El PCE fue clave en la mayor movilización contra la dictaduraLos comunistas contra el Proceso de Burgos Hace cincuenta años comenzaba el Consejo de Guerra

Diego Díaz Alonso. Historiador (*) 03/12/2020

Nacida en 1958 a partir de algunos jóvenes nacionalistas insatisfechos con la pasividad e inacción del PNV, ETA sería en sus primeros años de vida un grupo dedicado al activismo cultural, las acciones propagandísticas pacíficas y el estudio y el debate.

Los militantes de ETA no cometerían un asesinato planificado hasta el 2 de agosto de 1968, día, mes y año del atentado mortal contra el comisario de policía, torturador y ex colaborador de la Gestapo Melitón Manzanas. Tras este atentado la dictadura decide dar un castigo ejemplar al incipiente movimiento armado que se está formando en el País Vasco, decreta el estado de excepción y detiene y encarcela a cualquier sospechoso.

En diciembre de 1970, Burgos, capital de la España franquista durante la Guerra Civil, acoge un consejo de guerra para juzgar a 16 militantes de ETA. Después de un juicio con escasas garantías, llega un duro veredicto: nueve condenas de muerte, cientos de años de prisión y millones de pesetas en multas. El juicio y las condenas desatan una ola de indignación entre antifranquistas de toda España y de todo el mundo. El PCE sería clave en organizar y extender las protestas, tanto en el País Vasco, donde era la fuerza más organizada, como en el resto de España y en Europa.

El acercamiento de los comunistas al nuevo nacionalismo vasco

A lo largo de 1970, el PC de Euskadi había buscado activamente un acercamiento a ETA, hasta el punto de realizar las gestiones necesarias para conseguir que el País Vasco francés fuera el espacio para albergar las reuniones de la turbulenta VI Asamblea de ETA. En junio de 1970, Euskadi Obrera elogiaba la evolución ideológica de ETA hacia posiciones de izquierdas cada vez más alejadas del nacionalismo tradicional. Las movilizaciones contra el Proceso de Burgos marcarían el momento de mayor entendimiento y confluencia entre los comunistas, el movimiento obrero vasco y ETA y el nacionalismo.

En vísperas del proceso, el ala filocomunista de ETA y el PC de Euskadi firmarían un manifiesto contra la represión, esta vez apoyando además una convocatoria de ámbito español -la jornada por la amnistía promovida por la Coordinadora de CCOO el 3 de noviembre de 1970- y llamando a una huelga general ceñida a las provincias vascas. Los conflictos internos y la debilidad de ETA, rota por la represión franquista, impedirían que la organización jugase un papel fundamental en las protestas contra el juicio, en las que los comunistas vascos, a través de su liderazgo en CCOO, se convertirían en la principal fuerza dinamizadora. Fuera del País Vasco, los comunistas también ocuparían un papel central en la extensión de las protestas que permitirían la mayor movilización antifranquista registrada hasta aquel momento y el ensayo de la huelga general con la que el PCE aspiraba a derribar a la dictadura. Santiago Carrillo afirmaría en enero de 1971 que la lucha por salvar la vida a los activistas de ETA juzgados en Burgos era «la causa de todos los españoles dignos de ese nombre».[1]

Entre diciembre de 1970 y junio de 1971, la dictadura decretaría el estado de excepción en toda España, deteniendo a 1221 personas. Lógicamente, las provincias vascas serían las que tendrían en proporción a su tamaño mayor número de personas detenidas (147 en Bizkaia y 59 en Gipuzkoa) pero también se producirían numerosas detenciones en Madrid (247), Barcelona (219) y Sevilla (73), la mayoría de ellas, como señala Pere Ysàs, de militantes vinculados al PCE, al PSUC y a CCOO. [2] El grito del acusado Mario Onaindia en el último día del juicio, ¡Gora espainiako langileak! (¡Viva la clase trabajadora española!), muy difundido en los medios comunistas, simbolizaría para estos la confluencia entre las reivindicaciones nacionales vascas, obreras y antifranquistas en general: «Al grito de GORA EUSKADI ASKATUTA de las ramblas de Barcelona, de la calle de Madrid, ha respondido el grito de Onaindia: ¡Viva la clase obrera de España!» [3]

Las repercusiones de una victoria del antifranquismo

La magnitud de la respuesta, sobre todo a nivel internacional, con peticiones incluso de clemencia del Papa, obligarían al franquismo a conmutar las penas de los condenados a muerte. El Proceso de Burgos daría además una enorme popularidad a las siglas ETA, relativamente desconocidas hasta entonces, tanto en España como a nivel internacional, y glorificaría a sus procesados que pronto dejarían de ser un colectivo homogéneo.

