Se cumple el Centenario del nacimiento de José Saramago, un «escritor universal, intelectual de abril, militante comunista«, como lo define la campaña de homenaje que ha editado el Partido Comunista Portugués. Puede que sea una de sus facetas menos conocidas, pero Saramago fue un periodista revolucionario. Al menos así se presentó a los lectores y las lectoras del Diário de Notícias (también conocido por sus siglas DN) poco después de asumir el cargo de subdirector de este periódico en el agitado abril de 1975.

El periódico había sido nacionalizado después de la Revolución de los Claveles y su orientación ideológica fue definida por el propio Saramago en los siguientes términos: «Este periódico no puede, en el futuro, limitarse a ser una hoja de registro de sucesos, sino que debe convertirse en el vehículo de la información que la gente necesita».

Y así fue. Durante los siete meses que Saramago permaneció de subdirector del diario se publicaron algunos de los textos más revolucionarios que salieron a la luz en el conocido como «Verano Caliente». Artículos llenos de esperanza que llamaban al pueblo portugués a continuar con la lucha empezada el 25 de Abril y avanzar en la instauración de un sistema socialista.

Nadie puede acusarlo de falta de claridad. Al asumir el cargo de subdirector, el 9 de abril, el escritor no dejó lugar a dudas: “El Diário de Notícias será el instrumento, en manos del pueblo portugués, para la construcción del socialismo”. Saramago, entonces de 52 años, había colaborado en la revista Seara Nova y dirigía el suplemento literario del Diário de Lisboa, periódico del que también fue editorialista en el bienio 1972/73. Ya había publicado algunos libros de los que ha posteriormente declaró que no les tenia mucha estima. El grueso de su obra aún estaba por escribir.

En el periódico, pese a ser subdirector, en la práctica ejercía de director, escribiendo los textos que marcaban la posición editorial del diario. Estos estaban situados siempre en la primera página bajo el título genérico «Notas». Entre abril y noviembre se publicaron 95 de estos textos, que funcionaron como verdaderas editoriales para el Diário de Notícias portugués, en los que ya se podía detectar el estilo inconfundible que le hizo famoso como prosista, llenos de juicios morales sobre personajes públicos, alternando críticas demoledoras a Mário Soares, Freitas do Amaral y Melo Antunes con los más fuertes elogios a los revolucionarios consecuentes, como el primer ministro Vasco Gonçalves.

Estas «notas» no estaban firmadas, puede que para recalcar el estilo colectivo del periódico, entonces con muy buena aceptación. Por una vez la firma de José Saramago -junto a la de Luís de Barros- aparece en las páginas del Diário de Notícias en un texto titulado «Un Nuevo Rumbo» y publicado el 11 de abril. “El Diário de Notícias es demasiado importante para que sus trabajadores acepten verlo convertido en el señorío de alguien. Esta Casa necesita de todos y será obra de todos”, aseguran los nuevos directivos y que “La información revolucionaria no se hace con periodistas contrarrevolucionarios”, como explicaba otro editorial del Diário de Notícias, el 4 de septiembre, en prosa sin firmar (presuntamente también de Saramago).

Seguía la senda de la linea editorial difundida el 26 de junio, donde se afirmaba que el Diário de Notícias se convertía en «un periódico al servicio del pueblo, de las clases trabajadoras y, especialmente, de los más desfavorecidos». Apostando por la «construcción y defensa de la sociedad socialista» y apoyando «las justas luchas de los pueblos aún oprimidos, en una línea inquebrantable antifascista y antiimperialista».

La primera de estas «notas» del futuro Premio Nobel de Literatura está fechada el 14 de abril, precedió a la victoria del PS en la elección de la Asamblea Constituyente por 11 días. Pero incluso entonces advirtió: «No perderemos los logros de la Revolución a través de las elecciones». Toda una declaración de intenciones que se convirtió en el lema que quedó fijado en la mayoría de las intervenciones de Saramago en el Diário de Notícias.

