Espacio, tiempo, vida y obra de Raúl del Pozo Fue columnista de Mundo Obrero y es una de las prosas de platino que aún quedan en el periodismo

Felipe Alcaraz Masats 06/12/2020

No le des más Whisky a la perrita. Vida, obra y milagros de Raúl del PozoJesús Úbeda / Julio ValdeónLa esfera de los libros

Raúl advirtió que su perrita cambiaba de comportamiento. Algo extraño porque era un monumento a la estabilidad. Estaba bajo el granado de su jardín de la calle Cipreses con uno de los periodistas que habían decidido hacerle una biografía. Pronto comprendió lo que pasaba y le hizo una advertencia al periodista. De ahí viene el nombre de su presunta biografía.

No le des más whisky a la perrita. Vida, obra y milagros de Raúl del Pozo, se titula el libro que, más que una biografía, es una especie de novela posmoderna basada en una estructura maravillosamente desordenada. La han escrito Jesús Úbeda y Julio Valdeón, que han tenido que luchar contra el silencio de Raúl, que ha optado porque hablen otros, ya que él se ve desde demasiado cerca. Ya, en su momento, tuvo que devolver el adelanto que le habían dado por escribir sus memorias.

Valdeón me telefoneó desde Nueva York para pedirme opiniones y recuerdos, que le remití cumplidamente. No sé si entendía el periodista por qué Raúl y yo nos entendíamos y hasta nos queríamos, dadas nuestras camisetas tan distintas. Pero si acaso nos entendíamos, le dije, un españolista (de Blas de Otero, Cernuda...) y un leninista, y no precisamente de John Lennon, es que seguía habiendo esperanza en este país de soledades desesperadas y virulentas.

Aunque no nos entendemos simplemente desde un mundo de sensaciones y simpatías irracionales. Más bien desde la comprensión profunda, humana y, claro, contradictoria, de cosas fundamentales. Por ejemplo, un día Santiago Carrillo, con un escupitajo manchado de nicotina, dijo ante otros que Raúl estaría siempre donde estuviera el poder. Y Raúl, que a veces retenía las respuestas, desde su táctica de bomba de efectos retardados, esta vez repentizó la respuesta, diciéndole a Carrillo que se cagaba en su puta madre. “Y yo en la tuya”, parece que le respondió Carrillo.

Carrillo, desde sus sospechas y desconfianzas, nunca entendió a los intelectuales y menos a gente tan inclasificable como Raúl. Aunque es verdad que Raúl siempre se ha pegado a esa fuente impagable de noticias, a veces determinantes, a todo o nada, del poder. Pero es el mismo caso de Gabriel García Márquez, ya que el poder es una fuente impagable de noticias y de estiércol narrativo, tan fecundo en la historia literaria. Pero no siempre al poder, a cualquier poder, como se demuestra en el alejamiento con respecto al bonapartista Felipe González, por ejemplo. Y no un acercamiento acrítico, plegando la ética periodística, como se demuestra en el hecho, por ejemplo, de los papeles de Bárcenas. La publicación de Cuatro horas con Bárcenas hizo tambalearse al gobierno, ya que la exclusiva conseguida por Raúl era de tal tamaño que las cantidades iban al lado de los nombres y aparecían talones adjuntos a empresarios y lo que cobraba el propio Bárcenas, más que nadie, porque era el único que cobraba en blanco.

Raúl Jucar

Es más un texto de autoficción que una biografía y el mismo Raúl declara que no sabe cómo han conseguido escribirlo si él apenas ha hablado. Pero aparecen cosas reales de fondo, a veces difíciles de aprehender si él no ha cantado. Por ejemplo, el PCE, el aura permanente del PCE en la vida de alguien que ya no está apuntado al partido y que incluso ha dejado de ser comunista. Sigue existiendo un vínculo. Y no solo porque Raúl fuera columnista en Mundo Obrero, bajo el seudónimo de Raúl Jucar. Es algo más. Es como una música de fondo, el pentimento de realidades de otro tiempo que no terminan de desvanecerse, de las que no termina de arrepentirse. Así un día, cuando le hablé del partido, en un restaurante del Barrio de las Letras, me dijo que no intentaba olvidarlo, que era una parte de su vida. Y me remató con la letra de un bolero: Si tú me dices ven, lo dejo todo. Cosa que a estas alturas no era verdad pero lo dijo, sabiendo como yo aquello de mientes más que un bolero. Pero ese bolero se ha bailado realmente, en una época nada fácil, por otra parte.

Raúl siempre ha tenido dentro un periodista épico que hubiera arriesgado su vida, o perder a un amigo, ante una exclusiva. Cuando aún existía el periodismo, que ahora es otra cosa, reconoce en el libro. Por eso siempre ha sido peligroso hablar con él (dicen), ya que no solo es un periodista de raza sino que ha defendido con uñas y con dientes, como un soldado en una garita, ese rincón privilegiado del periódico en el que sustituyó a su amigo Francisco Umbral. Y lo ha defendido no solo desde el ímpetu periodístico sino desde una de las prosas de platino que aún quedan en el periodismo patrio.

Y también ha tenido dentro, como carne de su carne, algo más inesperado: el amor. El amor concreto. El amor indesmayable, el amor más allá de la muerte. Precisamente uno de sus mejores recuerdos es cuando Natalia iba a recogerlo en su coche a la salida del periódico. De ahí la columna inolvidable que publicó a su cercana muerte, titulada Natalia Ferraccioli: “Disimulaba su dolor para no hacernos sufrir. Era una gran dama. Que nadie diga que los italianos fueron corriendo hasta Guadalajara. No he visto un ser tan valiente como Natalia Ferraccioli. Permaneció serena aunque oía, como Adrie, la mujer de Mientras agonizo, clavar y aserrar su caja”.

En fin, dice Úbeda, uno de sus biógrafos que “se emociona cuando escucha La Internacional, como un niño de una película de Eisenstein, y se deleita leyendo a Shakespeare, a Cervantes y a Voltaire. Juega al golf mientras los hunos le llaman “fascista” y los hotros “rojo de salón”. Y, mientras Dana se come una patata frita que le acabo de tirar al suelo, me insta a dar un golpe de Estado periodístico para acabar con todos los negreros de la industria de la información.

- Prenderé fuego a Troya, siempre que tú vengas conmigo.

- Vale.

Publicado en el Nº 339 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2020

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