Bicentenario de Friedrich Engels (28 noviembre 1820 / 5 agosto 1895)Sacristán sobre Engels

Salvador López Arnal 27/11/2020

Para los compañeros y compañeras de Espai Marx: nunca han olvidado que Engels es parte sustantiva de la tradición

El interés de Manuel Sacristán (1925-1985) por la obra de Friedrich Engels (1820-1895) se mantuvo a lo largo de los años. Se acrecentó durante su traducción del Anti-Dühring (1963, 1964) y cuando en la segunda mitad de los 70 coordinó la traducción de las OME (Obras de Marx y Engels). Nunca abonó el traductor de Labriola, Gramsci, Lukács y Màrkus la idea de un Marx agudo, informado y profundo frente a un Engels simplón y científica y filosóficamente inmaduro [1]. ¿Cómo iba a defender un idola así un filósofo tan penetrante, crítico y con tanta tensión poliética como Sacristán de alguien que con apenas 24 años había escrito La situación de la clase obrera en Inglaterra? [2]

Las siguientes anotaciones intentan trazar una breve aproximación a una temática, las reflexiones de Sacristán sobre la obra de Engels, que exigiría (y merecería) un desarrollo más detallado.

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Tras finalizar sus estudios de posgrado de lógica, epistemología e historia de las ciencias en el Instituto de Lógica y Fundamentos de la Ciencia de la Universidad de Münster (Westfalia, Alemania) e iniciar su militancia en el PSUC-PCE en la primavera de 1956, Sacristán empezó a dar clases de Fundamentos de la Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona.

Pocos meses después, en 1956 o en 1957, con la colaboración de Pilar Fibla y de la hispanista Giulia Adinolfi, su esposa y compañera, el ex colaborador de Qvadrante y Laye escribía su primer material marxista: “Para leer el Manifiesto del Partido Comunista[3], un texto que según Juan-Ramón Capella “circuló clandestinamente con gran profusión en copias mecanografiadas o ciclostiladas, sirviendo de base a grupos de estudio” [4].

Son varias las referencias a Engels en este escrito. El Manifiesto, señala el traductor de El Capital, no es un manual “pero reúne con brevedad todo lo que Marx y Engels consideraban imprescindible como base teórica del movimiento obrero en 1847-1848”. En cuanto al Anti-Dühring [AD a partir de ahora], convenía recordar que “Engels no empezó a escribirlo como manual sino como libro de polémica pero él se dio cuenta de que la utilidad del libro era sobre todo la de un manual”.

Apenas dos años después, Sacristán traducía, anotaba y prologaba Revolución en España para la colección de Ciencia Política de Ediciones Ariel. Era la primera publicación legal en España de escritos de los dos clásicos de la tradición después de la guerra civil. Este volumen, escribe en su prólogo fechado el 1º de mayo de 1959 (corregido en 1966, también el 1º de mayo), “contiene veintinueve artículos periodísticos y tres de enciclopedia, todos ellos referentes a temas españoles, escritos por Marx y Engels entre 1854 y 1856, en 1858, 1860 y 1873” [5]. Los artículos de Engels incorporados componían tres series de desigual interés. Los dos últimos eran “La guerra mora [The morish war]”, artículos de fondo de la New York Daily Tribune (1860), y “Los bakuninistas en acción. Informe sobre la sublevación española del verano de 1873”.

Los trabajos de 1873 publicados en Der Volkstaat merecían atención en más de un respecto. Aparte del interés que podían tener para la contemplación de aquellos acontecimientos desde el punto de vista de la Primera Internacional, esos escritos ocupaban “un lugar en el proceso de clarificación de las concepciones políticas de los partidos marxistas frente a las ardorosas impaciencias del comunismo anarquista”. La influencia de Bakunin en la rebelión cantonal acontecida en España era manifiesta. En los artículos traducidos, Engels atribuía esa influencia a la actitud apolítica de los dirigentes obreros españoles, actitud que había privado a la joven (primera) república española de una base proletaria unificada y organizada, y había atomizado a la clase obrera en la extraña aventura cantonalista. Así pues, concluía Sacristán, los trabajos de Engels que cerraban el libro tenían, junto con el evidente interés de su significación en la historia de la doctrina política marxista, “el de su inmediata referencia a un capítulo no muy lejano de la historia de España. Tal vez incluso más lejano en los calendarios que en el tiempo social del país.”

