Marta Sanz, escritora, columnista y profesora de creación literaria, acaba de publicar su último libro. Lo ubica en un futuro, que ya está aquí, para hablar del presente. Persianas metálicas bajan de golpe es una novela política y crítica, pero es sobre todo, dice la autora, una comedia musical desde el propio título. Las referencias cinematográficas, literarias y musicales marcan el ritmo en cada página. En una sociedad desmemoriada, des-organizada social e institucionalmente, des-humanizada, es la recuperación de la memoria, la cultura, la organización y la humanidad la que nos salva. La novela habla de la muerte, de la identidad, del amor y de las revoluciones. Y habla de las mujeres. Tres mujeres sobreviven aisladas con sus propios traumas y protegidas, vigiladas por tres drones. Viven en una ciudad, país, mundo, no se sabe bien, llamado Land in blue (Rapsodia), landinblú, blandiblú. En la superficie habitan los viejos trabajadores y viejas trabajadoras, la mayoría; en el substrato, la plutocracia que juega a las cartas, a la economía de casino, protegida de enfermedades, de virus y de peligros. Los vínculos sociales se han roto, desapareció la solidaridad y las mujeres se enfrentan y se maltratan entre sí. Todo es exagerado y está salpimentado con grandes dosis de humor y de sátira. A la autora no le molesta que “le destripen” el final, mientras no lo llamen spoiler; la novela es el viaje: “los libros pueden importar mucho por cómo acaben, y nos importa en particular que este libro acabe bien, pero los libros tienen que ser interesantes por cómo están escritos página a página, por cada una de sus opciones estilísticas o por cómo esa manera extraña de contar nos remueve y nos saca de sitio”. Así que podemos decir que, aunque la novela no es cómoda, acaba bien. Triunfa la revolución contra el Dios del algoritmo. Hay esperanza.
GEMA DELGADO: ¿Qué te ha llevado a escribir esta distopía?
MARTA SANZ: Me planteé escribir el libro sobre este futuro que ya está aquí porque quiero hablar del presente. Hablo de un futuro a muy corto plazo utilizando, desde el punto de vista del estilo, alguna de las características del ciberpunk, que consiste en hacer el relato de un mundo supuestamente muy avanzado tecnológicamente pero en el que, sin embargo, se tiene una calidad de vida deplorable. La fantasía sirve para hablar de la realidad. Con la metáfora del Land in Blue (Rapsodia) que es esta ciudad, mundo, continente, no se sabe bien, quiero hablar del horror que puede suponer para un país como el nuestro, por ejemplo, la desarticulación de los servicios públicos, tanto de salud como de enseñanza e incluso del funcionariado policial, de todo lo que significa lo público. Quería hablar también del horror de las residencias. Ahora hay una campaña de la Comunidad de Madrid contando lo contentos que están los abuelitos y abuelitas en las residencias: a los mandatarios madrileños se les debería caer la cara de vergüenza.
El futuro ya está aquí y es superchorra, la tecnología que puede ser buenísima tiene un reverso oscuro alienante que nos explota, que nos succiona la vida y que nos infantiliza
Quería contar la falta de expectativas laborales y la imposibilidad de cumplir un proyecto de vida que angustia a muchísimos hombres y mujeres jóvenes. Quería hablar de la violencia terrible que experimentan de manera diaria niñas sumidas en síndromes de ansiedad y procesos autodestructivos, aunque no se cuente. Yo sé que es la parte más negra de nuestra realidad contemporánea, pero creo que no podemos cerrar los ojos a esas cosas porque muchas de ellas tienen un origen sistémico. Entonces, el futuro ya está aquí, el futuro es superchorra; la tecnología que puede ser buenísima para salvarnos la vida en un momento determinado, para que estemos conectadas en una época tan devastadora como la pandemia, también tiene un reverso oscuro, alienante, que nos explota, que nos succiona la vida y que nos infantiliza.
Es la explotación de toda la vida que se ha adaptado a los nuevos tiempos para radicalizarse bajo una máscara de supuesta autonomía y libertad individuales: con un teléfono podemos hacerlo todo, prescindiendo de los demás. Pero, en realidad, ese teléfono nos tiraniza y nos vigila. La pandemia ha supuesto un antes y un después.
