Cuenta José Saramago que su abuelo, sabiéndose en trance de muerte, salió al huerto y abrazo uno a uno a los árboles despidiéndose de ellos.

Este es José, el de Azinhaga, el que habló de su abuelo y de las gentes de Portugal con el desprendimiento del que se sabe gente y no se dedica a oírse todo el tiempo así mismo.

Este es José, y ahí está, recogida en libros, la voz nacional popular de Portugal. Este es José, qué marcha por la historia de la literatura cogido del brazo de Camöes, pero que escribió esta vez desde el heroísmo cotidiano y cívico de vivir a pesar de todo, de vivir y atreverse a comprender a pesar de todo, porque, como decía, “solo hay dos grandes potencias en el mundo: los Estados Unidos y tú”.

Que nadie me malinterprete, pues: Va cogido del brazo de Camöes pero no lleva la armadura puesta: es la alternativa solidaria, etopéyica, a la colonización de épica de los débiles contadas por los más fuertes. Va ha cogido del brazo de Camöes y de tu brazo también (Otros países no tienen esa segunda voz redentora).

Hablamos de una literatura del atrevimiento, la del que se juega entero y sabe que esa es la gran diferencia. Saramago es un gran diferente en el inmenso reinado de las democracias occidentales.

Es otro de los autores que no operó la realidad separando la vida personal de la vida política, sabiendo al par distanciar a las personas de la epidemia mediática de las conciencias sumisas y sabiendo separar la vida política de su carga de superchería en la sociedad del espectáculo.

Extracto de libro:
1917-2017. Desde que NOVIEMBRE se llama OCTUBRE

Felipe Alcaraz y Andrés Vázquez de Sola.
Editorial Atrapasueños

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