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Son frecuentes las referencias a Engels en los artículos que Sacristán publicó en aquellos años en revistas clandestinas del PSUC y del PCE como Horitzons, Nous Horitzons y Nuestras Ideas. Pero fue, sin duda, en su prólogo a la traducción castellana de AD [6], “La tarea de Engels en el Anti-Dühring” (fechado el 1º de mayo de 1964), un clásico del marxismo español que influyó y formó a varias generaciones de militantes obreros y universitarios [7], donde se acercó con mayor detalle a la obra del editor de los libros II y III de El Capital.

El traductor y antólogo de Gramsci recuerda en su escrito que el 3 de enero de 1877, Vorwärts (Adelante), el órgano del Partido socialdemócrata alemán, había empezado a publicar una serie de artículos de Engels bajo el título general de “La subversión de la filosofía por el señor Dühring”. La serie había terminado con un artículo de 13 de mayo del mismo año. Pero ya el 27 de julio aparecía el primer artículo de una nueva serie titulada “La subversión de la economía por el señor Dühring”. Una parte de esta serie, el capítulo X de la segunda sección del libro (“De la ‘historia crítica’”), era obra de Marx. El último de estos escritos apareció en el Vorwärts el 30 de diciembre de 1877. Una tercera serie comenzó a publicarse el 5 de mayo de 1878 para concluirse el 7 de julio del mismo año. El título general de esta última serie era “La subversión del socialismo por el señor Dühring”. En la edición como libro, tres ediciones en vida de Engels (1878, 1886, 1894), las tres series de artículos aparecían como tres secciones. El título del libro -La subversión de la ciencia por el señor Dühring-, igual que los de las series de artículos, parodiaban el título de un libro de Dühring sobre el economista Carey [8].

Recordemos brevemente algunas de las tesis y conjeturas del prólogo, un escrito en el que se explicaban y comentaban, como pocas veces se había hecho en nuestro país, categorías como concepción del mundo, conocimiento positivo, dialéctica o concepción marxista del mundo:

1. La tarea de liberar al marxismo de la dogmática y clerical lectura de sus clásicos, dominante en aquellos años, era “tan urgente como para arrostrar por ella cualquier riesgo”. Pero el camino marxista que llevaba a ese objetivo no pasaba por la recusación de Engels. “La tesis -antigua, pero hoy revitalizada sobre todo por el existencialismo francés- de que hay que liberar al marxismo de un engelsismo naturalista e ingenuo adjetivamente sobreañadido a la sabiduría social o humanista de Marx”, empezaba por ser históricamente falsa. La inmadurez del pensamiento dialéctico de Engels, proseguía el prologuista, al menos en lo que hacía referencia a la relación entre concepción comunista del mundo y ciencia positiva de la naturaleza, se podía encontrar sin duda también en Marx, aunque ciertamente que en menor medida en la obra de este último. Pero eso se debía principalmente a “la división del trabajo que gobernaba la actuación de los dos fundadores del marxismo”, según indicación del propio Engels en el AD.

Por esa división de tareas, Marx no se había visto “en la necesidad de dar versiones generales, compendiadas y divulgadoras, de su pensamiento (la única vez que lo ha hecho, en La ideología alemana ha entregado, es cierto, el manuscrito a la “roedora crítica de las ratas”)”, y de este modo había podido concentrarse en la elaboración de El Capital y en el “análisis concreto de la situación concreta”.

Era verdad que había que buscar lo esencial del marxismo “más en ese inmenso esfuerzo de Marx por entender lo concreto que en las prematuras exposiciones generales de Engels”. Pero, en opinión de Sacristán, si Marx hubiera tenido que escribirlas, “habría caído seguramente en los mismos inevitables sometimientos a Hegel por la necesidad de aferrarse al material intelectual disponible para expresar una primera toma de consciencia de las propias motivaciones intelectuales”.

No había que olvidar, por otra parte, que Marx había supervisado el trabajo de Engels.

2. No faltaban en el AD pasos que precisaban, con mayor o menor detalle, el ámbito de relevancia de la dialéctica, “el nivel al cual tiene sentido pasar del desmenuzamiento abstracto, analítico y reductivo de la realidad por la ciencia positiva al lenguaje sintético, recomponedor, propio de la concepción dialéctica y materialista del mundo”. Engels explicaba, por ejemplo, que con el lenguaje de la dialéctica no podía penetrarse analíticamente en ningún “proceso determinado de desarrollo” (cap. XIII, 1ª sección: “Dialéctica. Negación de la negación”), y también que la dialéctica no era “un instrumento de mera prueba” como el razonamiento en la teoría científica sino que debía entenderse como inspiradora de la investigación. Para Sacristán, varios de sus ejemplos apuntaban claramente a la comprensión de estructuras concretas, no a la formulación de leyes positivas generales.