G.D.: Decían que íbamos a salir mejores de la pandemia
M.S.: Yo necesitaba tener esa esperanza para superar el trance y tuve un primer momento de confianza suma, no ya en el género humano sino en la responsabilidad política. Y de repente, cuando empecé a ver los trapicheos con las mascarillas, los trapicheos del hermano de Isabel Díaz Ayuso, los del seudo-duque de Feria, cuando veo que la Comunidad de Madrid nos vende que nos va a cambiar un sistema de salud a la cubana por un sistema de salud a la inglesa…. y tú dices, viva Cuba, claro… Se me cayó la venda de los ojos y para mí fue urgente escribir un libro en el que se reflejara cómo el discurso de la postverdad, que es el discurso de la mentira, el discurso neoliberal, el de una tecnología entendida como ñoñez, alienación y explotación permanente, estaba haciendo mella en nuestras relaciones interpersonales. Por eso en Persianas metálicas bajan de golpe, una novela protagonizada por tres mujeres vigiladas por tres drones, las tres mujeres no se encuentran y tienen entre ellas relaciones violentas: el marco social, la mampara social bajo la que están viviendo, no les permite relacionarse de otra forma. Se crean culpas, se crean visiones negativas de las mujeres respecto a otras mujeres; funciona el reproche, las cuentas pendientes, y funciona otra cosa que es todavía más tremenda: la mitificación del padre ausente y la condena de una madre que lo que busca es ser libre. En realidad, en Persianas metálicas bajan de golpe se está hablando de la violencia vicaria, de cómo hay veces que conseguimos hacer daño a los demás, sobre todo los hombres a las mujeres, manipulando a las hijas, a los hijos, y llegando hasta extremos como la agresión física. Y el asesinato.
Cuando se habla de que el algoritmo es neutro es como si en su programación no hubiera un componente ideológico clarísimo
G.D.: El gran ingeniero padre fundador de Land in blue ha revitalizado el hetereopatriarcado. Entre la desmemoria y el adoctrinamiento a través de los medios de comunicación, logra que las mujeres se violenten con las mujeres, consigue que las hijas deseen que sus madres vuelvan a colgarse el delantal y a dedicarse a los cuidados.
M.S.: Cuando se habla de que el algoritmo es neutro, como si en la programación de ese algoritmo no hubiera un componente ideológico clarísimo, se utiliza la misma estrategia de manipulación que cuando se dice que el centro es blanco, aséptico, el fiel de la balanza del sentido común. El algoritmo de Persianas metálicas bajan de golpe se encarna en el ingeniero jefe, que es un hombre blanco, que no sé si habla en inglés pero sí piensa en inglés, un hombre machista, un capitalista iluminado que tiene relaciones con los plutócratas que practican una economía de casino en el submundo. Y además son los dueños de las palabras y de la cultura a través de una serie de televisión en la que no hacen propaganda directa, sino que nos hacen sentir la fantasía de que la pluralidad existe y de que también existe la posibilidad de crítica. Es lo que nos pasa a veces a nosotros como consumidores de artefactos culturales.
Y otra cosa importante, desde el punto de vista de la jefatura en Persianas metálicas bajan de golpe, es que yo he querido dejar en el espacio de la ambigüedad la respuesta sobre quién es el jefe de todo esto, como planteaba Lars Von Trier en su película El jefe de todo esto. En este grumo informe entre el poder del dinero y de las tecnológicas y los capitales, no sabemos quiénes son los que verdaderamente mandan. El verdadero poder se oculta. No incurre en la ostentación hortera de los poderosos de segundo nivel.
G.D.: El sentido del humor y el juego con las palabras es algo muy importante en toda la novela. El lenguaje está muy cuidado.
M.S.: Desde el punto de nuestra relación con la tecnología tengo la sensación de que a medida que las inteligencias artificiales van escribiendo poemas, pintando cuadros… en la medida en que van desarrollando lenguajes, nosotras vamos perdiéndolos. Reducimos nuestro léxico a 1.500 palabras. Escribimos a través de WhatsApp “bailarina, bailarina, bailarina, o solomillo y botellita de champán, osito panda”…. Me preocupa esa pérdida del lenguaje. Perder riqueza de lenguaje es una manera de perder capacidad de pensamiento y capacidad de construcción del sentido crítico. Capacidad para emocionarnos y conmocionarnos.
