Un español en Alemania

Migrantes ‘flexworker’

José Mateos Mariscal. / Wuppertal (Alemania) 08/01/2021

Sin dudas, dejar el suelo natal implica adentrarse en una aventura que deviene en grandes pérdidas y maravillosas ganancias. Y en donde el impacto cultural es inevitable. Ser extranjero conlleva el enorme desafío de la adaptación, un reto impregnado de enseñanzas y revoluciones internas.

A través de los testimonios personales de diversos españoles que decidieron emigrar, intento abrir una ventana al mundo para explorar cómo se vive en otros lugares. En el camino, busco enriquecernos, soltar prejuicios y conocer un poquito más del planeta que nos pertenece a todos.

En el fondo, sin embargo, cada crónica contiene un mensaje que trata, en general, acerca de soltar miedos, mandatos, y tomar coraje para vivir la propia historia. Porque, como escribió alguna vez Miguel Delibes, “si mañana tengo suerte, soy capaz de sacarme un pasaje y hacerme una nueva vida allí: el cuñado de Zacarías dice que aquél es el país de las oportunidades para el que quiere trabajar”.

Un informe denuncia las condiciones de trabajo de migrantes españoles en Alemania y Holanda. El recrudecimiento de la crisis económica por el coronavirus dificulta aún más las medidas anunciadas para facilitar el retorno de estas personas trabajadoras que quedan en un limbo de pérdida de derechos.

Entre las diez y las once, el trabajo de José Hernández era poner puré de patatas en un recipiente rectangular de plástico. Antes de llegar a Alemania nunca había pensado que esos platos los componían seres humanos. No sabía lo que era el trabajo just in time ni le había prestado mucha atención al concepto de logística. Era solo un curro temporal. Para salir del paso. Para pagarse las vacaciones.

Le habría tenido que dar la razón a la secretaria de migración que dijo hace ya tanto tiempo que la migración laboral se debía, “¿por qué no decirlo?”, al espíritu aventurero de la juventud. Nada que ver con el vente a Alemania, Pepe, con los acordes de la postguerra y el desastre económico del franquismo que sonaban en viejos programas de revival. No era un pobre migrante sino un flexworker, un ave de paso en una estructura empresarial con un modelo de negocio basado en la elasticidad en la gestión de la fuerza de trabajo. Pero ese tiempo ya pasó y lo temporal se hizo crónico.

En mayo del 2020 la portada del semanario Elsevier, en Países Bajos, causó cierta polémica en España por plasmar en una caricatura algunos de los clichés respecto de la supuesta holgazanería de españoles e italianos. Los laboriosos neerlandeses frente a los bigotudos y hedonistas sureños.

La revista omitía la existencia de decenas de miles de empleadas españolas en las cadenas logísticas. Un negocio que se basa precisamente en la opción estratégica empresarial de no vincularse de ninguna manera con el presente y futuro de sus empleadas.

El Brexit dificulta aún más la situación de la población española migrada en Reino Unido. En primer lugar por el incremento de la burocracia asociada a la cancelación de la libertad de movimiento. También por factores sociales. El aumento de las expresiones racistas desde la campaña del referéndum de permanencia ha supuesto una subida vertiginosa de los crímenes de odio en Inglaterra y Gales. Obviamente, las personas españolas migradas no son el objetivo principal de estos ataques pero la campaña contra los spaniards o más genéricamente contra los migrantes sureuropeos en el norte es un mar de fondo que golpea en distintos países a medida que avanza la extrema derecha.

Bienvenidos al Norte

El 29 de diciembre de 2020, la Fundación Primero de Mayo, de Comisiones Obreras, publicaba un extenso e interesante informe sobre las condiciones de cerca de 50.000 migrantes españoles en los Países Bajos y Alemania. Deduce que los dos grandes grupos de migrantes, quienes buscan la estabilización en el país de destino y quienes quieren usar su experiencia como trampolín y método de ahorro antes de retornar, se hallan colapsados en un mismo tiempo muerto. Incapaces de ahorrar y de progresar laboralmente en la economía de los tiempos de Amazon y de la uberización de las relaciones laborales.

