Lucha de Pases

El PSOE, ¿socialista y obrero?

Ángel Cappa 30/01/2021

“El sol siempre saldrá mientras
que a alguien le queden ganas de amar”

David Lebón

Desde que el felipismo, en la inmodélica transición, renunció al marxismo y adoptó la economía de mercado como vehículo incuestionable para llegar a un capitalismo bueno, ya sabemos que lo de socialista y obrero no significan nada. O tal vez sean la apariencia necesaria para atraer a la clientela que no se siente cómoda debajo del paraguas de una derecha sin tapujos y cada vez más parecida al fascismo.

Claro que, en los hechos y en los discursos, el PSOE deja claro una y otra vez que nada ni nadie lo apartará de su único amor verdadero: el capitalismo nuestro de cada día.

Es cierto que Pedro Sánchez, no hace mucho, se quitó la chaqueta y la corbata, se puso la boina de la revolución popular prolongada y se lanzó a los caminos, en busca de combatientes que lo acompañaran a recuperar el mando que le había arrebatado la guardia vieja por rebelde y respondón.

Entonces, con la palabra por espada, desafió a las multinacionales, a los banqueros, a PRISA y a todos aquellos que respaldaban al felipismo ofendido y contrariado.

Le duró poco, como la alegría en la casa del pobre. Cuando los socialistas de toda la vida creían haber recobrado las ideas arrinconadas y las estaban desempolvando con la ilusión que no habían perdido nunca, cuando los más jóvenes imaginaban empapelar España con posters de un Pedro Sánchez altivo, revolucionario y con la melena al viento, la burbuja se pinchó.

¿Qué había pasado? Lo de siempre. Cuando los “rebeldes” ocupan un lugar en el sistema, olvidan de inmediato los afanes juveniles, asean las ideas, recogen la chaqueta y la corbata que habían guardado por las dudas y abandonan las utopías de un día para el otro.

Volver con la frente marchita

Pedro Sánchez, después de recuperar el mando del partido y de haber desplazado a la vieja guardia fuera del escenario principal, volvió a la socialdemocracia y abandonó el discurso izquierdoso que había levantado tanta inquietud en los poderes fácticos.

Para demostrar hasta qué punto estaba arrepentido de su última aventura desobediente, su señoría Sánchez y sus señorías del PSOE impidieron que el Congreso investigara las supuestas maniobras económicas turbias del rey huido (pero dispuesto a volver, si eso) y, de paso, también las actividades terroristas del GAL en tiempos del felipismo. Contaron para eso con la inestimable compañía del PP y de Vox.

No obstante, Felipe González y sus muchachos continuaron en su papel de guardianes de la nueva verdad social antibolivariana, pro monárquica y empresarial. Alfonso Guerra, otrora azote implacable de lo que él mismo llamaba “la derechona” y hoy también azote, pero de la izquierda, y Vargas Llosa, siempre inteligentemente al servicio del poder, se encargaron de dar profundidad filosófica a esta vuelta a la normalidad.

Es decir, el PSOE sigue siendo felipista - aunque matizado por algún que otro lavado de cara, que nunca viene mal-, y esquiva con habilidad de centro delantero el socialismo en cualquiera de sus versiones actuales o, más aún, añejas.

Juntos somos más que dos

La pérdida de los votos que se quedaron por el camino de la decepción obligó al nuevo-viejo PSOE a buscar socios para gobernar.

A Pedro Sánchez, que no podía dormir pensando que Pablo Iglesias compartiría su sillón de mando, le advirtieron que si no le daba la mano a Unidas Podemos dormiría muy bien pero en la cama de la oposición.

No lo dudó ni un momento. Entre hacer vigilia en el gobierno o descansar en la oposición, se abrazó a Unidas Podemos, a Pablo Iglesias y a quien fuera necesario, hasta a Ciudadanos, como querían los empresarios inquietos y que no pudo ser.

Se firmaron los acuerdos de la esperanza y se guardaron en un cajón, como corresponde , hasta que la situación lo permita. Ya sabemos que la esperanza de los pobres hace muchos años que ve cómo la situación no lo permite.

Sería injusto olvidar que hay algunos alivios progresistas, siempre bienvenidos, y ciertas promesas cumplidas, a medias pero cumplidas.

Salud, libertad y lucha

Tal cual el mensaje de felicitación de fin de año del PCE: sin lucha no hay libertad y sin salud no hay lucha.

De poco sirve ahora preguntarse si era válido unirse al PSOE para co-gobernar o si era mejor apoyar desde fuera para resistir a la ofensiva neofascista y exigir cambios desde la calle, como se consiguieron todos los derechos históricamente.

El asunto es, creo yo, movilizar a los trabajadores y clases populares para poco a poco ir cambiando el rumbo del gobierno hacia una sociedad mejor, más justa y democrática. Una sociedad socialista.

Los cambios han sido y son desde abajo hacia arriba. Nunca al revés.

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