El I Congreso del PCE

Julián Sanz Hoya. Sección de Historia de la FIM 25/11/2020

INTRODUCCIÓN AL DOCUMENTO Nº 5
Una vez que en noviembre de 1921 se había alcanzado la unión de los dos partidos comunistas españoles, el Partido Comunista Español y el Partido Comunista Obrero Español, a fin de fundar el Partido Comunista de España, resultaba necesario realizar un congreso que permitiera organizarse adecuadamente al nuevo partido. Por ello, no sin dificultades, en marzo de 1922 se desarrolló el I Congreso del PCE, que aprobó los estatutos que debían regir la organización, debatió y estableció las líneas políticas fundamentales, y eligió a la dirección.

En el congreso resultó elegido como secretario general un veterano dirigente de procedencia socialista, Antonio García Quejido, quien de hecho procedía del círculo de tipógrafos en torno a Pablo Iglesias del que habían nacido en su día el PSOE y la Unión General de Trabajadores, fuerza sindical de la cual había sido su primer presidente y luego secretario general. Esto otorgaba a García Quejido un prestigio y un nombre notables en el seno del movimiento obrero español, pues además había sido editor del primer tomo de El Capital, concejal del ayuntamiento madrileño, director de El Socialista y firme opositor a la Gran Guerra, antes de ser una de las cabezas del ala tercerista del PSOE y fundador del PCOE.

Las líneas políticas aprobadas se pueden comprobar bien en el documento presentado, la información del órgano del partido, La Antorcha, sobre el congreso. Destacaba, claro está, el neto seguimiento de las directrices de la Tercera Internacional -no en vano, el PCE se entendía como Sección Española de la Internacional Comunista- y el apoyo a la naciente República Soviética. El partido mantenía una posición de rechazo frontal a los partidos burgueses y al Partido Socialista, precisamente por la colaboración de este con las fuerzas de la burguesía. En el contexto del reflujo de la onda revolucionaria iniciada en 1917, el PCE, siguiendo las directrices de la Internacional, defendía una política de frente único “contra la reacción mundial”, pero aclarando que este no podía ser con ningún otro partido, sino únicamente con los sindicatos obreros activamente comprometidos con la lucha de clases.

Y es que la lucha sindical, como es lógico en un partido obrero, era una de las prioridades de los comunistas españoles, partiendo de la necesidad de apartarles a toda costa del colaboracionismo atribuido a los vinculados a la Federación Sindical Internacional (llamada de Ámsterdam) y tratando de atraer tanto a la UGT como a la CNT a las posiciones comunistas. El partido no se limitaba al trabajo en el ámbito fabril y mostraba asimismo su preocupación por incorporar a los trabajadores del campo, hasta poco antes apenas atendidas por las fuerzas marxistas. Sin embargo, debe decirse que el PCE fue durante los años veinte un partido de clara base obrera industrial, pero que ni consiguió competir realmente con el arraigo de los socialistas y los anarcosindicalistas entre el proletariado urbano, ni apenas penetrar entre las masas campesinas.

En suma, el PCE planteaba en su primer congreso una posición netamente revolucionaria, inspirada en los principios de la Revolución de Octubre y en las posiciones de la III Internacional. Una posición muy avanzada que tuvo muchas dificultades para abrirse paso en el seno de la clase trabajadora en los años siguientes, en parte por la tendencia al “sectarismo” y al izquierdismo –como señaló Dolores Ibárruri años después–, así como por los problemas y las divisiones internas, pero también, en buena medida, por los efectos de la represión gubernamental, absoluta desde el golpe de Primo de Rivera en septiembre de 1923. Apenas unos meses antes, el PCE había celebrado su II Congreso, incidiendo en la necesidad del frente único y eligiendo como nuevo secretario general a un cuadro más joven, el periodista César Rodríguez González.

DOCUMENTO Nº 5
La Antorcha

Órgano del Partido Comunista
Sección Española de la III Internacional

Madrid, 24 de marzo de 1922
Año II. Núm. 17

A pesar de todo
El Partido Comunista Español celebra su primer Congreso
Al proletariado en general.