Sin embargo, aún más frecuentes eran en el AD los ejemplos de una aplicación impropia de la dialéctica [9] fuera de su ámbito de relevancia. “El conocido y desgraciado ejemplo del grano de cebada -que en su siembra, germinación y crecimiento debería entenderse según la fórmula sacramental hegeliana de “negación de la negación”- es característico en este sentido”. Precisamente, señalaba Sacristán, el conocimiento científico empezaba a contar en la vida humana cuando se liberaba de tan aproximadas e imprecisas descripciones, “meras paráfrasis verbales de la experiencia en bruto (como el acto y la potencia aristotélico-escolástica [10]), para penetrar analítico-reductivamente en el grano de cebada que germina”.

3. Era también verdad que podía remontarse a Engels uno de los peores rasgos de la tradición marxista, el que consistía, “según una eufemística expresión de Roger Garaudy, en anticiparse a los resultados de la ciencia”. Empero era una verdad parcial. Engels, que repetidamente manifiesta en el AD que la principal virtud del intelectual es la modestia [11], no podía considerarse responsable de que “cierta inveterada beatería insista en considerar su modesto manual divulgador como una enciclopedia del marxismo”. La causa principal de ese efecto paralizador del pensamiento científico positivo no era la limitación hegeliana de Engels “sino determinadas circunstancias difícilmente evitables, e inevitables en el pasado, de la relación del movimiento obrero con sus clásicos”.

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Fueron también frecuentes las referencias a Engels en escritos de Sacristán previos a su nota editorial de 1977 sobre OME 35, la reedición de su traducción del AD, y también en trabajos posteriores. Así, en sus clases de Metodología de las Ciencias Sociales de los años 80 impartidas en la Facultad de Economía y Empresa de la UB [12], en su prólogo de 1983 a la traducción catalana de El Capital de Jordi Moners o en “¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?” [13] de febrero del mismo año. En este último escrito apuntó por ejemplo:
Hasta después de muerto Marx, no empezará a sospechar Engels, cuando contesta a preocupaciones de Kautsky, que a lo mejor Malthus tenía un poco de razón y solo entonces deja de confiar en la dialéctica de las leyes históricas y se pone a investigar y argumentar por qué el problema demográfico, “si se presenta”, será más fácil de resolver en el socialismo que en el capitalismo.

En la Biblioteca de la Facultad de la que fue profesor [14], donde están depositados sus materiales de trabajo y estudio, pueden verse anotaciones detalladas sobre el Anti-Dühring y sobre El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Una ilustración de este último ensayo:

9. Es muy resuelta su presentación de la mujer como representante del proletariado y el macho como burgués en la familia individual moderna (p. 75).

10. La formulación más fiel del punto de vista de Engels es quizás ésta: está hablando del momento de la equiparación jurídica total de hombre y mujer, y concluye: “Entonces se verá que la manumisión de la mujer exige, como condición primera, la reincorporación de todo el sexo femenino a la industria social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad” (p. 76).

Sobre el AD:

Sigue los ejemplos del grano de cebada, de la orquídea y la dolia (p. 126), de las mariposas, de la geología (p. 127, p. 152). La descripción de lo que pasa al grano de cebada no es conocimiento. La ciencia positiva consiste en superar esa descripción y saber lo que pasa dentro del grano de cebada. Dialéctica es concepción del mundo y el pensamiento sintético y el análisis no es su campo de relevancia.

También el gran clásico de la tradición está muy presente en el que seguramente es uno de sus grandes y más imperecederos escritos como marxólogo: “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia” [15]. En este comentario por ejemplo:

A la herencia hegeliana se debe una curiosa debilidad de Marx para sucumbir al encanto de la pseudociencia, como se aprecia en su injustificado entusiasmo por el astrónomo desorientado Daniel Kirkwood, o su juicio favorable al evolucionismo arbitrario de P. Trémaux. (Por cierto que, contra un prejuicio muy extendido, es Engels el que corrige juiciosamente las fantasiosas salidas cientificistas y pseudocientíficas de Marx, evitando que dejen poso en la investigación capital de éste.)