G.D.: En Land in Blue no hay bibliotecas pero las referencias musicales, literarias y cinematográficas están en todas las páginas del libro. La cultura como un salvavidas. ¿Qué significa la cultura en este libro?
M.S.: En este, como en todos mis libros, se tiene una visión de la cultura profundamente esperanzadora y profundamente esperanzada. Vivimos en una sociedad que tiene unos modelos culturales hegemónicos que a veces son muy comerciales y que a veces proyectan una niebla sobre la realidad en lugar de hacerla más visible, incluso intolerable. Porque la realidad a veces es intolerable y para lograr finales felices necesitamos ver la botella medio vacía y, sin la escritura de distopías, el horizonte utópico se clausura. Libros como El cuento de la criada son imprescindibles, en su capacidad para captar el reverso más oscuro de las cosas, para propiciar cambios.
Hay muchos libros que están escritos en un estilo gentrificado; todos los libros son el mismo libro. Cultura fácil, tranquilizadora, anestésica. Centros de las ciudades y páginas de novelas convertidas en parque temático
Hay muchos libros que están escritos en un estilo gentrificado; como el centro de las grandes ciudades, todos los libros son el mismo libro, porque todos tienen el mismo estilo. Y es un estilo fácil, que relaciona la cultura única y exclusivamente con el ocio y no con el riesgo, no con la posibilidad de conocimiento, de subversión. Y curiosamente, ese tipo de cultura, que desde mi punto de vista es bastante anestésica, es la más valorada porque es la que tranquiliza y aparentemente no es elitista, y aparentemente no insulta. Pero yo creo que tenerle respeto a los lectores y a las lectoras pasa por que en un libro intentes dar lo mejor de ti, intentes compartir lo que estás viendo con los demás a través del uso de las palabras; y que ese uso de las palabras sea inquietante. Nos haga temblar. Ahora cuando usas muchas palabras que no son las comunes parece que estás expulsando a quien lee. Y no, no estás expulsando a nadie, al contrario, estás intentando iniciar una conversación en otra clave que no es la del infantilismo ni la de la reducción de la literatura a ocio televisivo. Reivindicas la posibilidad de descubrir, abrir los ojos hacia otros conocimientos a través de las ficciones y el uso anómalo del lenguaje. Eso es respetar a los lectores reformulando un concepto del placer y la belleza que solo es consumo rápido y capitalismo cultural: tragarse series, leer libros como quien se desliza por un tobogán, ir al parque de atracciones. La cultura se metaboliza, la cultura forma parte de ti, de tu cuerpo, y puede ser un arma cargada de futuro como decía Celaya. No la desaprovechemos reduciéndola a canto de sirena. Y no busquemos sentirnos como clientes bien tratados y complacidos a través de los artefactos culturales porque, a veces, los artefactos culturales lo que tienen que hacer es molestar y espolear. Por cierto, esta visión de la cultura no es ajena a la risa ni al sentido del humor. Ni mucho menos.
G.D.: De la cultura bálsamo y tranquilizadora de hoy pasamos a la desmemoria del futuro próximo de la novela.
M.S.: El síndrome extraño de pérdida de la memoria de una de las protagonistas, aumentado por el efecto adormecedor de las flores violetas, es una denuncia de cómo a través de las nuevas tecnologías hemos depositado el archivo de nuestra memoria en una memoria extracorpórea, se la hemos fiado a Siri. Nuestra memoria tiene que formar parte de nuestro propio cuerpo porque nuestra memoria son nuestros puntos de referencia y lo que impide que la postverdad crezca y que los paladines de VOX se puedan convertir en los padres de la democracia como ellos dicen. Sin referentes de una memoria interna y rica no se pueden establecer relaciones conceptuales ni tener medida del progreso. De los logros.
Hay personas jóvenes muy concienciadas y majísimas. Pero hay otras que dicen que no les interesan las cosas que pasaron antes de que ellas nacieran. Me da mucho miedo esa pérdida de memoria. Y la pérdida de memorización. En la educación estamos perdiendo el interés por que los niños memoricen cosas, y hay que memorizar poemas, canciones, la tabla de multiplicar…. No es mecánico, es la capacidad de desarrollar una destreza que va a eliminar a largo plazo un entontecimiento y una forma de Alzheimer social muy peligrosa.
