Batalla en profundidad

La senda de la ilustración

Patricia Castro 07/12/2020

A principios del siglo XVII el filósofo Francis Bacon nos alertó en su Novum organum sobre las formas en las que el entendimiento humano, demasiado débil y limitado por los prejuicios, podía caer a la hora de comprender el mundo que nos rodea. Estos perjuicios eran descritos por Bacon como idola (fantasmas) y se dividían en 4: los ídolos de la tribu, que se basaban en prejuicios sobre el género humano; los ídolos de la caverna, relacionados con la educación; los ídolos del foro, resultado del lenguaje imprevisto; y los ídolos del teatro, que procederían de la falsa filosofía y de lo que de ella se deriva.

El pensamiento feminista, además de una intrincada relación (si es que puede existir una verdadera separación) con el marxismo, también es producto del pensamiento de la Ilustración que, desde los tiempos de Bacon, trató de derribar los muros de la sociedad religiosa europea y de su statu quo, basado en la servidumbre y la tradición. La lucha de las mujeres ha tratado durante su larga historia de expulsar los ídolos de los que hablaba Bacon, de expulsar a los fantasmas que impedían su libertad, en la casa, en la familia, en el Estado, en la esfera pública, en el trabajo… Debemos recordar que el marxismo también es hijo de la Ilustración y, como el feminismo, ha tratado de arrojar luz a un mundo que en muchas ocasiones ha caído en la oscuridad.

El gran logro de Marx fue establecer que, sin un cambio en la práctica material y en la distribución de los recursos existentes, la construcción de otro mundo no sería posible, ese otro mundo con el que soñaba la estela ilustrada. En la Crítica del Programa de Gotha, Marx nos advierte: "Como el trabajo es la fuente de toda riqueza, nadie en la sociedad puede adquirir riqueza que no sea producto del trabajo. Si, por tanto, no trabaja él mismo, es que vive del trabajo ajeno y adquiere también su cultura a costa del trabajo de otros".

Una de las principales disputas actuales entre la izquierda y el feminismo es si debe darse más peso a las políticas redistributivas o a la representación cultural. Nos encontramos en esta breve cita de Marx con una posible solución, que evidentemente no es la cuadratura del círculo, pero ayuda a entrever que la opresión material y la subordinación cultural son dos caras de la misma moneda. Esto podría poner fin a los debates (interminables) acerca de cuáles son las mejores estrategias que debemos seguir los comunistas para conseguir la emancipación de la mujer. Es algo que ya encontramos en los inicios del feminismo clásico, recordemos la famosa frase de Virginia Woolf: "una mujer necesita 500 libras al año y un cuarto propio". Esto también lo pensaron en la URSS y la cosa no les fue nada mal; de hecho, siguen siendo envidiables las políticas públicas a favor de la libertad de la mujer, fomento de la educación, trabajo, pensiones, etc. Todo enfocado a buscar esa libertad material que nos permita ser libres, no solo desde un plano economicista o culturalista, sino para ser dueñas de nuestras vidas y poder decidir bajo nuestro criterio.

Cierro esta columna pensado que a veces parecemos haber olvidado qué es lo que nos motivó nuestra lucha, no solo la mera representatividad en los parlamentos, o la aparición en medios, ni figurar entre las máximas líderes del mundo. Buscamos lo mismo que todos los grandes y mejores pensadores de la historia, la emancipación de la humanidad de sus atávicas cadenas, y está en nuestras manos hacerlo posible.

Publicado en el Nº 339 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2020

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