Activista y Educador socialManuel Cañada: 'El botín cultural es importantísimo para los vencedores y la historia forma parte de ese botín' 'Los campesinos sin tierra son el sujeto de transformación sin el que no se puede entender la historia de esta tierra. Extremadura fue la vanguardia de la reforma agraria'

Gema Delgado 21/11/2020

OTRA EXTREMADURA. Materiales para una historia alternativa de ExtremaduraManuel CañadaEditorial Jarramplas

En Extremadura no hubo guerra civil, hubo directamente matanza. Matanzas sistemáticas. La de Badajoz y la liquidación física, pueblo a pueblo, de al menos dos generaciones de dirigentes y militantes de las clases populares, resume lo que pasó, cuenta Manuel Cañada (Badajoz, 1962), educador social y autor del libro "Otra Extremadura. Materiales para una historia alternativa de Extremadura".

En las familias había un silencio tan espeso que se ha heredado. Se hablaba en voz baja, explica Cañada. “Mi madre me decía: Hijo no te signifiques”. Es la pedagogía del miedo. El padre del autor pasó cuatro años en la cárcel, su abuela once. Con Cañada no funcionó. A los 17 años se afilió al PCE, un año después a CCOO.

Te inculcaban la idea de “Un día pueden venir a por ti”. De hecho lo hacían. En 1973, en solo un mes detuvieron a ciento setenta comunistas en Extremadura y el cuartel de la Guardia Civil en Don Benito se convirtió en una sala de torturas a pleno rendimiento. “La caída del 73, de la clandestinidad al olvido” es uno de los 36 artículos que reúne este libro junto a otros “relámpagos épicos” -como le gusta definir al autor- que se remontan a la celebración del primer 1º de Mayo en Extremadura, en 1898, y se extienden hasta las redes de poder que todavía funcionan hoy. Por medio quedan el Primer Congreso Obrero de Extremadura, la ocupación de las tierras del 36, el nacimiento del movimiento de recuperación de la memoria histórica, el papel de los movimientos sociales contra proyectos como el de Valdecaballeros y la Refinería en Tierra de Barros, el Campamento Dignidad y la Asociación 25 de Marzo. Es un libro sobre la historia de los de abajo para traerla al presente y construir el futuro. “Necesitamos recuperar la historia de las luchas del pueblo para entender la opresión de nuestro tiempo y para impulsarnos con el coraje de quienes pelearon antes que nosotros”.

Manuel Cañada fue Secretario General del PCE de Extremadura entre 1992 y 1995 y Coordinador General de IU de Extremadura entre 1995 y 2003, además de diputado el gobierno autonómico durante dos legislaturas. Desde hace años está plenamente volcado en los movimientos sociales por el derecho a vivir con dignidad.

MUNDO OBRERO: “La doble muerte” del diputado socialista Pedro Rubio rescata uno de los episodios poco conocidos de la historia de Extremadura.
MANUEL CAÑADA:
El asesinato de Pedro Rubio no aparece en los libros de texto. Era uno los diputados más odiados por la oligarquía extremeña por su prestigio y sus estrechos lazos con la clase obrera. Sólo tenía 26 años cuando en 1935 le pegaron un tiro a quemarropa mientras cenaba en un bar.

Se ha olvidado la gesta del pueblo, la resistencia, el hecho de que al fascismo le costara tres años imponerse.

Además, se nos habla de la memoria histórica como una cuestión humanitaria, como el derecho a enterrar dignamente a los antepasados. Se nos ha negado algo tan básico como fue la lucha del pueblo contra las clases dominantes sempiternas de España. El PSOE tiene una responsabilidad enorme en la usurpación de la memoria.

M.O.: No es lo mismo la memoria olvidada que la historia robada.
M.C.:
No. El botín cultural es importantísimo para los vencedores, y la historia forma parte de ese botín. Siempre ocurre. Pero en nuestro país, y en el caso de Extremadura es más evidente no sólo se ha saqueado la tierra, la energía y el ahorro, se ha mutilado y saqueado la memoria. Se ha compuesto un relato en el que el campesinado es puro paisaje, un decorado. Y no tiene nada que ver con la realidad.

