DOCUMENTOS PARA UN CENTENARIO PCE 1921-2021Sectarismo, discrepancias y escisiones internas en el PCE. 1930

Francisco Erice. Sección de Hª de la FIM 29/12/2020

INTRODUCCION AL DOCUMENTO Nº 8

La intensificación de la represión aplicada contra el PCE, sobre todo en los últimos años del régimen primorriverista, propicio el descabezamiento del partido y redujo su incidencia social, pese a algunas huelgas heroicas en Vizcaya y Asturias o la incorporación de un destacado grupo de activistas y dirigentes obreros sevillanos procedentes de CNT. En pocos años, el partido quedo reducido a su mínima expresión, como lo demuestran sus apenas 800 militantes en el momento del Tercer Congreso, celebrado en París en 1929.

A este retroceso contribuyó, asimismo, la política sectaria y errática de la dirección, encabezada desde 1925 por el ex-telegrafista vizcaíno José Bullejos, que ejercería como secretario general entre este año y 1932. Las expulsiones y depuraciones se convirtieron en práctica habitual, bajo el pretexto de la “política de bolchevización” aprobada por la Internacional Comunista que, además, en su VI Congreso (1928), enterraba los últimos restos de la táctica unitaria impulsada por Lenin y se lanzaba a una sectaria política de “clase contra clase” cuya manifestación más delirante sería la tesis del “socialfascismo”, que identificaba la socialdemocracia con el ala izquierda del fascismo.

Esta línea ultraizquierdista, reafirmada en el Tercer Congreso del PCE y en su denominada “Conferencia de Pamplona” (realmente celebrada en Bilbao, clandestinamente, en marzo de 1930), se plasmaba en la negativa a cualquier compromiso o alianza, en los intentos escisionistas de “reconstruir la CNT” bajo dirección comunista o en la consigna de “gobierno obrero y campesino” como plasmación de una hipotética “revolución burguesa” bajo dirección proletaria a la caída de la Dictadura.

Si la “bolchevización” anterior vino a excluir, entre otros, a algunos sectores procedentes del viejo socialismo, considerados “reformistas”, esta nueva deriva arremetió especialmente contra los grupos procedentes de CNT que se habían unido al PCE casi desde el principio, y que se agrupaban sobre todo en tormo a la Federación Comunista Catalano-Balear y al liderazgo de Joaquín Maurín. El conflicto mezcló probablemente personalismos (como el de Bullejos o el propio Maurín) con discrepancias políticas relevantes. Frente a la dirección del partido, los seguidores de Maurín defendían una República Federal Democrática y mantenían posiciones más flexibles sobre posibles alianzas o acuerdos con otras fuerzas, así como una mayor sensibilidad acerca de la “cuestión nacional” catalana.

En junio de 1930, Maurín se negó a hacer su autocrítica y fue expulsado; la FCCB se solidarizó con él y también fue excluida del partido. Las discrepancias y protestas por los métodos de funcionamiento afectaron a otras federaciones, como la madrileña (también expulsada), y a grupos y organizaciones en otros territorios. La FCCB intentó mantener el reconocimiento de la Internacional Comunista, pero no lo consiguió, y acabo por formar, a modo de plataforma política propia, el Bloc Obrer i Camperol – Bloque Obrero y Campesino.

Los documentos que siguen se refieren a este conflicto desde el punto de vista de la FCCCB y de la dirección del partido. En ellos se reflejan las críticas de los futuros “bloquistas” y las descalificaciones de la dirección, incluida una temprana acusación de “trotskismo” que refleja la proyección de las polémicas en el comunismo internacional dentro de nuestro país, Han sido extraídos de las páginas de La Batalla, periódico que comenzó a publicarse en 1922 y fue sucesivamente órgano de los Comités Sindicalistas Revolucionarios, luego de la FCCB, posteriormente del BOC y, por último del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), creado en 1935 por la unión del BOC y de la Izquierda Comunista liderada por Andreu Nin,

LA EXPULSIÓN DE LA FEDERACIÓN COMUNISTA CATALANO-BALEAR. 1930.
El punto de vista de la FCCB.


(…) El Partido Comunista de España, nuestro Partido, vive en crisis desde fines de 1924. La desaparición de la vanguardia militante, como consecuencia de la represión, hizo que la dirección pasara al grupo Solís, Bullejos, Trilla, Arroyo, Atadell, que durante cerca de seis años ha ejercido una dictadura insoportable, mecanizando el Partido e intentando trocarlo en un organismo autómata, sin voluntad propia.

Del grupo dirigente, el representante de más peso, Pérez Solís, se pasó en cuerpo y alma al enemigo. García Atadell se unió a la socialdemocracia.

