La revolución iraní contra el régimen teocrático de los Ayatollahs había entrado ya en su sexta semana, al cierre de esta edición de Mundo Obrero. Hasta ese momento habían sido identificadas más de 250 víctimas mortales, 96 de ellas fueron asesinadas en un solo día en una mezquita en la ciudad de Zahedan, en el suroeste de Irán. Hay miles de heridos y más de 10.000 personas están detenidas. Las protestas que empezaron en la ciudad natal de Mahsa Amini, Saghez, en la provincia del Kurdistán de Irán, actualmente se extienden por todo el territorio iraní.

Los iraníes llevamos varios años esperando protestas como esta. Una parte de la oposición lo veía tan cerca que había creado organismos para gestionar la transición. No podíamos imaginar cómo empezaría, pero sí sabíamos que la ira acumulada de los 43 años del dominio del oscurantismo ha convertido a Irán en un barril de pólvora. Bastaba solo una chispa para que explotara y el asesinato de Mahsa Amini tuvo ese efecto.

Las últimas noticias recibidas de Irán en el día de 22 de octubre indican la continuación de las protestas en las calles de Tabriz, Teherán, Isfahan, Shiraz, Zahedan y muchas otras ciudades. Al mismo tiempo, siguen Las protestas en las universidades, institutos y los colegios de todo el país. Las paredes de los edificios públicos y residenciales están pintadas con lemas contra el régimen y contra Ali Jameneii. En las redes sociales, se multiplican las expresiones artísticas (música, poesía y cine) contenidos políticos a favor de la revolución contra la casta clerical gobernante en Irán. Los lemas siguen siendo: Mujer, Vida, Libertad; Muerte al dictador; Muerte a la República Islámica de Irán. 

El régimen ya no puede gobernar y los ciudadanos no aceptan la autoridad de la República Islámica

De otra parte, han comenzado huelgas en algunas fábricas industriales en la ciudad de Tabriz; hay cierre de negocios en Sanandaj, Bucan y Saghez en Kurdistán, que se unen a las huelgas que habian empezado en las petroquímicas de Asaluye, en los transportes de combustibles y en la refinería de Abadan. Estas huelgas fortalecen las protestas en las calles y debilitan al gobierno y sus fuerzas de represión. Nunca antes, a lo largo de los 43 años de vida de la República Islámica de Irán, habíamos sido testigos de unas protestas tan extendidas en todo el país y tan duraderas como estas. Las protestas son tan dispersas que el régimen no puede controlar la situación. Las fuerzas de seguridad han empleado todos los medios de represión a su alcance, pero no han podido acabar con las protestas. Por las noches la gente desde los tejados de sus casas grita: “No creemos a la República Islámica, muerte al dictador” y en las calles resuenan los cláxones de los coches. Internet sigue bloqueada. En los barrios de Teherán se han organizado consejos de la ciudadanía para coordinar las protestas, así como en las universidades, institutos y fábricas. En el exterior ya se están formando cajas de solidaridad para ayudar a los huelguistas. 

El sábado 22 de octubre se realizó otra manifestación en Berlín para mostrar una vez más la solidaridad y el apoyo a la lucha de los iraníes por la libertad. Los iraníes viajaron a Berlín desde otros países de Europa, pero también desde Australia, India y Estados Unidos; queríanestar juntos y mostrar su apoyo a la lucha de sus hermanos y hermanas en Irán por la emancipación del oscurantismo islámico. Fueron 80.000 personas las que se congregaron en Berlín. Uno de los lemas principales de esta gigantesca concentración fue “libertad para los presos políticos”.

En los barrios de Teherán se han organizado consejos de la ciudadanía para coordinar las protestas

La base de las políticas del régimen desde su nacimiento ha sido la discriminación, con la mujer como víctima principal. Los hombres saben que no van a tener una sociedad democrática si las mujeres no gozan de los mismos derechos que ellos y por eso luchan juntos por un estado democrático.  

Llevamos 43 años escuchando al clérigo Chií que la vida real y próspera vendrá después de la muerte, y todo nuestro esfuerzo debe enfocarse en prepararnos para la siguiente vida, que vendrá a través del sufrimiento. La casta clerical de la República Islámica no ha dejado ningún espacio libre para la gente, ni libertades políticas, ni sociales ni tampoco individuales. La doctrina del régimen hacia los ciudadanos está muy clara: “Ellos son los pastores y nosotros el rebaño”.