Sacristán volvió a Engels con más detalle en la presentación que escribió para la reedición de su traducción del AD en OME 35 [16]. En esta nota editorial, el entonces profesor de Metodología (se había reincorporado a la Facultad como PNN tras la muerte del dictador golpista en el curso 1976-1977) daba cuenta del motivo o la ocasión del AD, trazaba una biografía sucinta de Karl Eugen Dühring, explicaba la incomodidad de Engels para polemizar con Dühring por su ceguera (“he tenido que violentarme horrorosamente para este trabajo desagradable”), relacionaba los principales escritos de Dühring y sus principales ideas y daba cuenta detallada del intercambio de cartas entre Engels y Marx sobre el trabajo emprendido.

Tanto Marx cuanto Engels, señalaba finalmente, conservaron hasta el final del trabajo una sensación de hastío, fruto del malestar que les provoca la interrupción de otros estudios más sustantivos. Marx, por ejemplo, había escrito a Wilhelm Liebknecht el 7/10/1877 en estos términos: “Engels está ocupado en el trabajo sobre Dühring. Es un gran sacrifico por su parte, porque para atender a eso tiene que interrumpir un trabajo incomparablemente más importante.” El “trabajo incomparablemente más importante”, proseguía Sacristán, estaba destinado a no consumarse. “Es el estudio filosófico-natural cuyos resultados componen el manuscrito Dialéctica de la naturaleza” [17]. El trabajo había empezado a tomar cuerpo en 1872 o 1873 con la reflexión crítica sobre el libro de Büchner La posición del hombre en la naturaleza, cuya segunda edición había aparecido en Leipzig en 1872. Una carta de Engels a Marx del 30/5/1873 era el principal documento de la constitución del pensamiento filosófico-natural del Engels maduro. En esa carta, destacaba Sacristán, se concentraba la idea que inspiraba toda su cosmología en el AD y en la Dialéctica de la naturaleza: “Objeto de la ciencia de la naturaleza: la materia que se mueve, los cuerpos. Los cuerpos no se pueden separar del movimiento. Por eso la ciencia de la naturaleza conoce los cuerpos considerándolos en su relación entre ellos, en el movimiento.”

La redacción del manuscrito había empezado un año antes de que Engels la interrumpiera para componer el AD. En 1878 Engels reanudó el trabajo en él, y lo interrumpió definitivamente a la muerte de Marx en 1883. En el apéndice a la edición del AD en las OME había algunos textos “que se han conservado en los legajos del manuscrito Dialéctica de la naturaleza: el fragmento sobre la esclavitud, que corresponde a la sección II del “Anti-Dühring” y los extractos de Fourier, indudablemente utilizados para la redacción de este libro”.

La interrupción de sus estudios de filosofía de la naturaleza por la decisión de polemizar con Dühring, señalaba finalmente Sacristán, irritó visiblemente a Engels, que se expresaba al respecto así en la primavera del 78, con el texto prácticamente terminado: “Con el señor Dühring estoy ya, afortunadamente, al cabo de la calle, prescindiendo de la revisión de los últimos artículos, y no deseo más de su distinguido trato en este mundo. ¡Vaya un ignorante hinchado! (Carta de Engels a Wilhelm Bracke, 30/4/1878)”.

Es justo y razonable finalizar esta breve aproximación con una significativa toma de posición del traductor de Marx, Engels y Gramsci. En una nota a pie de página de un artículo de 1961 publicado inicialmente en catalán en Horitzons, “Tres notas sobre la alianza impía” [18], comentando críticamente un pasaje del teólogo y filósofo francés Claude Tresmontant, el que fuera miembro del comité ejecutivo del PSUC y uno de los primeros eco-comunistas españoles y europeos señalaba que al escolástico que después de laboriosa búsqueda consiguiera encontrar en Engels alguna frase que pareciese decir lo mismo que decía Tresmontant que eran las tesis del marxismo -y tal como éste las formulara- se le contestaría:

1º que Engels no fue un Padre de la Iglesia, sino, junto con Marx y Lenin, uno de los tres grandes pensadores, en los cuales el proletariado -y la humanidad al mismo tiempo- consiguió la consciencia de su ser, 2º que Engels murió en 1895 y 3º que el que escribe estas notas tiene sobre Engels la tan decisiva como poco meritoria ventaja de ser un engelsiano vivo.