Camaradas:

Atraviesa España uno de los momentos más angustiosos de su accidentada historia: una guerra, la de Marruecos, la que está aniquilando a la juventud y arruinando la economía nacional; un Gobierno que, prolongando la actuación del anterior, tiene en suspenso las garantías constitucionales y lanza estúpidamente a la clandestinidad a los elementos revolucionarios, que de este modo han de desenvolver su más importantes actividades, porque el hecho mismo de ser revolucionarios les impone el deber de no interrumpir su vida colectiva, por grandes que sean los obstáculos que les opongan; una represión brutal en Barcelona, en Vizcaya, en Asturias, en Valencia, en Zaragoza, en todas partes donde late el sentimiento de rebeldía y se aspira a redención de los oprimidos.

Pues, a pesar de este ambiente de tragedia, de ruina y de persecución, y desdeñando todos los peligros y sorpresas, el Partido Comunista de España (S. E. de la I. C.) acaba de celebrar en la capital de la nación su primer congreso, deliberando serena y sosegadamente los delegados, elaborando los estatutos por que ha de regirse y trazando las normas de su existencia pública y privada.

Es así como se constituye definitivamente, después de pasar por trances difíciles y de iniciarse en las luchas políticas y sociales, el Partido que aspira a recoger lo más selecto, consciente y revolucionario del proletariado militante.

DISCIPLINA

Partido de estrecha y rígida disciplina como todos los que integran la Internacional nacida de la revolución rusa, ha tenido que cumplir con el penoso deber de imponer una sanción a compañeros que, desviándose de la línea de conducta trazada por la Tercera Internacional a todos sus miembros, llevaron sus acciones personales más allá de lo que les era permitido. Por rechazar su acatamiento, se han alejado de nosotros. Confiemos en que los buenos vuelvan y en que los que les habían seguido acatarán la decisión de nuestro congreso, dando así un testimonio de su acendrada fe comunista.

La disciplina es esencialmente necesaria en los Partidos Comunistas. Impuesta férreamente por los congresos de la Tercera Internacional e instituido en celoso guardián de ella el ejecutivo de Moscú, no hubiéramos merecido nosotros el honor de representar al Partido Comunista de España en su primer congreso si no nos hubiésemos atenido a las normas disciplinarias previamente aceptadas y, en consecuencia con ellas, no adaptáramos la actitud de saludable energía que seguramente acogerán con asentimiento todos los correligionarios.

NUESTRA POLÍTICA

Distinto de todos los demás, por sus postulados doctrinales y tácticos, el Partido Comunista de España luchará contra todos ellos levantando la bandera de la Tercera Internacional. Es así como capacitará a las masas primero, impregnándolas de su savia revolucionaria, y las conducirá después a la lucha final, al golpe decisivo que ha de hundir en el polvo de la historia el régimen capitalista.

Ni pide ni admite nuestro partido alianzas con ninguno de los que figuran en el cuadro de la política nacional. Repudia todo contacto con ellos. Quiere mantenerse puro, íntegro, porque se percata de que así, y solamente así, terminará por atraerse las masas que anhela redimir. Todos los partidos burgueses están corrompidos y su corrupción ha invadido ya al viejo Partido Socialista, cuyos líderes, cada vez más descarados y desaprensivos, se codean fraternalmente con los políticos burgueses y traban con los capitalistas relaciones industriales, que aumentan su fortuna privada en la misma proporción que menguan su personalidad moral. Con esos hombres no queremos nada. Alternen ellos con los ricos y los criados de los ricos en el mundo de la política y de los negocios, que nosotros alternaremos con las víctimas de la burguesía, con los obreros del cerebro, en la diaria labor que ha de poner término a los crímenes del capitalismo y a los dolores que sufren los explotados.

Esta es nuestra política, la política comunista, absolutamente distinta de la política que siguen los partidos burgueses y su extrema izquierda el Partido Socialista. Y por ser así nuestra política, acabarán por aceptarla todos los trabajadores propicios a la rebeldía y que se inspiren en la realidad.

