Víctimas, expertos y ecologistas reclaman una Ley Integral del AmiantoLas consecuencias del amianto

Francisco Báez Baquet. Investigador sobre el Amianto (*) 09/01/2021

Los trabajadores hemos contagiado a no pocos periodistas en el uso inapropiado del término asbestosis por hacer extensivo el empleo del mismo para designar a toda la variopinta naturaleza de la amplia gama de enfermedades conocidas conjuntamente como patologías asbesto-relacionadas y que, desde las más benignas hasta las específicamente reconocidas como malignas -cánceres-, por desgracia vienen a configurar todo un amplio conjunto de diversos padecimientos determinantes de unas muertes prematuras y susceptibles de haber podido ser evitadas.

Peor entidad, al menos a nuestro propio parecer, viene a asumir el contagio del uso generalizado del término asbestosis para designar a todas las dolencias originadas por el amianto, cuando el contagiado es el propio experto, como está ocurriendo actualmente.

Por supuesto que el colmo de ese uso inapropiado del término asbestosis lo tendremos cuando se emplea para designar a la contaminación medioambiental de los edificios a causa del amianto.

Es eso lo que vino a hacer todo un señor ministro -Alberto Oliart Saussol- en su posterior etapa como responsable de las instalaciones de TVE en Prado del Rey (Madrid) para aludir a la situación de los platós en los que las vibraciones generadas por los entusiastas aplausos del público asistente en directo determinaban la caída de una fina llovizna de partículas de crocidolita o amianto azul, la variedad más cancerígena, que se había empleado en el aislamiento ignífugo de los susodichos platós.

A lo que pudiéramos llamar el repertorio clásico de las dolencias asociadas a la exposición al amianto, en la actual coyuntura determinada por la pandemia, tendremos que añadir, además, obviamente, el enorme riesgo adicional que presupone la condición de afectado por alguna de las llamadas patologías asbesto-relacionadas, en general, y singularmente de la asbestosis, en particular, pero sin olvidarnos tampoco del mesotelioma pleural y del carcinoma pulmonar / bronquial, ambas enfermedades de carácter maligno, esto es, que son cánceres.

Enfermedades relacionadas con el amianto

- Acropaquia. Son los llamados “dedos hipocráticos”, “dedos palillo de tambor” o “dedos palo de golf”. Se trata del engrosamiento de la carne de debajo de la uña, determinando la curvatura de la misma, en forma de cristal de reloj, o de cuchara invertida, y son las llamada anomalías ungueales. Es un mal presagio, toda vez que son causados por la hipoxia, esto es, la privación del suministro adecuado de oxígeno. El mecanismo desencadenante propuesto sería a través de la acción del asbesto sobre los inflamosomas, complejos intracelulares que actúan como sensores y mediadores de la inflamación, que es un mecanismo natural de defensa del propio organismo.

- Cuernos cutáneos o callos del amianto. Ocasionalmente pueden devenir en epiteliomas basocelulares que son cánceres cutáneos.
- Disfunción de la pequeña vía aérea / EPOC / Alveolitis Pulmonar, cuando ha sido originada por exposición al amianto o por sinergia con tabaquismo concurrente. Dentro de este contexto general de la EPOC, cabe singularizar el:

- Enfisema. Consiste en el agrandamiento permanente de los espacios aéreos distales a los bronquiolos respiratorios, con destrucción de la pared alveolar, con o sin fibrosis. Es una enfermedad crónica, comprendida, junto con la bronquitis crónica, en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). El nombre viene del griego emphysema, que significa "soplar el aire" o "insuflar'.

- Placas pleurales, tanto las calcificadas como las no calcificadas, las denominadas «placas hialinas». Cuando están extendidas a toda la pleura son el “engrosamiento pleural difuso”, más nocivo por afectar gravemente casi siempre a la capacidad respiratoria.

- Atelectasias redondas. Una forma inusual de colapso pulmonar no segmentario y periférico que simula una neoplasia pulmonar o pleural. Son consecuencia del enrollamiento sobre sí mismo de una parte del pulmón, secundario a una afectación pleural.

- Bronquiectasias por tracción. En ellas, la fibrosis pulmonar tracciona o distorsiona las vías respiratorias en formas que en las imágenes radiográficas simulan a las verdaderas bronquiectasias.

- Insuficiencia respiratoria crónica / Disnea (sin neoplasia concurrente).

- Asbestosis. Es una enfermedad crónica del pulmón, causada por la inhalación de fibras de amianto. La exposición prolongada a estas fibras puede hacer que se formen cicatrices permanentes en el tejido pulmonar y provocar la sensación de falta de aire. Se trata de una fibrosis progresiva e irreversible que va afectando gradualmente a la función respiratoria.

- Cor pulmonale. Es una afección que causa insuficiencia del lado derecho del corazón. La presión arterial alta, prolongada, en las arterias pulmonares y en el ventrículo derecho del corazón, puede provocar el cor pulmonale. Su asociación con la exposición al amianto cuenta con una bibliografía confirmatoria desde fechas bien tempranas, por ejemplo en relación con los llamados niños mecheros. Tenían el cometido de encender las mechas después de que los técnicos hubieran situado los explosivos.

- Fibrosis extra-pulmonares, en general, y en particular:

- Fibrosis retroperitoneal.
- Derrames pleurales, asociados a la exposición al amianto.

- Mesotelioma, en sus diversos asentamientos: pleural, peritoneal, pericárdico, peri-testicular, o en íleon o epiplón mayor.

- Carcinoma bronquial o pulmonar.

- Cáncer de laringe.

Las patologías incurables

A día de hoy, las dos patologías más firmemente ligadas a la exposición al amianto, esto es, el mesotelioma y la asbestosis, son incurables.

Imaginemos por un momento que, milagrosamente, se llegasen a poder poner en práctica sendos tratamientos para ambas dolencias, con un 100% de éxito. ¿Qué consecuencias prácticas se derivarían de esa hipotética situación, para los enfermos? Pues que, evidentemente, se librarían de su enfermedad pero, al mismo tiempo, la contaminación que la originó seguiría presente en sus cuerpos, en disposición de poder reanudar el daño. Y si ese enfermo, curado o no, falleciese y su cuerpo fuese incinerado, entre sus cenizas aparecería un polvillo blanquecino, azulado o pardo, mezclado con esas cenizas, que no sería otra cosa que amianto, en disposición de dispersarse en la atmósfera y proseguir su letal tarea en otros humanos asentamientos. El fuego de la cremación, no lo habrá podido destruir. Es una condena a muerte que va más allá de la propia vida.

Sólo el trasplante pulmonar permitirá soslayar esa persistencia, aunque será sólo parcialmente porque el asbesto o amianto seguirá presente en otros órganos y tejidos orgánicos.

La asbestosis es una fibrosis ciertamente invalidante, progresiva e irreversible, pero no es un cáncer.

El mesotelioma sí lo es, incurable, igualmente que el carcinoma pulmonar o bronquial, el cáncer de laringe o el de ovarios, todos ellos relacionables con el amianto.

(*) Francisco Báez Baquet es un investigador sobre el amianto y sus consecuencias que trabajó en la empresa Uralita, dónde fue representante sindical por CCOO. Participó en la elaboración en 1984 de la primera ley específica sobre el amianto.

Publicado en el Nº 340 de la edición impresa de Mundo Obrero dic2020-ene2021

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