Los datos de siniestralidad laboral en 2021 tras los parones en el trabajo debidos a la pandemia dieron unos datos malos. Pero estamos viendo que en 2022 los datos empeoran, advirtiendo desde CCOO que podemos superar las 800 muertes por accidente laboral en este año.

Datos que asustan pero que también nos dan indicios de que algo no funciona, con un modelo preventivo implantado desde hace casi 30 años y que no termina de acabar con una lacra como son los accidentes laborales.

A modo de resumen, en el año 1995 se aprueba la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (Ley de PRL), la cual vino a dar respuesta al art. 40.2 de la Constitución Española donde se les encomendaba a los poderes públicos, como uno de los principios rectores de la política social y económica, velar por la seguridad e higiene en el trabajo. Además, se transponía al Derecho Español la Directiva 89/391/CEE relativa a la aplicación de las medidas para promover la mejora de la seguridad y de la salud de los trabajadores en el trabajo.

A raíz de esta Ley de PRL y sus desarrollos, a las empresas, públicas o privadas, se les daba la opción de elegir su organización preventiva, es decir, en función del tamaño y tipo de trabajo que realizara cada empresa, la forma de gestionar desde un punto de vista preventivo lo decidía cada empresario. (1)(2)

Estas organizaciones, a modo resumido, son:

– Asunción personalmente por parte del empresario, se dan en empresas muy pequeñas y con tareas que podríamos decir no peligrosas.

– Designación de uno o varios trabajadores, se dan en empresas pequeñas y con tareas no peligrosas.

– Constituyendo un Servicio de Prevención Propio, se dan en grandes empresas. La empresa dispone de un equipo especializado en PRL.

– Recurriendo a un Servicio de Prevención Ajeno (SPA), se da en la mayoría de las PYMES. Las empresas contratan a una empresa que “les lleva la PRL”.

Teniendo en cuenta que la mayoría de empresas en España son PYMES, el sistema preventivo del empresariado español recurre a un SPA.

Es decir, una empresa A recurre a otra empresa B para que, dentro de sus márgenes estipulados por la empresa A, gestione la prevención de riesgos laborales que por Ley está obligada a llevar. El modelo nos lleva a que la seguridad y salud de nosotras y nosotros va a quedar pendiente de cuánto coste económico quiera asumir una empresa. Y es aquí donde entra la mercantilización de la seguridad laboral y cuando la vida tiene un precio.

Además, estas empresas (los SPA) buscan también sus “beneficios industriales” a costa de la seguridad y salud de las y los trabajadores de las empresas que los contratan.

Los SPA deben disponer del personal necesario para cubrir las necesidades, y esto es en resumen, disponer de técnicos de PRL suficientes para gestionar la prevención de las empresas a las que les prestan el servicio. Lo que pasa es que actualmente no existe un límite de ratio de trabajadores por técnico de prevención, dejando a los SPA la decisión de cuántos técnicos necesitan para desempeñar sus contratos.

Desde hace unos meses, los técnicos de los SPA vienen reclamando unas mejoras en las condiciones laborales, desde mejoras salariales hasta regular los ratios en un convenio colectivo al que se niegan llegar a un acuerdo las patronales del sector.

Además estamos en un momento, en el que se están concentrando en grandes “lobbies” generando grandes grupos empresariales como Quirón Prevención o la unión de Cualtis con grupo Preving.

Al ser la seguridad y salud de la clase trabajadora un elemento más de las carteras de estas grandes compañías, las actividades preventivas pasan a ser un mero trámite documental que hay que subsanar para dar cumplimiento con una extensísima normativa para que no recaigan multas por incumplimientos en deberes legales a la empresa. Es decir, no se hace prevención se hace lo que vulgarmente se llama “quitamultas”.

Por eso no debemos extrañarnos de este aumento de la siniestralidad laboral, ya que no se hace una prevención real en el tajo.

Esta lucha no es más que un factor añadido en la lucha obrera por unas mejores condiciones laborales, desde el sindicalismo y desde la sociedad. No debemos permitir que el simple hecho de ir al tajo suponga, no ya la vida, sino un daño en la salud física o mental.

Tenemos que trabajar por nuestros derechos, seguir organizándonos en los centros de trabajo y reclamar a la empresa aquello que nos corresponde.

¡Al tajo se va a ganarse la vida, y no a perderla!

NOTAS:

1.Debemos saber que en prevención, empresario es cualquier persona física o jurídica con trabajadores por cuenta ajena a su cargo, es decir, un trabajador autónomo con un trabajador por cuenta ajena a su cargo se le va a considerar empresario, en cuanto a las obligaciones y responsabilidades preventivas.

2.La Ley de PRL establece las exclusiones en su ámbito de aplicación.

Mientras escribo este artículo, me entero de una nueva muerte en el trabajo en Sevilla (que la tierra te sea leve compañero)