Los campesinos sin tierra son el sujeto de transformación sin el que no se puede entender la historia de esta región. Extremadura fue la vanguardia de la reforma agraria. Unos tienen la fama y otros cardan la lana. Y aquí se cardó mucha lana, por eso fue la matanza de Badajoz, la venganza de los señoritos a la osadía del pueblo de haberse organizado y luchado por un mundo sin reyes y sin amos. Las grandes ocupaciones de fincas del 25 del marzo del 36, el pico más alto en una cordillera de varias generaciones de lucha, se represalió así. Y, sin embargo, la idea que nos venden de Extremadura es la de un pueblo sumiso, como en Los Santos Inocentes con Paco el Bajo y Azarías. Los poderes han grabado a sangre y fuego que los extremeños son un pueblo con la cabeza baja. Y es todo lo contrario. Durante los primeros 40 años del siglo XX en Extremadura se va tejiendo un movimiento obrero campesino que tiene una fuerza enorme.

En Extremadura se han contado fundamentalmente dos relatos que son complementarios: el relato machacón, sobre todo en el Franquismo, de “Extremadura, tierra de conquistadores”, con todos los mitos que lo acompañaban; y el relato de las últimas décadas, del Ibarrismo, de la modernización de Extremadura que ya ha superado sus lastres históricos. Imagínate el grado de desfachatez al que se ha llegado: hace dos años hicieron un congreso de emigrantes organizado por la Junta de Extremadura y le llamaron el congreso de la ciudadanía extremeña en el exterior. Para que veas qué poéticos que son, cómo manipulan la historia. Lo venden como si estuvieran conquistando el mundo.

“Nos venden que Extremadura es un pueblo sumiso. Y es todo lo contrario. En los primeros 40 años del siglo XX tuvo un fuerte movimiento obrero campesino”


Sin la palabra represión e inmigración no se puede entender Extremadura.

El robo de la historia y de la memoria es también la instalación de otro relato, el relato del poder.

M.O.: Uno de los hilos que hilvanan todos estos episodios que narras sobre el último largo siglo de la historia de Extremadura es el del latifundismo como elemento de subdesarrollo y dependencia. Cuentas que el señorito Iván, el de Los Santos Inocentes de las tierras extremeñas, hoy va en Land Rover ¿Cómo se ha transformado durante estos años?
M.C.:
El latifundismo sigue siendo el principal problema de Extremadura. Decía Víctor Chamorro que el latifundismo es una auténtica máquina de paro y emigración, y es así.

Se desconoce que hoy Extremadura tiene una estructura de la tierra aún más latifundista que antes de la República. Un estudio del 2015 desvela que el 54% de la Superficie Agrícola Util (SAU) está en fincas de más de 300 hectáreas. Y hay 163 terratenientes que poseen fincas de más de mil hectáreas. Entre ellos concentran cinco veces más de tierra que otros 28.000 titulares.

Ha habido una reconversión. Por seguir con la metáfora de Los Santos Inocentes, el señorito Iván pasó de ser el franquista de la autarquía a ser el gran empresario agrícola beneficiario de las subvenciones comunitarias, el que se lleva la pasta. Y simultáneamente se da un nuevo latifundismo. Las grandes empresas distribuidoras de alimentación empezaron a comprar tierras. También compraron los jeques árabes. Y empresas como las inmobiliarias, que son las que más subvenciones agrícolas se han llevado.

La reforma agraria se introdujo en los Estatutos de Andalucía y Extremadura en unos momentos en los que la izquierda tenía mucha fuerza. Pero el año 2011, en la única legislatura que IU no tuvo representación, el PSOE y el PP hicieron una reforma del Estatuto en la que se cargaron la mención a la reforma agraria.

