Bienestar insuficiente

Patricia Castro 13/01/2021

El sueldo más común en España es algo más de mil euros netos al mes, entre 17.000 y 18.000 euros brutos anuales. En el caso de las mujeres, la cantidad baja hasta la paupérrima cifra de 13.000 / 14.000 euros brutos. Estas cantidades las cobran la mayoría de los ciudadanos de nuestro país, al menos la mitad de todos nosotros. La precariedad es un hecho innegable. ¿Cómo nos enfrentamos a él?

Algunas de las soluciones que se han barajado para mejorar el bienestar de los trabajadores han sido los sistemas de rentas mínimas que solo cubren a unos pocos miles y a lo sumo los salvan de la precariedad más extrema pero no sirven para mantener o elevar el bienestar material ni económico de los trabajadores y trabajadoras de este país. La Renta Básica Universal está tomando fuelle porque permite que todos recibamos un ingreso económico por el hecho de ser ciudadanos de este país. ¿Esto serviría a los propósitos de mayor autonomía de los trabajadores? Sí y no.

Si la precariedad y la pobreza la sufre, sobre todo, la clase obrera -con la descomposición social que estamos sufriendo en esta nueva crisis-, la peor parte se la llevan las mujeres. Las trabajadoras sufren las consecuencias de un modelo de trabajo agotado, insuficiente, cuyo principal objetivo era la financiarización de la economía, la terciarización, pero no el pleno empleo ni su calidad, algo que ha ocurrido en toda Europa. Además, la tardía incorporación de la mujer al trabajo, en el caso español, ha generado una situación en la que las mujeres siempre han estado expuestas a los trabajos peor remunerados, con más jornadas parciales, y a unas condiciones imposibles para conciliar la vida familiar. Es difícil hacer frente a los mandatos sociales y tener hijos en estas circunstancias porque, aun cumpliendo el modelo de familia tradicional y de buen comportamiento con las normas sociales imperantes, en un hogar de familia trabajadora -heterosexual/homosexual- los sueldos han ido a la baja, las condiciones laborales han empeorado mucho desde 2008 y los recursos públicos –sanidad y educación- se han recortado de forma drástica.

No solo necesitamos que sobre el papel se cumplan las leyes sino que materialmente puedan realizarse, con suficiente dotación económica y firme voluntad política. La falta de planificación económica y una gestión política nefasta vuelven a poner en riesgo la emancipación de la mujer. No podemos permitirnos que en cada nueva crisis de los mercados -como marxistas deberíamos saber que cada vez serán más a menudo una vez agotado el modelo productivo heredado del siglo XX y una economía de servicios escasamente productiva- se arremeta contra los derechos sociales conquistados y contra el bienestar de la clase trabajadora. No podemos permitirnos que cada crisis implique un nuevo retroceso en la escalera social que devuelve a las mujeres a los tiempos del NODO. Las mujeres que aparecen en las ficciones de televisión no representan a la mayoría. La realidad es mucho más negra. Siempre lo fue.

Publicado en el Nº 340 de la edición impresa de Mundo Obrero dic2020-ene2021

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