La dirección quedó en manos de unos cuantos funcionarios que durante todo el tiempo de la dictadura y después de la caída de Primo de Rivera han mantenido al Partido, en general, al margen de todos los acontecimientos. El derrumbamiento de la dictadura que pudo haberse seguido paso a paso desde un año antes, sorprendió a la dirección del Partido, que no había previsto que una cosa tal pudiera ocurrir. El Partido, durante seis años, ha sido aterrorizado por la fracción dirigente. Los comités que no aceptaban las órdenes mecánicas de la dirección eran destituidos y reemplazados por otros que, a su vez, eran ejecutados también. Un número enorme de camaradas han sido expulsados. Otros, valiosísimos, fueron postergados. El Partido Comunista hacía la selección al revés.

El Partido Comunista, durante todo este tiempo, ha carecido de una política fundamental. El grupo dirigente vivía preocupado no porque el Partido adquiriera prestigio en la acción, sino por la idea de aniquilar en él todo intento de autocrítica. La fracción dirigente ha sacrificado los intereses del Partido a los mezquinos de su grupo.

Después de la caída de Primo de Rivera parecía llegada la hora de inaugurar un nuevo curso en el Partido. Los momentos eran grandemente propicios para un trabajo general de acoplamiento de esfuerzos y de atracción de masas. A pesar de todos los errores de la dirección Bullejos, Adame, Trilla, el Partido Comunista podía salvarse. Había que esperar que la fracción dirigente, percatada de la enorme responsabilidad de aquella hora histórica, sabría reconocer sus desaciertos y emprendería una nueva ruta.

Sin embargo, una tal presunción fue infundada. Los burócratas del Partido han continuado como antes. Ninguna variación. Iguales procedimientos. El mismo funcionamiento mecánico, el mismo despotismo dictatorial. Ha recomenzado la destitución de comités y la labor de intriga para deshacer aquellas Federaciones que no aceptan el proceder de una dirección políticamente incapaz y arbitraria.

La ofensiva, en primer lugar, ha sido dirigida contra la Federación Comunista Catalano-Balear y contra LA BATALLA, Luego se ha extendido a la Agrupación Comunista de Madrid y se amplía a Levante, Asturias, Galicia, Vizcaya.

La base del Partido Comunista está unánimemente contra la dirección actual, a la que no reconoce ni inteligencia política ni voluntad comunista de acción.

La fracción dirigente, es decir, Adame, Bullejos, Trilla, emplea un lenguaje demagógico de insultos groseros. creyendo que así logra interesarse a las masas. Los demagogos son los peores enemigos de la clase obrera, dijo Lenin. La demagogia de los burócratas del Partido amenaza con la completa esterilidad de este. La política que sigue la dirección es oportunista, por lo tanto, anticomunista. Después de haber hecho, durante algún tiempo, campaña por la unidad sindical, ahora defiende la creación de una nueva central, consumando la escisión sindical. En la Conferencia de Pamplona, celebrada en primero de marzo, la dirección propone como consigna: “Dictadura democrática de los obreros y campesinos”. Al cabo de un mes, esta consigna se cambia por la de “Gobierno obrero y campesino”. Probablemente dentro de poco habrá una nueva sustitución.

El Partido, con tal dirección, no sabe adónde va. Es un barco sin brújula. Está a merced del capricho de dos o tres funcionarios carentes de la más elemental comprensión política.

La base del Partido está desmoralizada, al contemplar un tal estado de cosas. Los grupos, como la Federación Comunista Catalana-Balear y la Agrupación Comunista de Madrid, que para salvar el Partido se alzan contra la dirección, son atacados como si estuvieran contra la Internacional.

Esto es falso, Nosotros estamos al lado de la Internacional y contra la dirección del Partido. El grupo dirigente no es la Internacional, sino la negación comunista.

El Partido Comunista de España debe de reaccionar. Nosotros damos el grito de alerta y ponemos en guardia a todos los camaradas contra la campaña de calumnias que llevará a cabo la fracción dirigente.

La salud del Partido está en la reconquista de la democracia interna y en la eliminación definitiva del puñado de burócratas que impiden el crecimiento del Partido.

¡Viva el Partido Comunista de España!

¡Viva la Internacional Comunista!

(La Batalla, 12 de septiembre de 1930).

Declaración del Comité Ejecutivo del PCE sobre la expulsión de la FCCC.