EL PARTIDO COMUNISTA Y LOS SINDICATOS

Declaramos abiertamente que nuestra máxima preocupación está en los Sindicatos a los cuales queremos llevar nuestro espíritu revolucionario para apartarles del colaboracionismo que corroe a muchos de ellos y entorpece los movimientos del conjunto. Son los Sindicatos, en ligazón estrecha de afinidad espiritual con nuestro Partido, los que han de derrumbar el edificio capitalista y los que han de regir después las funciones de la producción. Indispensable es, por tanto, que con ellos colaboremos y nos pongamos a la cabeza de sus luchas, desarrollando una acción conjunta que dé la sensación de nuestros propósitos inmediatos y finales. La misma es la aspiración fundamental de los Sindicatos que reconocen la lucha y del Partido Comunista: la emancipación total del proletariado. Una misma debe ser, consiguientemente, no obstante sus facetas características, la acción a desarrollar por los trabajadores en el seno de sus Sindicatos y en su partido de clase, en el Partido Comunista.

De momento, lo que (ILEGIBLE) preparar las bases de una fusión de los dos organismos obreros nacionales, que hoy existen, para formar, con todas las fuerzas sindicales, una organización de combate que pueda cumplir la misión histórica que le está reservada. Los comunistas que pertenecen a la Confederación Nacional del Trabajo deben procurar su ingreso definitivo en la Internacional Sindical Roja y los que pertenecen a la Unión General de Trabajadores deben influir intensamente en sus Sindicatos para que en el próximo Congreso de ese organismo se acuerde romper toda clase de relaciones con la Internacional de Amsterdam, nido de cucos y traidores, e incorporarlo a la Internacional Sindical, que está apoyando a una República obrera triunfante y empuja sus huestes por las vías revolucionarias.

Comunismo y Sindicalismo debe ser una misma cosa en el punto de arranque ideal, en las jornadas cotidianas y en el régimen social que han de implantar. Por eso, nuestro partido, se coloca a la vanguardia de la lucha, quiere identificarse con los Sindicatos, dándoles la pena sensación, con el ejemplo de su conducta, de que la obra revolucionaria ha de ser desarrollada, dentro de las características propias de cada organización por todas las puertas que aspiran al asalto del poder burgués y a la instauración de la República del Trabajo.

EL COMUNISMO Y LOS OBREROS DEL CAMPO

Para que la revolución se verifique y las conquistas de ella no se malogren, es absolutamente indispensable que los trabajadores del campo y los de la ciudad se unan fuertemente. Ni los obreros industriales podrán hacer nada por sí solos, ni los campesinos tampoco. Tan enemigos de los trabajadores son los que los explotan en la tierra como los que los explotan en fábricas y talleres. Hay que acercar el campo a la ciudad, estrechando las relaciones de los que empuñan la hoz simbólica con los que empuñan el martillo. Unos y otros son hermanos en el sufrimiento. unos y otros deben serlo en la acción para que ese sufrimiento termine y puede abrazarse trabajo racional y científicamente regida.

En la tesis que nosotros hemos elaborado en el Congreso que acabamos de celebrar, hallarán los obreros del campo un programa de realización práctica, que deben aceptar con cariño y entusiasmo. Ese programa los comunistas militantes deben dirigirse a los explotados del campo para infundirles alientos y esperanzas, para enseñarlos la ruta a seguir, para convencerles de que el fisco que les esquilma, el cacique que les acosa y el propietario que les roba continuarán eternamente pesando sobre ellos, dominándoles como a siervos de la gleba, si no se curan de los recelos que anulan su inteligencia y no se colocan decididamente al lado de los trabajadores que pelean bravamente por la santa causa de la emancipación humana.

¡Campesinos! Vuestro puesto está en las filas comunistas. Venid a ellas, para celebrar el día de la victoria que a todos ha de libertar.