Constituyen una fuerza de trabajo sin derechos de ciudadanía, a menudo están en situación de desprotección sanitaria. Son conocidos como manitos y confrontan directamente con otra población migrada, la polaca, con quienes no son infrecuentes las disputas. Viven en instalaciones subcontratadas por las empresas de trabajo temporal que crean empresas-pantalla con las que detraen el precio del alquiler de los salarios de la industria logística para la que trabajan. No es el único pico que les quitan las empresas. Al ser flexworkers no pueden acceder a las ventajas del empadronamiento en los Países Bajos o Alemania y, a menudo, tampoco al mercado libre del alquiler.

Bajo el mantra de la aventura o el emprendimiento, esta clase de proletariado internacionalizado sobrevive en situaciones análogas a las de determinadas capas de migrantes con papeles en España. Las trabas a los derechos de ciudadanía completa los sitúan en una zona gris. Sus contratadores cuentan con que son intercambiables, con que las empresas de enlace en nuestro país seguirán presentando esos trabajos “casi como un Erasmus laboral", señalan los autores del informe. La retirada de la tarjeta sanitaria tras 90 días buscando trabajo en el extranjero es un derecho perdido. El Real Decreto Ley 7/2018 no ha restaurado el hachazo que el Partido Popular impuso en plena crisis económica a los emigrantes .Son el otro extremo de una cadena de discriminación que se da en su país de origen. “Al mismo tiempo que los derechos de la ciudadanía en el exterior se estaban deteriorando, sucedía un proceso similar entre los residentes en el territorio español, incrementándose la desigualdad social”, señalan las investigadoras Ana Fernández Asperilla y Susana Alba, autoras del ensayo Emigrar después de la crisis / Crecimiento económico y nueva migración española (Editorial Los Libros de la Catarata, 2020).

El número de salidas a los mercados extranjeros de trabajo alcanzó su pico en 2015 pero lo que constatan las autoras citadas es que los trimestres acumulados de subida del Producto Interior Bruto no supusieron una vuelta a casa en la misma medida en la que se había producido el éxodo laboral. En el periodo entre 2009 y 2017, el incremento de la población española en Reino Unido fue del 98,6% y en Alemania del 121,4%.

Pésimos resultados del Plan de Retorno

El subregistro de personas españolas migradas se sitúa entre un 20% y un 60% de las cifras oficiales. Números que están desconectados de la realidad: casi la mitad de los trabajadores españoles en Países Bajos y Alemania pasa por debajo del radar de la estadística oficial. La situación es similar en los grandes destinos de la migración española en Europa: Reino Unido, Francia y Alemania. El Instituto Nacional de Estadística solo recoge los datos de las personas que se han registrado en el censo consular de sus países de residencia. Un registro que, eventualmente, puede suponer desincentivos o pérdidas de derechos.

En los últimos años eso se ha expresado en el conflicto en torno al voto rogado o la retirada de la tarjeta sanitaria. El primero está en vías de restitución pero quienes voten en las elecciones de Catalunya del 14 de febrero seguirán en el laberinto burocrático para el ejercicio de ese derecho que diseñó el Estado en 2011 mediante un pacto PSOE-PP apoyado por CiU. Esa ley ha supuesto que la participación de emigrados españoles haya caído del 30% al 5%.

Los pensionistas en el extranjero perdieron su derecho a disfrutar de los viajes del Imserso. El derecho a la educación es objeto de reclamaciones de padres y madres migrantes desde que se ha producido la degradación del programa de Agrupaciones de Lengua y Cultura Española (ALCE).

El Plan de Retorno del primer gobierno de Pedro Sánchez ha tenido resultados pésimos. Los Presupuestos Generales de 2021 apenas consignan un millón de euros de las cuentas públicas para un programa que parece ser visto como incompatible con la situación de recrudecimiento de la crisis.

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