El recinto estanco y rancio de la derecha patria se ha alborotado hasta el paroxismo por el anuncio de la emisión de un sello. Para ellos supone una pesadilla pensar que algún día pueden recibir una carta con una hoz y un martillo como emblema de los servicios del Estado. Y se oponen con toda la fuerza de sus vísceras. Y desde luego hay una lógica de fondo. Los herederos del franquismo, de un régimen totalitario que cercenó las libertades y acabó con los derechos humanos, regando de sangre las cunetas y olivares, no pueden soportar un sello con el símbolo del partido que más (o casi exclusivamente) luchó contra aquel régimen execrable, dirigido por matarifes.

¿Dónde se compran las camisetas con el sello?

Y desde la explosión de su ira, sin darse cuenta, la derechona ha generado una propaganda inversa impagable sobre la hoz y el martillo, con su mensaje rojo, verde y violeta. Una propaganda que supera todas las marcas de la historia, ya que ha aparecido, en horas de máxima audiencia, en medios de máxima difusión, un día y otro, sin descanso, llegando a los rincones de la última comarca del mapa nacional.

¿Cuándo se organizan las colas ante los estancos para adquirir la popular estampilla?

En el fondo han intentado cuestionar la legalidad tan difícilmente, y con tan alto coste, conquistada por un partido que acaba de cumplir cien años, los primeros cien años. Bueno, ya nos han ilegalizado otras veces. Nos preocupa, aunque no nos asusta. Pero no acabamos de comprender que la derechona no entienda que el Partido Comunista de España es parte estructural, congénita, de la democracia española.

¿Cuánto tiempo va a seguir sembrando las redes sociales con su imagen la estampilla roja, verde y violeta, con las herramientas de trabajo de obreros y campesinos?

Por cierto, y según ha venido proclamando esa parte reaccionaria del Estado, si los comunistas no existimos ya, si somos marginales e irrelevantes, ¿por qué hay tantos anticomunistas?

¿Se están fabricando ya las pancartas con la imagen de la simpática estampilla?

Porque ahí quizás radique la explicación al furor y la rabia espumeante de gente tan poco presentable. Es decir, ellos saben, a lo largo y ancho de este mundo, desde 1917, que solo existe una alternativa integral, y además indesmayable, al sistema capitalista: la de la fuerza representada por la hoz y martillo. Una fuerza, un fantasma, unos contenidos, una forma de entender los programas alternativos y la lucha social: el Partido Comunista.

¿Existen ya moldes y patrones para hacer pintadas calle abajo con los perfiles de la estampita?

Y quizás, que todo hay que decirle, ellos, a veces, sepan mejor que nosotros la fuerza propulsora que supone el comunismo, su capacidad de espera, su alcance a la hora de saber transparecer en unos sitios y otros; de ahí que el trumpismo, el ayusismo y otros neofascismos no puedan dormir pensando que todo lo que se mueve es comunismo.

¿Alguien se ha encargado de hacer los llaveros con la estampita que conmemora los cien primeros años?

Por eso, y como resulta que es de bien nacidos ser agradecidos, tenemos que dar las gracias a esa derechona que ha generado esta propaganda descomunal sobre la hoz y el martillo.

¿Alguien ha preparados “pines” de solapa con el famoso sello?

Considerando, por tanto, todo lo anterior, y con la intención de darle un sentido final a las cosas, concluimos:

NO PODRÁN CON NOSOTRAS

NO PASARÁN