EL FRENTE ÚNICO

El ritmo de la revolución mundial la marcha no lleva la marcha que hizo concebir el triunfo de la República de los Soviets en Rusia. Los traidores que antes de la guerra regían los destinos de la Internacional, que durante la guerra se entregaron ignominiosamente a los gobiernos capitalistas y a los vampiros que engendran la catástrofe y que después de la guerra continúan colaborando con la burguesía para impedir el avance del Comunismo, han sido los causantes de que el ritmo revolucionario se haya debilitado. Desorientadas las masas por las tortuosas maniobras de esos hombres que sacrifican los ideales a sus comodidades personales y a sus ambiciones políticas preciso es desenmascararlos. ¿Cómo? Yendo directamente a las masas que ellos tienen secuestradas, elevando ante ellas nuestra voz, cuadros para actuar conjuntamente en aquellos problemas de carácter concreto e inmediato que exigen una mancomunidad de esfuerzos cómo podremos atacar la ofensiva del capitalismo mundial contra las conquistas alcanzadas por los obreros la ofensiva desencadenada por los gobiernos las libertades públicas y perseguir a los obreros organizados.

Ha sido los compañeros rusos, embarazados en el desenvolvimiento de su obra por multitud de obstáculos, los primeros que han visto la necesidad de formar un frente único contra la reacción mundial y para poder hablar a los obreros trastornados por las predicaciones de los falsos pastores, el lenguaje sincero y rudo del Comunismo. Nosotros hemos examinado lo propuesto por los rusos y decidido en una conferencia del Ejecutivo con representantes de todas las Secciones comunistas en Moscú. Aceptamos el frente único, pero no con otros partidos, llámense como se llamen, que todos ellos son causantes de la ofensiva capitalista y gubernamental, sino con los sindicatos obreros de todas las tendencias, siempre que reconozcan la lucha de clases.

Iremos, pues, a los comunistas al frente único, batallaremos por él, pero sin plegar nuestra bandera, sin rectificar nada de cuando hemos dicho hasta aquí, convencidos de que siguiendo en esta actitud de franca lucha, conseguiremos convencer a las masas de la bondad de nuestros ideales y de nuestra táctica y atraérnoslas a nuestro campo, que es donde se están generando las normas que han de dar al proletariado la visión exacta de las cosas y el instrumento capaz de redimirlas (sic) de la explotación capitalista.

¡TRABAJADORES! AL COMUNISMO, PARA HACER LA REVOLUCIÓN SOCIAL

En el mundo existen hoy grandes corrientes de organización. Una de ellas es la formada por las internacionales de los traidores (Amsterdam, Londres, Viena); otra, por los que han implantado ya una república obrera y por los que siguen las rojas banderas que estos tremolan.

¡Trabajadores! Si queréis de veras luchar por vuestra emancipación, la elección no es dudosa. Tenéis dos caminos: el de la farsa y el de la verdad, el que nos unce al carro de nuestros tiranos y el que nos muestra la meta de vuestra liberación. ¡Elegid!

No olvidéis que los grandes teóricos del socialismo -a los que vuelven la espalda los Kautskys traidores y renegados- anunciaron que si el huracán de la Guerra desolara las principales potencias, el proletariado habría de ponerse en pie para hacer la revolución más grande de los siglos. En el momento histórico anunciado por los maestros estamos. Europa, América, todos los países del mundo están arrasados, desangrados, aniquilados por la guerra, que ha matado y mutilado millones de seres humanos. La economía de los Estados está de tal modo desquiciada, que es inútil todo intento de reconstitución. En este mundo de ruinas materiales y espirituales, un rayo de luz esparce sus fulgores por la tierra. No cerremos los atormentados ojos ante él. Que ilumine nuestras conciencias, que levante nuestros corazones, que nos enardezca de entusiasmo y nos encienda de voluntad para la acción. Ese rayo de luz es el ideal comunista. Brilla ya en la Rusia inmortal. Para que brille pronto en todo el planeta, preciso es que las víctimas de los bandidos capitalistas y de sus asesinos a sueldo se unan en estrecho abrazo y realicen el supremo esfuerzo que ha de redimir a la Humanidad.

¡Viva el Partido Comunista de España!
¡Viva la Tercera Internacional!
¡Viva la revolución mundial!
Madrid 24 de marzo de 1922.

LOS DELEGADOS DE CASTILLA LA NUEVA Y CASTILLA LA VIEJA, VASCONGADAS, ASTURIAS, LEVANTE, ANDALUCÍA Y GALICIA.


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