Elevado a los altares como Dios y héroe por sus virtudes o bajado a los infiernos por sus defectosEl Diego, historia de un antihéroe

Sergio M. Figueroa 30/11/2020

Corre el mes de Junio de 1986 en Mexico, pero más que el tiempo quien corre es un menudo jugador albiceleste que destroza con sus controles, gambetas, pases y disparos, uno a uno, a todos sus rivales hasta alzar la Copa del Mundo de fútbol. Por el camino y para el recuerdo queda un partido, dos goles y sus dos momentos. Uno genial, antológico, de otro planeta, dejando uno tras otro a cada rival que se le ponía delante. El otro tramposo, ilegal, empujando con la mano el balón dentro de la portería. Y son esos dos momentos los que sirven de metáfora perfecta de lo que fue Diego Armando Maradona, dentro y fuera de los terrenos de juego.

No me atrevo a definir lo que fue Diego para el fútbol. Ahí están muchos de sus vídeos y, sobre todo, el legado y la admiración que dejó tras él. Pero no podemos olvidarnos de la otra cara, la
de la efedrina que nos partió el alma a muchos en el 94 o la de aquella final de Copa con el Barcelona cuya tangana fue una de esas cosas que nadie quiere ver dentro de un terreno de juego. Y por el camino no hay que dejar fuera sus circunstancias: las patadas y zancadillas que recibió, así como las obligaciones a jugar como fuera, cansado o lesionado, daba igual, como se demostró en Italia 90. Y si bien esas circunstancias no justifican su otra cara, probablemente sí que la expliquen al menos en parte.

¿Y fuera de los terrenos de juego? Aquí nos vienen rápidamente a la cabeza las drogas, el alcohol y varias imágenes ciertamente bochornosas. Seguramente también tengamos en mente su forma de expresarse, su mala educación. Y sin duda no podemos ni debemos pasar por alto lo más grave, su machismo descarado y desatado, con antecedentes de acoso y maltrato. Pero tenemos su otra cara, la que no se olvida de su barrio ni de su origen, la que apoya contra todo y contra todos a los procesos populares latinoamericanos, a Chavéz y a Fidel, la que le hizo denunciar y no callarse contra la mafia de la FIFA y la AFA, la que dio altavoz a las reivindicaciones de una parte de los futbolistas por no ser mercancía en manos de las televisiones en los ochenta.

Pero tampoco aquí podemos dejar fuera sus circunstancias: las de un chaval que pasa de jugar descalzo a ser un ídolo e icono mediático en la adolescencia y que ya es Dios en su juventud,
las del primer y mayor icono mediático del fútbol moderno, que pasó sin libro de instrucciones
por la más absoluta pobreza para salir en la Barcelona de los ochenta rodeado de los primeros agentes profesionales (si es que se puede llamar así a semejantes mequetrefes que ejercían por aquellos tiempos) y aterrizar después en el Napolés de la Camorra… Cualquiera que entienda ese cóctel de circunstancias podrá entender que explican (aunque no justifican) que de ahí puede salir casi cualquier cosa.

Con todo eso, se repite como un mantra que el Diego no puede ser ejemplo de nada. Y yo defiendo todo lo contrario: el Diego debe ser ejemplo de todo. Ejemplo de ser uno mismo cuando todo invita a dejarse llevar, ejemplo de no olvidar su origen humilde cuando estás en la cima, ejemplo de enfrentarse al poder y al que manda aunque eso te cueste zancadillas y patadas a diario porque el poder no perdona. Pero también ejemplo de lo que no queremos ser, de que las drogas o el alcohol acaban hasta con el deportista más grande, ejemplo de que tener conciencia de clase o de barrio no impide ser un cabrón machista, ejemplo de que el éxito no va acompañado de felicidad, alegría y buenas compañías.

Porque todo lo anterior era Maradona, una contradicción andante, lo peor y lo mejor en una misma persona, el ejemplo imperfecto de que ninguno somos perfectos. Capaz de desatar un amor infinito por su fútbol, por su compromiso y por su rebeldía o el mayor de los desprecios por otros tantos comportamientos deleznables. Elevado a los altares como Dios y héroe por sus virtudes o bajado a los infiernos por sus defectos. Probablemente, en estos tiempos en que se llevan tanto los antihéroes en series y películas, aquí tenemos el mejor de los ejemplos de antihéroe real.

Que la tierra te sea leve, Diego, no por lo que hiciste sino por lo que nos hiciste sentir. Porque no eras un modelo a seguir, no eras un héroe revolucionario, pero sí un personaje del barrio cuya historia y su significado son completamente fascinantes.

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