Columna: Crónicas del Madrid oscuro

Fuego

Salvador creyó ver a su mujer por tercera vez aquella mañana, sentada en la silla al lado de la cama y sonriéndole. Llevaba la falda celeste, sandalias y parecía muy feliz. -Hola -le dijo Salvador-, ¿has venido otra vez a verme?...

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