El cuerpo también es importante, es un campo de batalla, sobre todo para las mujeres, es el lugar donde se quedan impresos nuestros trabajos, nuestros días. En él se reflejan todas las contradicciones y las violencias sociales de una manera agigantada.
La lentitud es necesaria para poder hacer un análisis y dar una opinión fundamentada, y para no confundir la opinión con el conocimiento
Pero además de la memoria y el cuerpo me preocupa el imperio de la velocidad; la necesidad de decirlo todo muy deprisa, en muy poco tiempo y en el minuto justo. Vivimos en una sociedad en la tenemos que estar haciendo cosas constantemente. Estamos hiperconectadas, en multitarea, hacemos diecisiete cosas a la vez y al final creo que no hacemos nada, pero nos resentimos muchísimo. La lentitud es necesaria para poder hacer un análisis y dar una opinión fundamentada, y para no confundir la opinión con el conocimiento ni la autoridad con el autoritarismo. Creo que las redes sociales tienen un gran potencial democratizador, porque gente que no tenía voz ahora la puede tener a través de las redes, pero estamos pervirtiendo esa posibilidad democratizadora convirtiéndola única y exclusivamente en demagogia y en pura violencia estéril que no va a ninguna parte más allá de lo recreativo. En las redes somos incisivos, sanguinarios y se dicen auténticas barbaridades porque no ponemos el cuerpo. Y lo mismo pasa con los WhatsApp pero a la inversa, donde nos queremos una barbaridad.
G.D.: Los drones se enamoran de sus protegidas, y es ese amor, que les humaniza, hace que se rebelen contra el ingeniero jefe que les programó.
M.S.: Los drones admiran la parte humana de las mujeres que están cuidando y vigilando, admiran todo lo que esas mujeres están perdiendo: la capacidad de sentir, de amar, de relacionarse, de tener sospechas, de hacer hipótesis sobre lo que están pensando; admiran el cuerpo, la piel, la carne… Uno de estos drones es una ginedron o dronesa, que se llama Flor Azul en homenaje a una canción de Mercedes Sosa. Al construir estos personajes yo quería que quienes leyeran el libro pensaran que funcionamos a partir de unos códigos, unos patrones de comportamiento, unas creencias, que forman parte de los esquemas de conocimiento desde los que nos acercamos a la realidad: esos esquemas ideológicos, culturales, a veces nos hacen daño y no somos conscientes de que están ahí. Forman parte de lo normal y nos hacemos preguntas sobre ellos: constituyen nuestra programación cultural. Y es sobre lo normal sobre lo que nos interroga la buena literatura. A los drones les hace daño la programación previa que ha insertado en ellos el ingeniero jefe y se quieren liberar, quieren buscar otras cosas y otras maneras de mirar. En este sentido, los seres humanos no somos muy diferentes. Aunque sacar la cabeza de dentro de la lavadora y romper las inercias a veces nos cueste mucho trabajo.
Eso es una metáfora de lo que hacemos las mujeres con la educación heteropatriarcal recibida. Yo dentro de mi cabeza tengo al Marqués de Sade, a Nabokov, a Pérez Galdós, a García Lorca y a Pablo Neruda, los tengo ahí a todos y sé que hay algo de lo que me han transmitido, de sus miradas, que me está haciendo daño, pero forma parte de mí, de mi lenguaje y no lo puedo amputar. Al mismo tiempo, busco otro camino y reivindico otras voces y miradas silenciadas. Eso es lo que están haciendo los drones de mi novela frente a seres humanos que han perdido la memoria, que han perdido la capacidad de crítica y la conciencia de la historia, de la realidad, de los lazos humanos.
G.D.: Hay esperanza. La revolución llega de la mano de mujeres trabajadoras
M.S.: La revolución la hacen las personas mayores en connivencia con una juventud que ha sido desactivada por su falta de expectativas y de deseo. Al final, quienes en realidad toman las riendas del cambio son los seres humanos que trabajan y que se sienten injustamente explotadas y explotados. Y las mujeres son las que están más explotadas y más sometidas al riesgo de exclusión y de pobreza
Son las carretilleras, las costureras, las lavanderas, las auxiliares de las residencias no geriátricas, donde están los jóvenes en la fantasía distópica de Persianas metálicas bajan de golpe. Y a ese movimiento, que es fundamentalmente femenino y trabajador, se unen los viejos camareros y los viejos conductores de camiones. No tienen nada que perder. Todas las personas que están trabajando para que unos poquitos, que son los que habitan en el subestrato, vivan muy bien y puedan pasarse toda la vida jugando al mus, propician la llegada de la primavera.