En la Transición, en el PCE, ya poníamos a la Reforma Agraria el apellido de “integral”. Hoy habría que hablar de soberanía alimentaria, agroecología, control de la cadena de valor… pero se tendría que seguir hablando del elemento fundamental de la reforma agraria que es la propiedad de la tierra. Estamos en un momento histórico en el que la propiedad es intocable. Hoy no tendría sentido repartir la tierra en pequeñas parcelas, de lo que se trata es que la tierra cumpla una función social que ahora no cumple. En Extremadura se sigue perdiendo población.

M.O.: Seguís luchando para que el 25 de marzo sea el día de Extremadura, en lugar de celebrarse el día de la Virgen de Guadalupe. No se ha conseguido aún. ¿Por qué se intenta desligar ese episodio trascendental de la lucha del movimiento obrero campesino por la reforma agraria de la historia de Extremadura?
M.C.:
De la historia de Extremadura y de la historia de España. Hemos conseguido que se vuelva a honrar la palabra república, pero la reforma agraria sigue en la clandestinidad. El Movimiento 25 de marzo vamos a hacer un congreso de la reforma agraria que trasciende la historia para llegar a nuestros días. La izquierda tiene que atreverse a cuestionar la propiedad, y la propiedad de la tierra en particular. Me gusta utilizar el artículo del antropólogo austriaco Polanyi que decía que el capitalismo había nacido a partir de la conversión en mercancía de dos cosas que no lo son: el trabajo y la tierra. La tierra, en cuanto que cumple una función tan básica como la alimentación de las personas, no puede ser una mercancía.

Si pudiéramos juntar fuerzas para una reforma agraria, el primer objetivo sería: ni un solo extremeño, ni una sola extremeña más se va de Extremadura si quiere trabajar aquí, y que se modifiquen todas las leyes que haya que reformarse empezando por la reducción de la jornada laboral. La reforma agraria no es una técnica económica, es una herramienta fundamental de transformación social. Lo ha sido siempre en todos los procesos revolucionarios. En Andalucía y Extremadura decir república era decir reforma agraria. Por eso creo que hay que volver a rescatarla.

M.O.: Hablas de neocolonialismo y saqueo del siglo XXI. En la distribución productiva del capitalismo, ¿qué papel le han asignado a Extremadura?
M.C.:
El de colonia interior. A Extremadura y a todo eso que se llama ahora la España vaciada. ¿Qué nos caracteriza? Lo primero, la extracción de mano de obra barata: la emigración, que es poner a disposición de la acumulación del capital de determinados territorios una cantidad ingente de mano de obra. Si en 1960 Extremadura representaba el 4, 7% de la población en España, con 1,4 millones de habitantes, hoy representa el 2, 3% de la población, menos de la mitad que entonces.

La segunda característica de una colonia es la extracción de la materia prima sin que repercuta aquí el valor de la extracción. El vino, por ejemplo: el 70% se vende a granel y se embotella y etiqueta en otro sitio. Y eso pasa con más productos. Y de forma muy clara en todo lo que tiene que ver con la energía: esta comunidad, que produce más del 20% de la energía del país, no tiene un solo metro de red electrificada de tren.

La tercera es lo que Samir Amin llamaba el intercambio del desigual. A las comunidades más pobres se les chupa el ahorro: créditos, préstamos, y más ahora con la bancarización de las cajas de ahorros.

Extremadura se parece mucho a Andalucía: dependiente económicamente, subalterna políticamente y alienada culturalmente.

M.O.: Cuentas que hoy el poder está en las eléctricas y en los grandes propietarios de la tierra. ¿Cómo está estructurado el poder y cómo funciona la corrupción en Extremadura, con el caso de Valdecañas como uno de los escándalos más recientes?
M.C.:
Funciona con rasgos específicos, pero de forma muy parecida al resto de España. Con rasgos del régimen del 78.