No es por casualidad que la cúpula de la República Islámica nunca consultó con la población sus proyectos nucleares, ni sus intervenciones militares en Siria, Líbano, Yemen e Iraq. El 60% del presupuesto del Estado está en manos de los Guardianes de la Revolución y este cuerpo militar no rinde cuentas de dichos fondos, puesto que no lo considera necesario.

El régimen teocrático cerró, desde su inicio, todos los espacios sociopolíticos para que la población no pudiese hablar, protestar, ni manifestar sus preocupaciones

El mundo admira la valentía de las mujeres y los hombres iraníes que luchan con las manos desnudas contra las fuerzas de seguridad, armadas hasta los dientes, después de 43 años ninguneados por el régimen.

EL TRASFONDO DEL ESTALLIDO REVOLUCIONARIO

Irán entra en una situación revolucionaria mientras la población sufre gravísimos problemas económicos. En el año 2014 más de 23% de la población vivía bajo el umbral de la pobreza, mientras que en el 2020 el 32% de la población vivía en extrema pobreza. De cada tres iraníes, uno es pobre. Hay estudios más exhaustivos de la situación económica de la población que apuntan que un 50% de la población vive en extrema pobreza, mientras que la inflación está por encima del 40%. Las estadísticas hablan del 25% de la población activa en paro, pero esta cifra incluye a las personas que solamente trabajan 8 horas a la semana, la población activa en Irán son 23 millones  de personas.

En 1988 el Estado Islámico masacró a los presos políticos en todas las prisiones del país. Luego siguió contra los movimientos sociales y reivindicativos

El 82% de los puestos de trabajo están ocupados por hombres y el 18% por mujeres. El presupuesto del Estado ha sido 39 mil millones de dólares para el año en curso. 

El 35% de la totalidad del presupuesto depende de la venta del petróleo, pero habrá 60% de déficit presupuestario, lo que impide al Estado gastar en los proyectos públicos. En los últimos tres años más de 300 ciudades han experimentado huelgas de los trabajadores en fábricas, zonas rurales, negocios, transporte público, jubilados y profesores en los institutos. Las causas de las huelgas han sido la inflación, la corrupción, el paro extendido y la discriminación de clase en las relaciones económicas del país. 

El régimen ya no puede gobernar y los ciudadanos no aceptan la autoridad de la República Islámica. 

Hace muchos años que el régimen ha demostrado que es incapaz de responder a las necesidades básicas de la población y además ha impuesto un sistema de califato islámico muy lejos de un estado de derecho y con unas características socioculturales que no coinciden con las necesidades del mundo actual, ni con los principios culturales que los iraníes han heredado de sus antepasados desde hace miles de años.

La represión en las protestas de 2019 dejó 1.500 muertos. Los francotiradores disparaban desde los tejados, para crear terror

Desde el triunfo de la revolución en 1979 los ciudadanos iraníes nunca han cesado de protestar contra el régimen por los problemas económicos, por la falta de libertades sociales y políticas, por la discriminación generalizada en todo el país y por la discriminación de género, por no tener aire limpio para respirar y por no tener derechos como individuos. El estado islámico nunca se interesó en escuchar a la gente ni tampoco quiso resolver sus problemas. El régimen teocrático desde el principio cerró todos los espacios sociopolíticos con el fin de que la población no pudiese hablar, quejarse, protestar o manifestar sus preocupaciones. La represión fue la respuesta elegida para enfrentarse a las protestas.

El régimen desenfundó sus espadas en los 80. Decenas de miles de ciudadanos fueron ejecutados. Los ocho años de guerra con Iraq fueron un pretexto perfecto para acallar a las voces críticas.

En 1988 ocurrió la masacre de los presos políticos en todas las prisiones del país. En las décadas de los 90 y 2000 siguió la represión contra los movimientos sociales y en contra de los movimientos reivindicativos. En 2009 el movimiento verde sorprendió al mundo: millones de personas salieron a las calles reivindicando sus derechos como ciudadanos, pero chocaron contra el muro del Estado teocrático. La brutal represión de aquel entonces devolvió la calma a las calles, pero sabíamos que las llamas estaban ahí, por debajo de las cenizas, prestas a resurgir.

