Hace unos días fui a un concierto de Rigoberta Bandini, esa cantante que tiene una capacidad asombrosa para componer himnos que se pueden cantar en cualquier manifestación feminista. Hay una canción que recuerda esa célebre machistada de los payasos de la tele de la niña que no podía ir a jugar porque tenía que realizar todas las tareas del hogar imaginables. Bandini le da la vuelta y lo que dice es lo contrario: ni planchar, ni lavar, ni fregar, ni bordar, PORQUE ES QUE TIENE QUE BAILAR.

Las lágrimas acudieron a mis ojos de pura emoción, a pesar de que ya la había escuchado y bailado muchas veces, porque de repente se me vinieron a la cabeza la cantidad de mujeres y niñas que no podrán bailar víctimas de esa terrible violencia machista que impide que hablen, actúen, sientan, griten, lloren y por supuesto, impide que bailen.

Las tenemos a la vuelta de la esquina, en cada jovencita controlada por su novio que no puede ponerse la minifalda para bailar enseñando piernas, en cada mujer que agacha la cabeza cuando le lanzan un piropo soez cuando baila tranquila por la calle escuchando su música, en cada esposa encerrada en casa, sin trabajo y sin poder huir de su maltratador, condenada a las labores del hogar mientras tararea bajito una canción de la radio y la baila cuando nadie la ve, en cada anciana sin pensión suficiente por no haber cotizado después de haber estado esclavizada por su familia. Y tambien las tenemos más lejos, en cada niña que no puede ir solita a la calle en Juárez, en cada adolescente apaleada en Irán por no llevar velo, en cada pequeña condenada a la ablación en Somalia, en la trata de mujeres y niñas en los burdeles del mundo entero.

Y pensé en Juana Rivas, en María Salmerón y en su hija Miriam, condenadas por la Justicia a no bailar nunca, porque cometieron el pecado imperdonable de rechazar a sus maltratadores, de proteger a sus hijos e hija y denunciar públicamente a su esposo o padre.

La justicia, con ensañamiento y alevosía, ha dejado claro con ellas que no admitirá que ninguna mujer se salga del camino marcado. Las ha multado y recondenado si han osado defenderse o revolverse, con la complicidad de otros Jueces y del mismísimo Ministerio Fiscal, que está puesto ahí para defender, no solo la legalidad, sino también a las personas más indefensas y, por supuesto, menores. Les ha llegado a negar el indulto (parcial, parcial, con las mujeres se ha puesto de moda esta nueva figura jurídica del casi indulto) concedido a duras penas por el gobierno, cosa insólita en un país que indulta por motivos religiosos en Semana Santa a presos con historiales peligrosos sin que a nadie se le ocurra decir esta boca es mía y a pesar del artículo 16 de la Constitución que recoge la aconfesionalidad del Estado.

Mientras, en el grupo Prensa Ibérica formado por pequeñas cabeceras de periódicos de provincias y la nacional “El Español” (Domingo 23 de octubre) se cuentan los casos de secuestro de niños y niñas en caso de divorcio, sin atender perspectiva de género, en la equidistancia, como en la guerra civil de los fachas, sin mencionar que cuando se lo lleva una madre tiene en la inmensa mayoría de casos un motivo protector, y en el caso de los padres se encubre un caso de violencia vicaria, sin mencionar que no hay asesinatos de hijos a manos de madres por violencia vicaria y llevamos cifras escalofriantes a manos de padres.

Mientras no reconozcamos que hay violencia cuando no nos permiten bailar, cuando estamos obligadas por ley y por los tribunales a obedecer a nuestros maridos, cuando no se reconoce la diferencia ni en lo más básico, que es jugar desde la infancia, habrá violencia machista, habrá un hombre que se crea con derecho a mandar sobre nosotras o algo peor. Por ahí se empieza. Así que reivindico el derecho de Juana, María y Miriam a denunciar a sus jueces, a los que no les hicieron caso, no escucharon sus motivos y no revisaron sus pruebas.

Es más, reivindico el derecho a bailar sobre sus sentencias condenatorias aún con el riesgo de que me acusen de frívola. Porque bailar no es ninguna frivolidad desde el mismo momento en que para la judicatura y abogacía es un elemento a considerar para condenar o no por violación (véase todo el juicio y la sentencia de la manada), que en algunos países se prohíbe a las mujeres bailar en público o que desde el baile de Salomé es una clara evidencia del puterío de una mujer o síntoma incuestionable de brujería. Bailaremos todas sobre sus sentencias para escapar de esta miseria y acompañarlas en la tragedia, para evitar que nadie más las controle y, rememorando todos los juegos infantiles que nos han sido negados, lo haremos por Juana, por María, por Miriam y por todas nuestras compañeras, liberándolas de cualquier castigo.

Por eso os animamos a todas a participar en la campaña de queja al CGPJ sobre el Juez Piñar, y en la campaña de denuncia por delito de odio contra los jueces y fiscales de ambos casos y hasta contra el Colegio de Abogados de Granada que se ha dedicado a sancionar al Abogado de Juana por ejercer como tal e interponer una querella en su nombre. En la página web del PCA tenéis el enlace a los distintos modelos de denuncia y al escrito de queja.

Para que nunca más nadie nos mande a fregar, a planchar o a la cárcel, y para que nunca nos impidan bailar porque, como decía Enma Goldman, si no podemos bailar no es nuestra revolución. Ya lo dice la Bandini, que es que tenemos que bailar.

(*) Secretaria del Área de Feminismo del PCA