Es una tarea controvertida la de realizar la reseña de una obra escrita por alguien con quien compartes la vida, la persona a la que amas y a la vez admiras —más que a ninguna otra— al tiempo que, por mor de esa vida compartida a todas horas, eres quizás la más ferviente crítica tanto de su producción pictórica como literaria. A pesar de todo ello, heme aquí, redactando este texto que pretende ser motivador a la lectura de esta obra de Vázquez de Sola: La verdadera historia del gayumbo milagroso, una suerte de autobiografía, que no es tal en sus estrictos términos, pero que sí recoge aspectos acontecidos a lo largo de su ya dilatada vida y, a pesar de que no todos puedan ser catalogados como “autobiográficos”, ello no es óbice para afirmar que la mayoría sí son estrictamente verídicos. Junto a ese primer grupo de sucesos o acontecidos, coexiste en este libro otro conjunto de situaciones que escapan de la realidad y que se conforman en mixturas de verdades y fantasías —las primeras propias o ajenas y las segundas nacidas todas de su magín— en las que el Autor se deja ir, se divierte de manera traviesa y nos hace entrar en un carrusel ascendente en espiral del que no se avizora la señal de final del trayecto.

Cabe señalar, al hilo de lo anterior, que Vázquez de Sola, fiel a su estilo, sigue “militando” en la sátira y de ello da fe esta obra en la que conviven diversos y múltiples pasajes hilarantes, exponentes de un humor adulto —aunque también los hay tiernos, algunos tristes y otros definitivamente dolorosos— en un difícil equilibrio en el que, al terminar cada capítulo, la sensación que perdura, pese a todo, alude a un libro muy divertido del que se quiere tener más, aun cuando entre sus páginas a veces se perciban dolores del alma ocultos o manifiestos. Por ese regreso constante al género satírico, en alguna ocasión le he comentado que, más que una Autobiografía, este libro debería ser reseñado como una Satirigrafía, un neologismo que me parece refleja mejor su espíritu, en tanto la herramienta del humor irreverente, rompedor de esquemas y tradiciones, reivindicador de lo justo, defensor del arte y la cultura y ariete contra la mediocridad y la estulticia, es enarbolada en el relato por Vázquez de Sola de forma inmisericorde incluso contra sí mismo. Tal es el calibre de su honradez intelectual y de su afán de autenticidad sin miramientos, ambages ni cortapisas.

No quisiera dejar de señalar en estas breves notas la encomiable labor realizada por Oportet Editores, en la persona de Emilio Pascual, su director, artífice del bello objeto que es este libro, de excelente factura e inmejorable estética, donde cada detalle ha sido cuidado al máximo, de manera que, al disfrute de la lectura, se le añade el no desdeñable goce de su belleza material. En la misma línea, quiero destacar la colaboración de un entrañable y perpetuo amigo: Póllux Hernúñez, gran intelectual con quien Pascual y yo misma compartimos el trabajo de revisión del texto original, intercambiando opiniones, dudas, sugerencias y criterios con el Autor si bien, para ser honesta, las más de las veces nos comunicábamos para reír a mandíbula batiente, ante la sorpresa de estas “travesuras” relatadas que íbamos hallando en la ruta emprendida, siguiendo la azarosa vida de Leopoldo Javier Pérez de Raraperla y López de los Altos Torreones, alter ego de Vázquez de Sola en el decursar de esta historia.

Otro elemento que me parece relevante es la selección de dibujos que ilustran esta obra, donde pueden apreciarse distintas etapas del Vázquez de Sola humorista gráfico,  a través de una panoplia que incluye dos o tres de ellos datados en los años 60 —los cuales constituyeron un reto técnico en su recuperación, debido al deterioro del soporte— otros, realizados en distintos momentos de su carrera profesional y que por diversas causas no vieron la luz en su momento, junto a una mayoría que fueron surgiendo en la medida en que le nacían las palabras formadoras de esta historia que ahora ofrece a sus lectores.

Por último, me gustaría añadir una idea que quizás debió estar al comienzo de esta nota —está más en la línea retórica de una reseña al uso— y es la referida a la exquisita depuración de la forma y el estilo empleados por Vázquez de Sola en este viaje. En tal sentido, me apropiaré de una frase proferida por un gran escritor y excelso amigo campogibraltareño, José Reyes, quien al terminar de leer la Historia del Gayumbo le dijo: “Maestro, este es tu mejor libro” y yo, desde mi modestia, coincido plenamente con él y solo me resta añadir: es también el más divertido.

(*) Historiadora del Arte