Las protestas populares en noviembre de 2019 empezaron por el aumento de los precios de combustible y después todo el país se levantó contra el régimen y sus políticas discriminatorias, tanto económica como política y la discriminación étnica, religiosa y de género. La intervención militar del régimen en países como Siria, Yemen, Líbano e Iraq fue también una causa  de las protestas. La energía nuclear y sus consecuencias económicas y políticas en el interior y en el ámbito internacional fue criticada. Se señaló a Ali Jameneii como el principal responsable de la situación desastrosa del país, contra él se dirigían las consignas y el grito de “Muerte a Jameneii y muerte al dictador”.

El 60% del presupuesto del Estado está en manos de los Guardianes de la Revolución, mientras la mitad del país vive en la pobreza

En las protestas de 2019 murieron más de 1.500 personas, entre ellas niños y adolescentes. Los francotiradores apuntaban a la gente desde los tejados, para crear terror y obligar a los manifestantes a regresar a sus casas.

Aunque en noviembre del año 2019 el régimen, con una represión brutal, pudo devolver la calma a las calles, no pudo evitar la ruptura total entre el pueblo y la teocracia islámica. Ayatollah Jameneii había intentado crear una Aura Sagrada en torno a su personalidad y al régimen como los “representantes de Dios en la Tierra”, pero los gritos de “muerte a Jameneii y muerte a la República Islámica”  mostraban la imagen contraria.

Un edificio en Teherán: Mujer, Vida, Libertad

Recientemente se ha difundido en redes sociales un vídeo clip de una joven dirigiéndose a las autoridades de la República Islámica diciéndoles:

“¿Creéis que salimos a las calles por nuestros velos? Os equivocáis. Protestamos porque nuestros padres no tienen trabajo, porque nuestros hermanos no tienen futuro, nuestros esposos trabajan todo el día, pero por la noche no tienen nada que traer a casa para sus hijos. Estas son las causas de nuestra ira y nuestros problemas. ¿Todavía decís que el velo es la causa de las protestas? ¿No sabéis que nos habéis quitado desde hace 40 años nuestros derechos como ciudadanas iranies? Y, por encima de todo, habéis pisoteado nuestra dignidad humana, no nos consideráis humanas. Yo salgo a protestar, no solamente por mi velo, sino para que no me obliguéis a llevarlo contra mi voluntad. Yo quiero ser libre para elegir. Mi padre y mi abuelo, los dos fueron fusilados por ser críticos con el Estado, uno murió por la monarquía de Shah y el otro por los islamistas. Salgo a protestar porque estoy cansada de tanta discriminación y humillación. Nuestros problemas son nuestra cultura y nuestra civilización, que están invadidas por vuestros rancios pensamientos, que han destruido nuestro país. Tenemos muchas razones para salir y seguir luchando hasta el final. Hasta que seamos dueñas de nuestros propios destinos.”

LA RUPTURA SOCIOCULTURAL CON LA REPÚBLICA ISLÁMICA

Las luchas y las protestas que hoy en día vemos en las calles, universidades, fábricas e institutos, son la continuación de 120 años de la lucha para alcanzar la democracia y un Estado de Derecho.

Las nuevas generaciones de luchadores no han venido de la Luna o de Marte. Son generaciones criadas en las familias. El secularismo ha pervivido y ha crecido a lo largo de decenas de años en la sociedad iraní y en la era de la República Islámica más que nunca.

Llevamos 43 años escuchando al clérigo Chií que la vida real y próspera vendrá después de la muerte

En Irán el 75% de la población vive en las ciudades. Hay más de 4 millones de estudiantes en las universidades. La mayoría de los 80 millones de habitantes tienen doble vida, fuera y dentro de casa. En la casa se acercan a su identidad real, en un espacio íntimo lejos de las miradas de la Policía Moral y las fuerzas de seguridad del Estado, viven conectados a las redes sociales, conectados al mundo exterior y al mismo tiempo a su cultura y la antigua civilización persa, muy lejos de los valores de la República Islámica.

Los jóvenes que salen a la calle a protestar tienen el respaldo de sus padres. En realidad, estas protestas son movimientos sociopolíticos de varias generaciones juntas, los ideales de la justicia, la libertad y la democracia, han sido heredados por las nuevas generaciones, por eso no debemos limitar el actual movimiento sociopolítico solamente a la juventud.

Irán tiene una historia larga de lucha por conquistar un Estado de Derecho. Desde 1906, el año del triunfo de la revolución contra la monarquía absolutista, hasta hoy, Irán nunca ha dejado de luchar.

(*) Hamid Hosseini militante del Partido de Izquierda de Irán y portavoz de la Asociación Iraní Pro Derechos Humanos