Pan o Plomo

Golpe de Estado en Estados Unidos

Antonio Romero Ruíz. Presidente de Honor del PCA, ex parlamentario de IU y Coordinador de la Red de Municipios por la III República 07/01/2021

Digamos que los golpes de Estado del siglo XXI mantienen un manual clásico con algunas novedades. La novedad en esta era la constituye Internet con las redes sociales, ahí es donde se está librando la batalla por el poder en Estados Unidos y en los países más avanzados telemáticamente.

Estados Unidos tiene un presidente fascista, trampero y twittero. Se veía venir, ya se difundieron noticias falsas en la campaña de Brasil a través de las redes. En los países con amplia experiencia democrática como Francia o Alemania las fuerzas políticas utilizan las redes en complemento para llegar a sectores concretos. En Estados Unidos las redes se han erigido en el teatro de operaciones central. Es más, la injerencia en los procesos electorales de las potencias extranjeras juegan un papel cada vez más destacado, de ahí las acusaciones a los hackers rusos, chinos, japoneses o coreanos.

En Estados Unidos ha surgido, en el seno de la élite del neocapitalismo neoliberal, un representante descarado de la poca vergüenza en política, de las ideas de una América supremacista blanca, machista, armada hasta las trancas, xenófoba, antiabortista, patriarcal, con un alto fanatismo religioso y putera. Esa es la América que ha conectado muy bien con Trump. Hoy podemos decir que es un internauta predicador, ha utilizado las redes con su complicidad e incluso de manera ilegal, lo han subido a la cresta de la ola e incluso le han vendido datos personales.

La novedad que ha presentado el intento de golpe de Estado en Washington ha sido que el Comandante en Jefe no dirigió tanques, aviones y militares de uniforme. El golpe lo dio enviando mensajes a través de Twitter. Gente armada, entrando en el Capitolio, interrumpiendo una sesión conjunta de la Cámara de Representantes y del Senado, la expresión de la soberanía popular queda interrumpida, los parlamentarios protegidos por la policía, conducidos seguramente a los búnkeres habilitados para situaciones de guerra en los sótanos, mientras durante más de tres horas una turba multa removía papeles en el despacho de la tercera autoridad del país, se sentaba en la presidencia del Congreso, posaban utilizando sus móviles para que dejaran constancia de la gesta golpista y también será un material clave para que el FBI localice a los protagonistas y los conduzca ante la justicia.

Alguien debe pagar por estos hechos con derramamiento de sangre, con cuatro personas fallecidas y multitud de heridos. Hechos que se merecen un reproche moral, ético, penal, político y de defensa de la Constitución. Se interrumpió el funcionamiento del mecanismo habitual para ratificar al vencedor de las elecciones.

No se puede despachar este asunto como una excursión para ver el Capitolio, tampoco como una protesta a sus puertas o como una reivindicación concreta. Aquí la petición de los asaltantes dejaba muy claro el golpe de Estado, sus intenciones no eran otras que interrumpir el proceso constitucional que certifica los votos obtenidos en cada Estado por los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia.

Cuando se desarrollaba el golpe de Estado en las escalinatas del Capitolio me vinieron a la memoria los 172 que en América Latina y el Caribe han organizado Estados Unidos, la CIA y sus ejércitos en los últimos 200 años.

Trump tiene que salir de la Casa Blanca y del poder por la gatera, no puede salir del poder con honores, por eso la propuesta de la congresista neoyorquina de activar la enmienda 25 es la mejor defensa que se puede hacer de la Constitución del pueblo de Estados Unidos. Con esa enmienda se consiguen tres objetivos políticos: sacar a Trump de la Casa Blanca como se tira el agua sucia del pescado, que dé cuentas ante los tribunales de justicia y que no pueda volver a presentarse ni siquiera a concejal de distrito.

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