 

Con todo, la muy reciente nominada primera ministra Liz Truss, miembro del ala más anti-estatalista y derechista del partido conservador, deberá reñir con dichos movimientos y organizaciones. Truss hizo clara su rabiosa postura antisindical durante la campaña que la coronó líder de los Tories. Así, la clase obrera no puede esperar de ella ninguna concesión. Truss se verá obligada a maniobrar para tratar de salvaguardar la legitimidad de los conservadores en medio de la que ya es una de las crisis más graves del país de las últimas décadas.