G.D.: ¿Por qué hay tantas mujeres en el libro?
M.S.: En todos mis libros siempre hay muchas mujeres. Porque yo soy una mujer. Yo escribo mis libros desde mi condición de mujer, de mujer de izquierdas, desde mi condición heterosexual y desde mi condición atea. Y todo eso hace que me interesen determinados temas y que mire mucho a las mujeres. Intento retratar a mujeres de carne y hueso que viven la contradicción, el conflicto, y que a veces son extremadamente machistas y otras son lúcidas y luchadoras. Intento reflejar el espectro de la sociedad en la que estamos viviendo porque creo que los libros, aunque sean de temática fantástica, siempre hablan de nuestra contemporaneidad, de los asuntos del presente que nos duelen o que no entendemos.
Así que escribo de mujeres, porque soy una mujer, porque nos quedan muchas cuentas pendientes, porque estamos en una situación tremendamente complicada y porque seguimos siendo el eslabón más débil cuando las cosas van mal. En los momentos de crisis y de retroceso económico, en paralelo se da un retroceso de los derechos de las mujeres. Y desde el punto de vista del feminismo perderíamos una gran oportunidad si desecháramos todo el capital político que hemos ido acumulando a lo largo de todos estos años. El feminismo se convirtió en una punta de lanza muy importante para intentar resolver todas las vulnerabilidades que tienen que ver con la raza, la clase, el sexo…
En Persianas metálicas bajan de golpe intento compartir una visión del mundo que no es complaciente, ni valora el optimismo a cualquier precio. Creo que el buen rollismo nos agrede, porque con esa confianza inmensa de que cada individuo puede siempre prosperar y cambiar las partes de su vida que no le satisfacen, lo que estamos haciendo es minusvalorar las luchas colectivas, olvidarnos de que los puntos de partida no son iguales para todas las personas e irresponsabilizar al sistema de todas las cosas que nos me atan.
G.D.: Se ha perdido la sororidad entre las mujeres, la única que consigue tenerla es la ginedrona.
M.S.: Total. Flor Azul es la que conserva el intento de sororidad e incluso quiere montar un sindicato en el hangar de los drones, pero los drones jóvenes dicen que no porque el ingeniero jefe les fundiría los plomos a todos. En Land in blue (Rapsodia), la aspiración de las mujeres, excepto las trabajadoras mayores, es bordar una coreografía de Tik Tok. Las mujeres jóvenes se empoderan solamente a través del culto a su propio cuerpo joven, dinámico, bello y fuerte. Ese es un legítimo argumento de empoderamiento, pero tiene que haber muchos otros para no quedarnos reducidas a objeto de una mirada masculina que nos ha fetichizado para meternos dentro de una bola, como le pasa a uno de los personajes.
G.D.: Citas a Luisa Carnés; ¿el título es un homenaje a la escritora que publicaba en Mundo Obrero durante la II República?
M.S.: “Sobre los huecos de los escaparates caen con estrépito los cierres metálicos”.
A Luisa Carnes, y a la presencia del mundo del trabajo de las mujeres. Su novela Tea room. Mujeres obreras me estremeció muchísimo porque refleja un colectivo de trabajadoras explotadas en su trabajo que al mismo tiempo son violentadas en su ámbito doméstico y en sus relación sentimentales y afectivas. Y además creo que ambas cosas están ligadas. Me he hartado a decirlo: la devaluación de la carne de la mujer en el mundo laboral está en la base del feminicidio y de todas las agresiones y de todas las vulneraciones contra nuestro cuerpo. Y también está dedicado a Fellini, Bob Fosse y Lan von Trier porque son exagerados y porque hacen musicales. O la música tiene mucha importancia en sus relatos. Pienso en Nino Rota. Fosse rueda una película, All that Jazz, en la que aparecen los sueños de un personaje que se está muriendo. En Persianas metálicas bajan de golpe, los sueños y las premoniciones de muerte, los encantamientos, los hechizos, el amor imposible, los grandes temas del romanticismo, están muy presentes: creo que son las imágenes más poderosas de la novela.