(…) El elemento sano de Madrid y de Barcelona ha reaccionado contra los desmoralizadores, contra los que todo el tiempo que han militado en el Partido no han actuado más que como agentes de la burguesía para debilitar nuestra acción y distraer las actividades nuestras en luchas internas, en guerras del Partido contra los facciosos y contra los traidores. Hay un hecho que caracteriza bien a todos los elementos corrompidos, y es que inician la ofensiva contra nuestro Partido al mismo tiempo que la persecución contra nuestros mejores camaradas es llevada a cabo por los servidores del Estado capitalista.

Esta coincidencia no es casual. Como quiera que todos esos elementos trotskistas, vacilantes y derechistas están interesados en que nuestro Partido se hunda, ayudan celosamente a la reacción capitalista en su lucha para destruirnos. Es indudable que la labor fraccional de oposición a la línea política y a la dirección de nuestro Partido beneficia a la burguesía y facilita su tares de persecución de nuestro Partido.

De ahí que nuestro Partido se vea en la necesidad de tratar a todos los que se enfrentan con la línea de la Internacional y trabajan para dividirnos como a auténticos agentes de la burguesía, como a nuestros peores enemigos, como a contrarrevolucionarios y traidores a la clase obrera. En todo momento, pero más en los que atraviesa actualmente España, cuando, como hoy, la crisis del régimen capitalista se agudiza y adquiere caracteres de bancarrota, cuando la burguesía se defiende a la desesperada, cuando el proletariado ha comenzado la lucha revolucionaria (huelgas revolucionarias, manifestaciones, choques en las calles, etc.), cuando se persigue a nuestro Partido y se caza a tiros a nuestros camaradas, nuestro Partido necesita mantener a toda costa la homogeneidad en sus filas. Nuestro Partido ha de liquidar implacablemente a todos los elementos contrarrevolucionarios que había en su seno, tratándolos a todos como a agentes de la burguesía que son, para lo que procede a su expulsión y a una lucha tan despiadada contra ellos como la que lleva a cabo contra la burguesía misma y contra todos sus servidores. La contemplación en este caso, a más de ser un signo de debilidad por nuestra parte, sería dejar que el enemigo se fortaleciera en nuestras propias filas. Afortunadamente nuestro Partido está en condiciones de dar la batalla a la burguesía al mismo tiempo que limpia nuestras filas de traidores. El crecimiento constante de nuestros efectivos con aportaciones de nuevos militantes provenientes del proletariado revolucionario, las simpatías inmensas que nuestro Partido cuenta entre las masas, la ligazón que con éstas tenemos ya, nuestra influencia decisiva en el movimiento sindicalista revolucionario, coloca a nuestro Partido en condiciones de poder enfrentar victoriosamente la lucha en todos los frentes contra nuestros enemigos de clase.

Es llegada, pues, la hora de que nuestro Partido mantenga a toda costa su homogeneidad y de que esta homogeneidad se sostenga fielmente basada en la línea política de la Internacional Comunista. Y este Comité Ejecutivo, a instancias de la base, a instancias de las células, de los militantes de fila y por entenderlo enteramente justo, ha procedido a expulsar del seno del Partido a las cabezas visibles de los sediciosos, de los trotskistas, vacilantes y derechistas, a todos los elementos podridos que servían a la burguesía en su lucha contra el Partido y contra la Internacional Comunista. La dirección del Partido no podía dejar ni un momento maniobrar a los agentes de la burguesía dentro de nuestro Partido. Y estas sanciones se extenderán sin vacilaciones a todos los que por un motivo u otro se solidarizarán con los elementos podridos ya sancionados.

En adelante nuestro Partido fuertemente unido desde la base a la cima, ligado a las masas, depurado de todos los elementos corrompidos, marchará decididamente y sin obstáculos interiores hacia la conquista del Poder, hacia la victoria revolucionaria del proletariado, hacia la completa emancipación de la clase trabajadora.

(La Batalla, 17 de octubre de 1930).

En esta sección

Testimonios de la represión. 1957-195985 anys de lluita per la llibertat i el socialismeResolución del Pleno del Comité Central del PCE sobre 'La situación en la dirección del Partido y los problemas del reforzamiento del mismo'. Agosto de 1956Acto en la antigua prisión provincial de GranadaLa caída del PCE en Alconchel y la brutal represión de julio de 1961

Del autor/a

Testimonios de la represión. 1957-1959Resolución del Pleno del Comité Central del PCE sobre 'La situación en la dirección del Partido y los problemas del reforzamiento del mismo'. Agosto de 1956Declaración del PCE 'Por la Reconciliación Nacional'. Junio de 1956Crónicas de manifestaciones estudiantiles en Madrid, octubre de 1955 y febrero de 1956Programa del PCE aprobado en el V Congreso (Septiembre de 1954)