Finalizada la 27 ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27) podemos concluir que no hay ningún acuerdo real que permita vislumbrar una estrategia mundial para enfrentar las causas del cambio climático y sus terribles consecuencias sobre los ecosistemas y sobre la Humanidad.

Sin duda son de interés las reflexiones de científicos y activistas que denuncian el deterioro de su entorno y la voracidad de las multinacionales que, incorporadas al discurso de la transición energética, siguen desplazando de su hábitat a cientos de miles de seres humanos para implantar por la fuerza nuevas fuentes de energía y la extracción de los minerales necesarios para dichas fuentes.
Los acuerdos finales, sin embargo, no van en el mismo sentido que científicos y activistas solicitan. En 15 días no se ha alcanzado ningún acuerdo concreto que permita afrontar los retos del Acuerdo de París (2015), ni siquiera un ligero avance respecto a los Acuerdos del COP26 celebrado en Glasgow.

Sólo un acuerdo in extremis puede destacarse, el reconocimiento de la necesidad de un fondo que permita paliar las consecuencias del cambio climático en las zonas más vulnerables del planeta. Pero el acuerdo se queda ahí, en la necesidad del fondo, nada se sabe de quienes deben ser los contribuyentes y de quienes los beneficiarios de este fondo.

Si quieres que algo se demore nombra una comisión”, sea o no atribuible esta cita a Napoleón lo cierto es que, efectivamente, ante la ausencia de criterios para determinar quién aporta y quién recibe se ha creado una Comisión.

¿Financiación privada altruista?

Destacable también es la petición de ayuda financiera al sector privado para afrontar los retos de reducción de emisiones en los países del Sur, ¿a cambio de qué y de cuánto? suponemos que estarán preguntándose las grandes multinacionales de la filantropía privada financiadas a su vez por las grandes multinacionales responsables del deterioro del planeta. La adopción de marcos regulatorios que permitan la privatización total del sector eléctrico y la explotación del sector por parte de las multinacionales se verá sin duda beneficiada por esta “financiación altruista”, como ya ocurre con proyectos en pequeñas comunidades africanas.

El PCE manifiesta su compromiso con las medidas encaminadas a la reducción del deterioro de nuestro planeta y con las clases sociales y países más afectados por este deterioro. Entendemos que toda solución pasa por la adopción de medidas ajenas a los intereses del capitalismo, el combate contra el cambio climático y la preservación de la biosfera es incompatible con la acumulación de capital y el colonialismo energético que las grandes potencias económicas ejercen sobre el resto del mundo. En línea con lo aprobado en nuestro XXI Congreso, el PCE plantea la necesidad de no restringir el debate a cómo producimos la energía, sino a cuánta, en qué, para quién y dónde consumimos la energía.

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