«¡No se puede vivir!»

Cuántas cosas pueden expresar esas cuatro palabras. Podría pronunciarlas un sinfín de personas, en un sinfín de lugares y momentos y por un sinfín de motivos, pero, en esta ocasión, salieron de los labios de una faenera malagueña durante aquellos días convulsos de enero de 1918 en los que el hambre, la escasez y el descontento llevaron a las mujeres de las clases populares a tomar las calles exigiendo unas condiciones de vida dignas.

Los precios de productos básicos como el pan y el aceite (grandes protagonistas de las reivindicaciones de las faeneras), las patatas, el pescado, el carbón y los alquileres estaban absolutamente disparados y fuera del alcance de la mayoría trabajadora. En plena Primera Guerra Mundial, la posición neutral de España había supuesto un auge de las exportaciones de alimentos y otras materias primas hacia países que sí participaban en el conflicto, con la consiguiente carestía para el consumo interno. Carestía en los dos sentidos del término: lo poco que había tenía unos precios desorbitados, circunstancia a la que contribuyó (y esto quizá nos suene hoy, más de un siglo después) la codicia especuladora de los acaparadores.

Asfixiadas por unas condiciones de vida insoportables, hartas de manipular y ver pasar bajo sus ojos productos básicos que iban destinados al exterior mientras en sus casas no había sino hambre y miseria, las faeneras (operarias del sector agroalimentario, principalmente estucheras, envasadoras de pasas, higos y almendras, etc.) se lanzaron a las calles el 9 de enero de 1918, con la espontaneidad que dan la desesperación y la miseria, para pedirles al alcalde y al gobernador civil que intervinieran de forma inmediata. Ante la tibieza de las autoridades, que, por un lado, fueron incapaces de negociar con los exportadores y, por otro, se limitaron a ofrecer medidas de alivio más cercanas a la caridad que a la justicia social, se desencadenó una oleada de protestas en forma de marchas y manifestaciones (cada vez más multitudinarias, al irse sumando mujeres de otros oficios y, en un segundo momento, también los hombres), requisas de productos destinados a la exportación y, cómo no, huelgas, a las que se incorporaron además los obreros de los altos hornos, golpeados por lo que quizá fueran ya los últimos estertores del sector industrial malagueño. Con el crescendo de las movilizaciones llegó el de la respuesta represiva de las autoridades: el balance final fue de cuatro víctimas mortales (dos mujeres y dos hombres), más de una veintena de personas heridas y otros tantos detenidos. El 21 de enero se decidió abandonar las calles y la población accedió a reincorporarse a sus puestos de trabajo y mantener desde allí las reivindicaciones. Aunque no se llegó a alcanzar el abaratamiento de productos que las manifestantes habían exigido al principio, hubo una cierta moderación de los precios, que terminó consolidándose pocas semanas después con la tasa impuesta sobre alimentos de consumo habitual.

Pero el gran hito de aquella rebelión, vista desde la cómoda distancia que dan los ciento cinco años transcurridos, fue el carácter eminentemente femenino que tuvo en su origen. Si bien con el paso de los días se acabaron sumando los hombres, sobre todo a partir de que las sociedades obreras asumieran la organización de las movilizaciones, quienes en primera instancia se echaron a la calle clamando de hambre e indignación fueron las mujeres, como línea de frente en el conflicto, todavía sin resolver (por irresoluble), entre el capital y la vida.

Este próximo sábado, 21 de enero, la «Marcha de las faeneras», que organiza la Plataforma por la Memoria de las Faeneras de Málaga 1918, recorrerá de nuevo las mismas calles del centro de Málaga a las que hace poco más de un siglo se lanzaron miles de mujeres hambrientas de pan y justicia. De justicia, precisamente, es dignificar su lucha y su historia, pues solo hundiendo las manos en la memoria del pasado encontraremos las armas para la revolución del futuro.

Para saber más:

María Dolores Ramos, «Crisis de subsistencia y conflictividad social en Málaga: Los sucesos de enero de 1918», Baetica: Estudios de Arte, Geografía e Historia, n.º 6, pp. 441-466.

Raquel Zugasti Villar, Mujeres en lucha. La revuelta de las faeneras. Málaga, 1918, Málaga, Ediciones del Genal/El Acebuche Libertario, 2022.

Plataforma por la Memoria de las Faeneras de Málaga 1918

(*) Responsable del Área de Cultura del PCE Andalucía y enlace del Área de Feminismo del PCE Málaga ciudad en la Plataforma por la Memoria de las Faeneras de Málaga 1918