Este engelsiano vivo en aquel entonces falleció en 1985. En 2025, se celebrará el primer centenario de su nacimiento y recordaremos los 40 años de su muerte. Una buena ocasión para volver sobre su obra y para editar una antología esencial de sus escritos pensando, sobre todo, en las nuevas generaciones.

(*) Una versión reducida de este texto se publicó en la revista El Viejo Topo en noviembre de 2020.

Notas

1) En el coloquio de una conferencia de 1978 sobre Marx y su noción de ciencia, señalaba Sacristán: “La insistencia en presentar a Engels como persona de trabajo intelectual mucho menos fino, mucho menos cuidadoso, me sigue pareciendo, al cabo de los años, de todos modos, una exageración… En las cuestiones de la filosofía de la naturaleza, Marx siempre se ha dejado guiar por Engels. El pensamiento no ha discrepado mucho.” Véase M. Sacristán, El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia, Vilassar de Mar: Montesinos 2020, p. 90 (edición de David Vila y S. López Arnal)

2) “[…] Pero Manchester era otra cosa, un símbolo del no va más de la industrialización. Era un fenómeno urbano extraordinario -parecido a las ciudades chinas y las extensas megalópolis africanas de hoy- que atraía a intelectuales, activistas, filósofos e incluso a artistas. Todos querían experimentar y plasmar ese futuro horripilante, pero el talento de Friedrich Engels consistió en pintar la crisis social de la ciudad dentro de un lienzo histórico mucho más grandioso”. Tristram Hunt, El gentleman comunista. La vida revolucionaria de Friedrich Engels, Barcelona: Anagrama, 2011, pp. 89-90. Sobre los escritos del joven Engels, Friedrich Engels antes de Marx. Escritos 1838-1843, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2020 (Estudio preliminar, traducción y notas de Nicolás González Varela).

3) http://archivo.juventudes.org/. En la presentación de Sobre Marx y marxismo (Barcelona: Icaria, 1983), Sacristán definía ‘material’ en los siguientes términos: “Un ‘material’ en ese sentido [la forma en que el movimiento obrero usó la expresión] es un escrito destinado a ser utilizado en el curso de una discusión determinada por gente a la que uno conoce, mejor o peor; o bien en una escuela de partido; en todo caso, por personas de un ambiente determinado y con las que el que escribe se comunica bastante fácilmente, por obra de cierta afinidad. Materiales son casi todos los artículos y cursillos y casi todas las conferencias en que he trabajado durante muchos años; aparte de materiales no he hecho más que trabajos académicos, cuando he estado en la universidad, y panfletos”.

4) Véase Juan-Ramón Capella, “Aproximación a la bibliografía de Manuel Sacristán Luzón”, mientras tanto, mayo 1987, 30-31, pp. 193-223.

5) En el número 1 de Nuestras Ideas, mayo-junio de 1955, pp. 78-84, apareció la traducción, sin firma, de un artículo de Marx con el título “España revolucionaria”. Sacristán pudo ser el traductor.

6) El segundo clásico que traducía después de El joven Hegel de Lukács, el autor que más tradujo, unas cinco mil páginas en total. No se publicó inicialmente en España sino en México. Antes de la guerra civil, el AD había sido traducido al castellano, entre otros, por José Verdes Montenegro y Montoro, Wenceslao Roces y José Bullejos.

7) Javier Muguerza -“Manuel Sacristán en el recuerdo”, mientras tanto, nº 30-31, p. 103- valoró el prólogo como “el texto filosófico más significativo de Sacristán -el que más me impactó cuando lo leí y prolongó más duraderamente dicho impacto”. Gregorio Morán -Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985, Planeta, Barcelona 1986, pág. 480- señaló que “otro tanto ocurrió con su soberbio prólogo al AD de Engels; fue un texto capital en la formación marxista de una generación”. Félix Ovejero -“La incómoda ortodoxia de Manuel Sacristán”, Nuestra Bandera, nº 131, p. 4- destacó que “apenas veinte páginas tenía la introducción de Manuel Sacristán a la edición castellana del AD, de Engels; veinte páginas que enseñaron a varias generaciones de marxistas mucho más acerca de lo que significaba ser marxista que la marabunta editorial de unos años más tarde”. Juan-Ramón Capella (La práctica de Manuel Sacristán, Madrid: Trotta, 2005, p. 54) recordó que “algunos textos del joven Sacristán, como su prólogo a la edición del AD de Engels publicada en México, eran recomendados de boca en boca entre los estudiantes como “introducciones al marxismo”. Sin embargo, es una variante especialmente analítica y reflexiva del “materialismo dialéctico” la que Sacristán proponía en este texto”. Fernando Claudín escribió un detallado comentario sobre el prólogo para Cuadernos del Ruedo Ibérico (octubre-noviembre 1965, pp. 49-57): “La tarea de Engels en el Anti-Dühring” y nuestra tarea hoy”. http://www.filosofia.org. Manuel Martínez Llaneza se ha manifestado en parecidos términos elogiosos en La ciencia mal-tratada. Crítica a Razón y Revolución de Alan Woods y Ted Grant, Barcelona: Els arbres de Farenheit (en prensa).

