Mediaciones

First Dates La nueva política del cuerpo y las emociones en la postelevisión significa el paso de la cultura de protección de la intimidad a la vindicación de la exhibición.

Francisco Sierra 05/01/2021

Que el fascismo social está ampliamente extendido se observa no tanto por el regreso del TOP y la Manada, o por los pronunciamientos asonantes de militares del XIX que habitan entre nosotros como amenazantes espectros de otro tiempo, sino sobre todo por las modulaciones que colonizan nuestro imaginario, tal y como sucede con First Dates en el que, además del sujeto como empresario de sí mismo, reedita en forma de farsa el guión de Plácido en pleno siglo XXI.

Ríase uno de Ciudadanos y sus loas a la patria. Si uno es lo que lee y lo que come, en la era de la deglución de la hemorragia de imágenes los arquetipos hipermediatizados de nuestro tiempo imponen una cultura enferma, sintomáticamente esquiva o negacionista de toda alternativa y política autónoma de lo social. Por ello la importancia de observar con atención los personajes que aparecen como figurantes en este formato de producción de bajo coste, tan pobre como el espíritu que cultiva y que coquetea con la fascinación, simulada, eso sí, del espejo de Narciso.

En este sentido, la nueva política del cuerpo y las emociones en la postelevisión es mucho más que la biopolítica que rige nuestro sistema de dominio. Significa también un cambio de paradigma en la comunicación: el paso de la cultura de protección de la intimidad como derecho básico a la vindicación de la exhibición que sostiene la política de la extimidad en la era del capitalismo de plataformas.

La cultura del mostrarse, de proyección pública, es consustancial al principio neoliberal de conversión del sujeto en mercancía valorizable (hay cursos incluso de formación sobre la marca y posicionamiento de uno mismo), una lógica característica de la exigencia de acumulación de capital relacional, convertido el sujeto en una suerte de parodia de Robinson, en un individuo cuasisolipsista, soñando realizarse por medio de ser vistos y admirados. Pero el régimen escópico de la mirada termina por resultar opaco, cuando no borroso, al definir quien debe ser visto y admirad o y quien solo ver. El componente gregario del universo Instagram o Twitter es lo que explica la espiral del silencio en golpes como el de Bolivia. La norma es la conformidad social, no la crítica o disidencia. Es decir, el selfiecapitalismo es prescriptivo, y sus efectos predictivos, política y económicamente, aunque no sean perceptibles, como la plusvalía, para los seguidores de First Dates.

Desde Eisenstein, sabemos que no es posible revolución alguna sin una política de lo sensible. Si el capital necesita una forma superficial y perceptible, algo similar podríamos decir de la imagen para todo proyecto antagonista. Por ello Kluge procuró articular un proyecto de guerrilla contra el espectáculo enlatado del imaginario mediático. Si los cuerpos y formas de vida están atravesados por la figuración espectral del capital, capturar su imagen y jugar a los memes no es cosa baladí. El conocimiento de las constelaciones visuales nos permite, de Eisenstein y Brecht a Barthes o Zizek, subvertir el mundo al revés, que diría Galeano. Ahora, no podemos olvidar que el cine, como escribe Hirose, acumula imágenes ordinarias para producir singularidades, en tanto que máquina de extracción. La propia contemplación, advierte Slachevsky, es una condición de la existencia que anula la praxis y convierte en ajeno aquello que se observa. Mientras miramos el programa o somos admirados poco se hace, en definitiva, por cambiar el mundo. El desplazamiento del conjunto índices/abducción/cuerpo, frente al uso instrumental de la escritura y del conocimiento, característica de la modernidad, representa, de acuerdo con el escritor Aníbal Ford, una cultura de la mediación distinta, una estructura de sentimiento y de las mentalidades, de la política y la ideología, a tomar en cuenta si queremos cambiar el mundo que vivimos. Es preciso, en fin, escrutarla, pensar su deseo y cuestionar su lógica dominante si no queremos terminar de comensales en una falsa cita prefabricada por otros que nos hacen fingir el amor.

Publicado en el Nº 340 de la edición impresa de Mundo Obrero dic2020-ene2021

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