El bloque de poder tiene un elemento político, un elemento económico, un elemento mediático, universitario... En todos los sitios ese bloque de poder lo articula clarísimamente un partido que es el PSOE y que lleva gobernando 33 años de los 37 desde la Autonomía. Es el gran partido atrapolotodo. Hasta Fernández Vara, presidente de la Junta por el PSOE, militó 10 años en el PP, algo insólito.

O el hecho que el día de Extremadura sea el día da la Virgen de Guadalupe, a iniciativa el Alianza Popular y la Iglesia. El PSOE ha sido capaz de unir la tradición histórica del socialismo para integrarlo con una política que tenía un fuerte anclaje en los elementos conservadores. Esa es la articulación política.

La articulación social se da a través del clientelismo que es la segunda piedra angular de la política en Extremadura y de las relaciones entre el poder y la sociedad. ¿Cómo se articula? De mil maneras. Para empezar, con muy poca sociedad civil y mucha sociedad política. Desde las subvenciones a ONGs y sindicatos, pasando por el control de los créditos en las cajas y un montón de mecanismos que a veces convierten el empleo público en empleo privado.

Me gustaría insistir en ligarlo con el presente. El grado de corrupción no es privativo de Extremadura. Hace falta estar corrompido moral e ideológicamente para que dos ex secretarios generales de CCOO, como Antonio Gutiérrez y Fidalgo, salgan en defensa de Rodolfo Martín Villa. La corrupción no sólo es económica sino que va empapando a la sociedad.

M.O.: ¿Qué ha supuesto el Ibarrismo en el desarrollo de Extremadura?
M.C.:
Anguita decía que el franquismo era anterior a Franco, que resumía una alianza de poderes que ha funcionado históricamente. Era una provocación intelectual.

El Ibarrismo es el producto de una renovación gatopardista de las élites de Extremadura. Las élites que se ponen al frente del timón en Extremadura y dirigen el proceso de modernización capitalista a partir de los años 80, representan el pacto entre los arribistas de ambos bandos, la alianza de poder entre la banca, los terratenientes, las eléctricas, sectores funcionariales vinculados al nuevo poder político…

El ibarrismo es una forma política muy específica de dirigir ese bloque de poder con clientelismo, autoritarismo y represalias contra todos los colectivos que han sido críticos. Aquí se ha perseguido al discrepante de una manera sistemática, en el terreno cultural, político.

M.O.: Una de las reivindicaciones con las que nació este libro es la necesidad de otra forma de concebir y contar la historia, de contarla desde abajo.
M.C.:
Hay que tener claro para quién se escribe y desde dónde se escribe. Nos hace falta relatos épicos de la lucha de nuestro pueblo. Necesitamos construir un relato en una narrativa de las clases populares, con rigor, por supuesto, pero con una vinculación más clara. Es importante que contemos la historia de nuestra gente, pero es igual de importante el cómo lo contamos para llegar a nuestra gente. No podemos escribir sólo para la Academia. Me gusta recordar a Chirbes cuando decía “¿alguien se imagina que los panaderos hicieran pan solo para los panaderos”?

Muchas publicaciones de historia llevan los sellos institucionales, con lo que eso significa de autocensura. En la universidad la mayoría está vinculado ideológicamente al PSOE. No hay una corriente crítica histórica. No hay un discurso crítico con la transición, con el régimen del 78, con el ibarrismo.

M.O.: Rescatar la historia de Extremadura, es una parte del puzzle para construir la historia desconocida de España. Hacen falta mucha más piezas
M.C.:
Queda muchísimo por contar. Seguimos en las poltronas objetivas de los señores catedráticos mientras la derecha está haciendo un relato, falsificador, pero un relato. Y luego está el relato de la equidistancia que arrastra a la impotencia a los sectores populares.

¿Cuándo se va a hacer una película sobre el 25 de marzo? ¿O sobre la matanza de Badajoz? El poder tiene su relato épico y lo vamos viendo cuando andamos por las calles. Si hay una necesidad de memoria es porque ha habido una usurpación de la historia. Y tampoco se trata de apilar datos sino de interpretarlos.

Publicado en el Nº 338 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2020

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