España tiene una deuda de gratitud con Marcelino Camacho Fue uno de los grandes catalizadores de la oposición y resistencia al franquismo. Una figura clave del siglo XX

Unai Sordo. Secretario General de CCOO 21/01/2021

El pasado 29 de octubre rememoramos el décimo aniversario del fallecimiento de Marcelino Camacho. En un acto breve y emotivo, la familia y las organizaciones en las que militó hicimos un homenaje en el cementerio donde reposan los restos del que fuera primer Secretario General de CCOO, junto a Josefina Samper.

En el acto contamos con la participación de dos miembros del Gobierno de España: la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y el Ministro de Consumo, Alberto Garzón. Un honor para el sindicato, pero considero que también un honor para el Gobierno de nuestro país, el hecho de poder homenajear a una de las figuras más destacables -en mi opinión- del siglo XX español.

Y creo que Marcelino Camacho es una figura clave en ese siglo, no ya por los indudables méritos sindicales y políticos que labró sino porque representa dos sujetos colectivos claves para entender la historia de España y alguna de las mejores tradiciones de nuestro país en la defensa y la conquista de la democracia y las libertades.

En primer lugar, el sujeto colectivo que luchó en España, y luego en Europa, contra el fascismo y los totalitarismos que asolaron nuestro país y el continente en la primera mitad del siglo. Marcelino Camacho siendo aun muy joven se enfrentó al levantamiento contra la legalidad republicana, y por ello sufrió cárcel y exilio. Es importante destacar la continuidad en las dos contiendas bélicas de republicanos españoles, algunas de cuyas historias -por ejemplo, “La Nueve”, que encabezó la liberación de París de los nazis- apenas han sido difundidas hasta hace algunos años.

Es importante destacarlo ante la ola de revisionismo que pretende asumir la historiografía franquista, como hemos podido ver en los lamentables episodios relacionados con Largo Caballero e Indalecio Prieto en el Ayuntamiento de Madrid. En la llamada Guerra Civil había un bando totalitario que contó con apoyo directo del eje nazi-fascista. Y había españolas y españoles que lo combatieron en la guerra que perdieron y en la guerra que ganaron. Y por supuesto, Marcelino Camacho estaba en el lado correcto de la historia.

Formó parte también de un segundo sujeto colectivo, el de los resistentes ante la dictadura. Como magistralmente describió Vázquez Montalbán “asistiremos a la autoconstrucción de un dirigente obrero, que luchó como peón de la Historia en la Guerra Civil y que, a partir de la derrota personal y de clase, se movió como un héroe griego positivo en la lucha contra el destino programado por los vencedores, personal y coralmente.”

Desde la clandestinidad, Marcelino fue uno de los grandes catalizadores de la oposición y resistencia al franquismo. La creación de aquellas incipientes Comisiones Obreras, terminaría por ser un hecho clave en esa “lucha contra el destino programado por los vencedores”. La democracia no fue una graciosa concesión de un régimen que se auto-inmolaba, ni fue únicamente un pacto de élites.

A lo largo de los años 60 y 70, España atravesaba un periodo desarrollista a consecuencia de las políticas económicas tras los planes de estabilidad del 59. El eje geopolítico global había variado tras la Segunda Guerra Mundial. La polaridad este-oeste en torno a EEUU y la URSS había cambiado el juego de intereses geoestratégicos y la oposición democrática española iba a ser abandonada a su suerte. Las democracias europeas y el eje atlántico iban a contemporizar con el franquismo primero, y a negociar con la dictadura después, consolidando un régimen totalitario y asesino.

En ese periodo de desarrollo material de España se empezaron a gestar movilizaciones obreras. Descabezados e ilegalizados los sindicatos históricos en España, una nueva forma de organización de la parte más concienciada de la clase trabajadora española –aquellas primeras Comisiones Obreras- era capaz de canalizar aquel incipiente movimiento reivindicativo, que partiendo de una base material (salarios, primas, condiciones de trabajo… disputa, en definitiva, de la riqueza que se generaba en el desarrollismo español) situaba una propuesta sociopolítica: la democracia, las libertades, los derechos laborales y sindicales.

Marcelino Camacho y muchos otros tuvieron el acierto de interpretar los movimientos de fondo que acontecían en la sociedad española y utilizar aquella fuerza para tratar de derribar el régimen. Muerto Franco y con Arias Navarro como Presidente del Gobierno, el franquismo sin Franco trataba de abrirse paso con una transición mutilada donde se trasladó a la dirección clandestina de las CCOO una legalización parcial de las fuerzas políticas y sindicales.

En esos meses entre el año 75 y 76, casi 18 mil huelgas y 150 millones de horas de trabajo perdidas dan buena medida del papel del movimiento obrero en jornadas decisivas para nuestro país. La represión o los asesinatos de huelguistas en Vitoria tambalean una presidencia, la de Arias, que pronto cede dando paso a un Adolfo Suárez que pilotaría una transición distinta a la democracia.

No faltaron intentos involucionistas, acciones terroristas reflejadas en los atentados de Atocha ya en el año 1977. Una vez más es Comisiones Obreras, y el PCE, los destinatarios de esa provocación que buscaba encrespar la espiral acción-reacción. Otra vez Marcelino y la dirección clandestina del sindicato leían la realidad y forjaban una de las grandes imágenes de nuestra historia, en el contenido entierro de los abogados laboralistas del despacho de Atocha.

Marcelino Camacho defendió la transición a la democracia desde su papel como secretario general de CCOO y, durante un periodo breve, desde el Congreso de los Diputados. Impulsó al sindicato en el nuevo marco político pluri-partidista y pluri-sindical, y abandonó la Secretaría General dando paso a nuevas generaciones que debían construir una organización distinta en un paradigma ya distinto.

España tiene una deuda de gratitud con Marcelino Camacho y los que, como él, constituyen la tradición de lucha más relevante del siglo en España para construir un país más libre, más igualitario y más fraterno.

Publicado en el Nº 339 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2020

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