“…hay quienes sostenemos que, precisamente, para evitar el fin del mundo tenemos que lograr el fin del capitalismo”
Alberto Garzón, “Por qué soy comunista”

Hay distintas versiones del neofascismo vigente en España y buena parte del mundo. Están los neofascistas oligárquicos, sutiles y sibilinos, como Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta Ramos, los neofascistas disimulados demócratas, como Nuñez Feijó, los neofascistas horteras, agresivos y provocadores, como Isabel Díaz Ayuso y otras categorías menores. Todas, sin embargo, unidas en el mismo propósito: defender el capitalismo.

La diferencia entre el PP y Vox está en los modales. El PP se esmera en guardar las formas. No siempre, es cierto. Hay veces que compite con Vox por un lugar de preferencia en la consideración de los que mandan y entonces surgen los amables codazos. Por su parte Vox arremete con todo, sin complejos por las formas, ni piedad por el lenguaje, ni respeto por la verdad.

De todos modos, a la hora de la verdad se los ve juntos aunque revueltos, en la protección de la economía de los que más tienen y en el sometimiento disciplinado a los privilegios del amo.

Todos son monárquicos, franquistas, neoliberales en economía y con una orgullosa nostalgia imperialista.

Somos comunistas, ¿y qué?

Que nadie se asuste. Esa afirmación, que más que un desafío corresponde a una aceptación ideológica para naturalizarla, es de Myriam Bregman, una referente del Frente de Izquierda Unidad, trotskista, de Argentina.

Myriam Bregman habla con claridad y seguridad de la intención de su partido: “Sí, yo quiero terminar con este sistema totalmente irracional, donde el 30% de la comida que se produce se tira”, ha dicho en declaraciones periodísticas. “Nosotros queremos cambiar esta sociedad de raíz, queremos planificar la economía sobre otras bases y que democráticamente y desde abajo, se decida cómo”. El Frente de Izquierda, en Argentina, lucha junto a los trabajadores por sus reivindicaciones urgentes, participa en las instituciones sin resignar sus convicciones y expone las causas de la realidad que se vive y la necesidad de cambiarla “de raíz”.

A pesar de la distancia que, en principio, podemos percibir entre la forma de pensar y actuar del Frente de Izquierda argentino con lo que vivimos en España, es muy similar a lo que declara Andrés Piqueras, profesor universitario y miembro del Observatorio Internacional de la Crisis, con el que lleva muchos años estudiando la crisis civilizatoria del capitalismo. Piqueras respondió a López Arnal en una interesantísima entrevista publicada en “Rebelión”.

“Ser comunista –dice Piqueras- implica pensar, en su sentido más profundo, “radical”, por fuera de la cosmovisión dominante, como pensar en acción”.

Alberto Garzón, en su libro “Por qué soy comunista”, coincide con ambos. Afirma que “la agresión del capitalismo es tan brutal y salvaje que, bajo las actuales condiciones históricas, defender los derechos humanos es impugnar el sistema capitalista mismo”.

En otra parte de ese libro, asegura que “hoy el marxismo tiene, de hecho, más actualidad que hace 40 años”.

Vuelvo a Piqueras: “…pretender mejoras sociales substanciales dentro del capitalismo actual se va convirtiendo cada vez más en una quimera (los hechos históricos que vivimos desde hace al menos 30 años así lo atestiguan). El avance social, cada vez más claramente sólo se podrá hacer contra el capitalismo, como parte de un proyecto de construcción de otra civilización”.

Sin izquierda, la derecha impone su realidad

Cuando hablo de izquierda no incluyo al PSOE por supuesto. Seguir creyendo hoy que el PSOE es socialista es inconcebible. Por las dudas, lo aclaro. Y me acuerdo de la acotación que, en una entrevista, le hizo Julio Anguita a una periodista: “si vamos a hablar en serio, no me diga que el PSOE es de izquierdas”, le dijo.

Me refiero a todo lo que está a la izquierda del PSOE. A toda la izquierda institucional, a la izquierda integrada en el sistema pero que se distancia de palabra, aunque no de hecho, del PSOE.

A esa izquierda que, como dice Alberto Garzón, “pelea por migajas o acepta salarios de subsistencia como si fueran privilegios”, obligada por el capitalismo.

La izquierda que tiene como objetivo un capitalismo de “rostro humano”. O sea que pretende gestionar el capitalismo de modo más benévolo.

La izquierda que confunde, porque tiene la misma visión de la realidad que la derecha, salvo que pretende, sin molestar demasiado y sin asustar a los votantes de clase media, adecentar un poco el sistema para que no sea tan evidente la necesidad de cambiarlo.

Sin esa izquierda combativa, del lado de la clase trabajadora, luchando con ella, con otra visión de la sociedad y del mundo, dispuesta a “impugnar el capitalismo” como dice Alberto Garzón, el neofascismo continuará creciendo y el PSOE seguirá pareciendo socialista.