Las movilizaciones del Proceso de Burgos y la represión franquista alentarían un proceso de politización de amplios sectores de la juventud vasca. El marcado obrerismo del izquierdismo post-68, el auge de la conflictividad social en las fábricas y la respuesta solidaria en el resto de España contra las condenas a muerte, llevarían al sector más filocomunista de ETA a una revalorización del marco estatal español como espacio de lucha y a tratar de buscar alianzas más allá del nacionalismo. En 1972 cristalizaría la división de ETA, que ya se había puesto de manifiesto al comienzo de su VI Asamblea, entre una mayoría comunista, conocida como ETA-VI Asamblea, favorable a buscar alianzas con el conjunto de la clase trabajadora española, y una minoría, ETA-V Asamblea, partidaria de priorizar la lucha por la independencia a través de un Frente de Liberación Nacional de Euskadi. Los primeros confluirían con otros grupos de antifranquistas españoles alumbrando la organización trotskista Liga Comunista Revolucionaria-ETA VI Asamblea. Los segundos, a pesar de ser la minoría, serían los que muy pronto se quedarían con el prestigio adquirido por las siglas de ETA en el Proceso de Burgos.

La ruptura de ETA y el PCE

El proyecto del PC de Euskadi y del PCE de buscar un acercamiento a los jóvenes nacionalistas se quedaría muy a medias. En Euskadi, a pesar de los reiterados intentos del PC de Euskadi, no llegarían a cuajar los proyectos de hacer del partido algo similar al PSUC, capaz de aglutinar bajo unas mismas siglas obrerismo y catalanismo, clase trabajadora autóctona y nuevos catalanes procedentes de la inmigración. Tan solo algunos militantes de ETA a titulo individual y una minoría de ETA VI Asamblea, contraria al giro trotskista, ingresarían en el Partido Comunista, que en las elecciones de junio de 1977 cosecharía un sonoro fracaso en las urnas.

La evolución de ETA V Asamblea hacia una organización armada de carácter independentista, reacia a la colaboración con el antifranquismo español, la distanciaría definitivamente de un PCE descalificado con trazo grueso como socialimperialista. A pesar de ello, aún el PCE y CCOO jugarían un papel decisivo en las movilizaciones contra las últimas penas de muerte de la dictadura en septiembre de 1975. Ya en la transición democrática los comunistas impulsarían las primeras movilizaciones contra los atentados de ETA, dividida de nuevo, esta vez entre milis y polimilis. En los 90, cuando políticos, periodistas e intelectuales se conviertan en el blanco de ETA, dentro de la llamada estrategia de “socialización del sufrimiento”, algunos de aquellos mismos comunistas que habían luchado contra la represión durante la dictadura terminarían viviendo con escolta y medidas de protección. Sería el caso, entre otros, de José Luis López de Lacalle, ex militante comunista, fundador de CCOO de Euskadi y encarcelado por la dictadura, asesinado hace 20 años por ETA. Se cerraba así de alguna forma el círculo.

NOTAS:

1. Mundo Obrero, 8 de enero de 1971.

2. Pere Ysàs: Disidencia y subversión. Barcelona. Crítica, 2004, pp. 102-135.

3. Euskadi Obrera, 26 de enero de 1971.

(*) Autor de Disputar las banderas / Los comunistas, España y las cuestiones nacionales (1921/1928). Trea. Xixón. 2019.



Portada de Mundo Obrero del 22 de diciembre de 1970 con información sobre el Proceso de Burgos

Publicado en el Nº 339 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2020

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