8) Carey’s Umwälzung der Volkswirtschaftslehre und Socialwissenschaft [La subversión de la doctrina económica y de la ciencia social por Carey], 1865.

9) Para las aproximaciones del autor a esta polisémica categoría, véase M. Sacristán, Sobre dialéctica, Vilassar de Mar: El Viejo Topo, 2009. Prólogo, epílogo y nota complementaria de Miguel Candel, Félix Ovejero y Manuel Monleón; edición de S. López Arnal.

10) Metáforas filosóficas que Sacristán no despreciaba en absoluto. Véase “Manuel Sacristán habla con Dialéctica”. De la primavera de Praga al marxismo ecologista, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2004, pp. 147-177 (edición de Francisco Fernández Buey y S. López Arnal). En la citada conferencia de 1978, señalaba por ejemplo:

También parece claro que, aparte de esa desorientación fundamental a propósito de los “trucos aprendibles”, el elemento hegeliano de la filosofía de la ciencia marxiana es responsable de paralogismos y errores de detalle sin gran importancia sistemática, pero relativamente frecuentes en la obra de Marx, y con más arbitrariedad especulativa que en la de Engels. Por ejemplo: también Engels ha aducido a propósito de los hidrocarburos la ley hegeliana de la mutación de la cantidad en cualidad. Esta frase, como muchas otras verbalizaciones de la historia de la metafísica (“idea”, “materia y forma”, “potencia y acto”, “entelequia”, “negación de la negación”, etc.) es un magnífico receptáculo de sabiduría de la vida, y hasta puede serlo de poesía. Pero cuando se pretende someter esas frases a un uso científico positivo se las convierte en trivialidades campanudas con las que no se explica nada. Engels, que tampoco hiló muy fino en esto, no lo ha hecho nunca, de todos modos, tan bastamente como Marx en la nota 205 al capítulo IX del libro I de El Capital.

11) Al igual que Sacristán. Véase “Una conversación con Manuel Sacristán” por J. Guiu y A. Munné. Ibidem, pp. 91-114.

12) Por ejemplo, en el último curso de doctorado que impartió en 1984-1985: “Sobre dialéctica”. Pendiente de publicación en M. Sacristán, Metodología de las ciencias sociales, Vilassar de Mar: Editorial Montesinos (en prensa).

13) Véase M. Sacristán, Pacifismo, ecologismo y política alternativa, Barcelona: Público-Icaria, 2009, pp. 160-168.

14) Sacristán sólo pudo impartir tres cursos en la Facultad de Filosofía, desde 1956 a 1959. Fue trasladado a la Facultad de Económicas por las presiones del arzobispado barcelonés. Expulsado en 1965, no pudo volver a impartir clases hasta prácticamente la muerte del dictador golpista.

15) M. Sacristán, El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia, ob. cit.

16) Un texto que no incluyó en los volúmenes de Panfletos y Materiales y que no se ha vuelto a reeditar.

17) Se editó como OME 36, con traducción de Wenceslao Roces y con nota editorial de presentación de Miguel Candel. Sobre esta obra engelsiana, véase John Bellamy Foster, “Engels y la Dialéctica de la Naturaleza en el Antropoceno”. https://observatoriocrisis.com

18) Fue traducido al catalán por su compañero Francesc Vicens. Véanse sus declaraciones para los documentales dirigidos por Xavier Juncosa “Integral Sacristán”, Vilassar de Mar: El Viejo Topo, 2005. Para la versión castellana: “Tres notas sobre la alianza impía” (1961). En Sobre dialéctica, ob. cit., pp. 57-72.

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