Caldo de pollo

La resistencia de los 'hibakusha' Estados Unidos prohibió durante años que se hablase o publicase en Japón sobre el bombardeo atómico y el sufrimiento de los hibakusha y en el Tratado de paz de San Francisco impuso al gobierno nipón la renuncia a hacer reclamaciones

Higinio Polo 09/12/2020

Los hibakusha japoneses son los supervivientes de los bombardeos atómicos norteamericanos en Hiroshima y Nagasaki. Quienes pudieron salvarse de la más criminal acción militar de la historia, equiparable al horror de Auschwitz, arrastraron su sufrimiento durante décadas, tuvieron que ocultarse, fueron discriminados y desatendidos por las fuerzas de ocupación del general MacArthur y por los gobiernos liberales japoneses. Estados Unidos prohibió durante años que se hablase o publicase en Japón sobre el bombardeo atómico y el sufrimiento de los hibakusha, y en el Tratado de paz de San Francisco impuso al gobierno nipón la renuncia a hacer reclamaciones.

La vida de los hibakusha ha sido el sufrimiento: hoy, viven más de trescientos mil, arrostrando malformaciones, cáncer y enfermedad; la organización que los agrupa, Nihon Hidankyo, fue fundada en 1956 tras la inquietud causada por la nueva bomba de hidrógeno que Estados Unidos ensayó en marzo de 1954. Otras víctimas llegaron después, padeciendo los ensayos nucleares norteamericanos en el océano Pacífico. Desde entonces, los hibakusha no han dejado de luchar, acompañando al movimiento por la paz y por el desarme nuclear que se extendió por el mundo desde entonces, como la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares, creada en 2007.

El movimiento por la paz ha conseguido logros importantes como la prohibición de las armas químicas y biológicas, que fueron utilizadas por Estados Unidos en el sudeste asiático, en Oriente Medio y otras regiones. El protocolo de 1997 que enmendó las Convenciones de Ginebra de 1949 establece la prohibición de armas biológicas y minas terrestres, que han ratificado 170 países; entre ellos no figuran Estados Unidos, Israel, Turquía, Irán y Pakistán. A diferencia de China y Rusia, Estados Unidos todavía no ha ratificado los Protocolos I y II que añaden enmiendas y salvaguardas al texto. También se logró la Convención sobre Armas Químicas de 1993, que entró en vigor en 1997 y prohíbe producir y utilizar armas químicas; casi todos los países del mundo lo han suscrito, excepto Israel, Egipto, Corea del Norte y Sudán del Sur que deben ratificarlo o firmarlo.

En julio de 2017, la Asamblea General de la ONU aprobó el Tratado sobre la Prohibición de Armas nucleares con el voto de 122 países. Las negociaciones previas fueron saboteadas por los países miembros de la OTAN, entre ellos los tres dotados de armamento nuclear, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. En reciprocidad por ese rechazo, las otras potencias nucleares, Rusia y China, se abstuvieron de participar. Desde 2017, Estados Unidos ha tratado además de bloquear el acuerdo argumentando que crearía dificultades para el cumplimiento efectivo del Tratado de No Proliferación Nuclear, TNP. Aunque el TNP de 1968 fue un importante logro para el mundo, estableció una injusta delimitación entre los países que ya disponían de armamento atómico y el resto, limitando su posesión a los demás.

En octubre de 2020 se consiguió la ratificación de cincuenta países, necesaria para que el Tratado entre en vigor en enero de 2021. España todavía no lo ha firmado, como la mayoría de los países de la Unión Europea. Ha sido un paso gigantesco para la humanidad, un logro de los hibakusha, porque con ese Tratado se añaden las armas nucleares a las que ya estaban prohibidas por la legislación internacional: así quedan proscritas todas las armas que se denominan “de destrucción masiva”: nucleares, químicas y biológicas.

El movimiento mundial por la paz debe ahora aumentar la presión sobre los gobiernos para continuar el proceso de desarme, porque los riesgos son muchos: el abandono por Estados Unidos del Tratado sobre misiles de corto y medio alcance, INF, ha dejado al planeta ante la única protección del START III, que fue firmado por Washington y Moscú y expira en febrero de 2021. Rusia ha propuesto su prórroga sin condiciones durante un año, para permitir a las partes negociar un nuevo acuerdo de desarme, o extender el actual durante cinco años, pero Estados Unidos se ha negado.

Durante décadas, millones de personas han llenado las calles del mundo clamando por la paz, millones de gargantas han exigido el fin del armamento atómico: a los setenta y cinco años del criminal bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, la tenacidad de los hibakusha ha estado siempre en el centro de todos los esfuerzos internacionales para lograr el desarme y la prohibición de las armas nucleares.

Publicado en el Nº 339 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2020

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