Saramago como subdirector no se ocultaba. «No somos independientes, neutrales, ni objetivos, es decir, no publicamos en Andorra», escribió el 5 de mayo, en respuesta a quienes acusaban al Diário de Notícias de ser un «periódico oficial», en línea con la Ejecutiva de Vasco Gonçalves y afín al Partido Comunista Portugués.

El «compañero Vasco», como lo llamó la izquierda consecuente, recibió muchos elogios de Saramago. Uno de los más llamativos fue en la edición del 21 de agosto: «Lo escuchamos bien desde aquí, lo vemos bien, lo queremos». Y dos días después: «De todo el personal político-militar de primera línea, Vasco Gonçalves fue el único capaz de comprender lo que pasó en Portugal después del 25 de abril: la repentina aceleración de la lucha de clases y su extrema agudización, y también evidencia de la inviabilidad de la solución socialdemócrata».

Uno de sus blancos favoritos, por el contrario, era el PS de Mário Soares, que «hace de la calumnia su gran especialización» (1 de septiembre). Sobre el CDS, Saramago escribió: «El partido del señor Freitas do Amaral es la cara de la extrema derecha legal» (13 de junio). Sá Carneiro, fundador y líder del Partido Social Demócrata (PSD),  era el «tipo acabado de anticomunista delirante» y el PPD era un «vehículo de reacción».

Cuando comenzó el VI Gobierno Provisional, encabezado por Pinheiro de Azevedo y con varios ministros del PS y del PPD, el Diário de Notícias calificó al nuevo Ejecutivo como un «grupo de gobernantes desconectados». Con una energía simétrica a los elogios que antes le había hecho a Vasco. “El gobierno ya es un anacronismo de esta Revolución”, escribió el 14 de noviembre. El socialista Almeida Santos, con la cartera de Comunicación Social, fue calificado como «ministro represor» (20 de octubre), debido a su papel de máximo responsable de la censura.

En ese momento el Diário de Notícias publicaba títulos como «El Sur se paralizará si no se implementa inmediatamente el apoyo a la Reforma Agraria» (13 de octubre); «Gran manifestación por el avance inmediato de las organizaciones populares» (23 de octubre); «Oficiales revolucionarios defienden el poder popular armado» (22 de noviembre). Textos que narran el hermoso proceso que surgió tras la Revolución de los Claveles y la lucha del pueblo por instaurar el socialismo.

Ante los acontecimientos del Proceso Revolucionario en Curso, el lenguaje de Saramago se volvió más incisivo. “O esta Revolución se suicida (…) o se recupera por el único camino que le queda a quienes quieren liquidarla”, señaló el 1 de agosto. A su juicio, «la violencia revolucionaria es legítima defensa cuando está en juego la vida y el futuro de todo un pueblo«.

Todo culminó en el editorial del 24 de noviembre. “La vuelta a los cuarteles, que algunos insisten en propugnar no resolvería nada, las Fuerzas Armadas, habiendo sido MFA en su sector progresista, no pueden recuperar neutralidades utópicas: es mejor, por tanto, que, aún en conflicto, permanezcan en primer plano de la acción política. Pero cuidado, el tiempo no espera», decía la «nota» de ese día.

Esa noche, en efecto, los soldados revolucionarios abandonaron el cuartel. Pero 24 horas después, la reivindicación de instaurar el socialismo del futuro Premio Nobel de Literatura se disipó: se impuso el ala «inconsecuente» de las Fuerzas Armadas, que se alió a los partidos burgueses y reaccionarios. Terminaba así el Proceso Revolucionario en Curso iniciado tras la Revolución de los Claveles, una de cuyas consecuencias fue poner fin a la orientación ideológica que Saramago daba al  Diário de Notícias. Pero también el inicio del gran escritor que hoy se conoce, con la publicación de Manual de pintura y caligrafía. Y, posteriormente, Levantado del suelo.

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