Crisis en el exterior y crisis en el interior se retroalimentanLa democracia en Estados Unidos

Gregorio Benito Batres. Analista sindical 15/01/2021

Lo sucedido, lo que está sucediendo y lo que queda por suceder en los Estados Unidos de América no nos debería pillar por sorpresa. Entra dentro de un proceso social y político que en ese país se acelera en los últimos años.

Las causas son diversas pero pueden ser analizadas, y deben ser analizadas, con cierta sencillez. El orden de importancia se ve modificado según las circunstancias pero todas se mantienen presentes.

Por una parte el liderazgo mundial, decisivo para el poder de Estados Unidos y para la mayoría del pueblo norteamericano, está en crisis y previsiblemente se va a acelerar en los próximos años. La Cina ê vicina.

Vencer a Estados Unidos en su propio terreno, el de la economía, es lo que está logrando China. La política económica y comercial exterior de China trabaja con sutil diplomacia, con paciencia y tenacidad, en silencio. La política china viene estableciendo acuerdos comerciales con la mayoría de los países de Asia, América, África, Europa y Oceanía. La nueva Ruta de la Seda es la más conocida en Europa pero hay inversiones cuantiosas en todo el mundo de un país que viene creciendo con dos dígitos anuales desde hace años. La influencia económica pone las bases de la influencia política.

A la vez la política de Estados Unidos pierde apoyo entre sus propios aliados. La retirada de los acuerdos de París y de la OMS, la ruptura unilateral del acuerdo sobre armas nucleares con Irán, la reversión de la política hacia Cuba y el desprecio y la presión coactiva sobre sus socios. La erraticidad de la política exterior como nunca ha existido.

Recordemos el libro de Paul Kennedy Auge y caída de las grandes potencias. Esas crisis en los liderazgos imperialistas se internalizan en los países que los pierden con reacciones ultranacionalistas, racistas, ultrarreligiosos, fascistas, de sectores sociales amplios. Las tensiones sociales internas empiezan a surgir con violencia. El sistema político se pone en cuestión y la unidad social se resquebraja. La Law & Order tan iconográficamente estadounidense se vuelve confusa. Ya no se sabe dónde esta la ley y dónde el orden. Qué es la ley y qué el orden.

Las actuaciones policiales impunes sobre la población afroamericana, las políticas inmigratorias, el America First de Trump, respaldados por millones de estadounidenses. Las posiciones ultraconservadoras sobre las armas, el aborto, la pena de muerte, el negacionismo irracional. La reversión en las políticas sociales.

¿Es solo Trump?

Crisis en el exterior y crisis en el interior se retroalimentan. Falta poco para que se cumplan 200 años de la publicación de La Democracia en América de Alexis de Tocqueville y 234 de la Constitución estadounidense. La Constitución de una sociedad joven, llena de expectativas, que recogió el relevo de Gran Bretaña y de Europa como abanderada del capitalismo y lo ha simbolizado hasta este momento, siendo la referencia ideológica mundial de un sistema que nació en la vieja Europa. ¿Tomará el relevo algún país? ¿Se iniciará el auge de China como nueva potencia líder mundial con un sistema distinto al capitalismo pero también al sistema socialista conocido hasta ahora?

Las constituciones políticas europeas y la de Estados Unidos establecen una fórmula democrática basada, en su origen, en los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial y su autocontrol a través de checks and balances anunciados por Montesquieu. Pero la formula ha pasado por un largo desarrollo hasta llegar a la actualidad. Se ha mitificado como sistema vinculado al capitalismo liberal pero, prudentemente, se ha calificado como el menos malo de los sistemas políticos. Existen en la práctica diversas variantes que reflejan distintas gradaciones de la calidad democrática. Las sociedades de masas han obligado, por mero pragmatismo, a un sistema representativo conseguido a través de sistemas electorales muy variados, en muchos casos con trampa.

El Estado de Partidos analizado por García-Pelayo ha facilitado la representación, la gobernabilidad y la eficacia pero ha hecho prisionero a aquél de éstos y, sobre todo, de sus direcciones, muchas veces estrictamente personalistas. Las crisis políticas, económicas y sociales agudizan hasta el extremo los conflictos constitucionales y el distanciamiento entre la sociedad y sus gobernantes. El incumplimiento repetido de los programas electorales, la corrupción, las políticas clientelares y las mentiras como hábito comunicativo, cierran el panorama de degradación junto con personajes ad hoc: Trump pero también Berlusconi, por citar sólo el vértice de la pirámide. Para más se puede consultar el último libro de Juan Luis Cebrián, Caos / El poder de los idiotas.

¿Es sólo Trump? ¿Son sólo los Estados Unidos?

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