Hay tanto ruido que no te escucho La construcción del espacio común es imprescindible para cualquier política emancipadora

Luciniano Rodríguez. Militante del PCE 01/02/2021

Parémonos en lo ocurrido durante el confinamiento a causa del COVID.

Nos sorprendió una feroz campaña inicialmente contra el gobierno que fue reconduciéndose hacia el negacionismo de la pandemia.

No hay nada nuevo, lo destacable fue su dimensión. La mentira acompaña a la política desde siempre. Ahora les llaman fake news y comparten algunas características novedosas.

En primer lugar, las fake se producen en una sociedad de individuos aislados. La ruptura que se ha producido en el sistema capitalista con el espacio común nos ha llevado a la soledad, a la ausencia de vínculos con los demás. Un hecho que se ha contagiado a la totalidad de la sociedad en el momento del confinamiento.

El individuo, en esta sociedad capitalista, se socializa fundamentalmente como consumidor. Su naturaleza de consumidor cubre toda la realidad, desde la amorosa a la laboral y a las relaciones con su entorno. El consumidor es un ser que contempla la realidad como el que contempla una estantería donde puede encontrar todos los productos. Esos productos no tienen sentido en sí mismos, como objeto de uso, sino que su único sentido lo adquieren siendo objeto del consumo. Las ideas también. No hay interés en saber cuál es la naturaleza de esas ideas, cuáles son sus vínculos con la realidad, sino sólo el efecto que tienen en el consumidor. De este modo, el consumidor valora cada idea con un extraño método de medida: su propia satisfacción, es decir, cómo una idea se adecúa a su propia personalidad. Este relativismo absoluto hace imposible el conocimiento, ya que no importa la veracidad de lo expuesto sino la cercanía a la psicología del público. Este relativismo hará imposible hasta la comunicación, que está construida en base a lo común. La fe particular lo regula todo y a todo le da sentido: “es lo que yo creo”, como argumento de autoridad. Como dice Noam Chomsky, a nadie le interesa el dato, el método científico es apartado del proceso del conocimiento.

Internet aporta algo único en nuestra historia: una vía de información de carácter mundial e inmediato. La velocidad de esta información, la velocidad con que se pasa de una a otra, la decadencia de una información con más de una hora de vida... Nada de esto permite la investigación, la contrastación con la realidad, la recogida de datos. Y el hecho de que cada información viene acompañada de un enorme volumen de otras informaciones, impactos comerciales, mensajes más o menos personales, es decir, un volumen imposible de procesar. La dimensión de esta información es mundial y su valor no radica en su verosimilitud sino en sus impactos, que es una forma muy descriptiva de saber con qué tratamos.

La vida virtual sustituye a la vida real. La sustitución más evidente es la de la comunidad. Comunidad es el conjunto de internautas que comparte una afición común, ya sean los conejitos de peluche o colecciones más inmorales. En la comunidad ya no se viven las contradicciones de la vida real, ni existe la explotación laboral, ni las dificultades de mantener la vida. Uniendo la extrema individualización con la posibilidad de compensarlo con una comunidad de intereses, es cuando observamos que sí existe un criterio de selección de la información, de los impactos de las redes. Se selecciona aquello que es coherente con tu comunidad, creando una burbuja informativa. Es válido lo que recibimos en esa burbuja, excluyendo el resto como falso. En este momento hay muchas personas que se preguntan cómo se han producido estos fenómenos, cómo la extrema derecha ha crecido en su influencia durante la pandemia. Pero ya veníamos viendo este proceso en otro ámbito: el extremismo yihadista. Ese fenómeno en el que personas musulmanas que viven en países occidentales, sufriendo la exclusión, la pobreza, el rechazo por razones de raza, se encierran en su cuarto y gastan horas y horas en Internet. La comunidad yihadista virtual les ofrece respuestas a su situación. El continuo contacto con esta comunidad virtual les va aislando y van aceptando soluciones extremistas. Y en muchas ocasiones actúan desde el terrorismo individual, lobos solitarios. Ahora Estados Unidos empieza a temer ese mismo proceso en su tierra, con su gente, desde comunidades virtuales supremacistas.

Debemos tener en cuenta que estas comunidades virtuales tienen la ventaja de ofrecer una visión completa del mundo, respuestas definitivas, frente al caos de la vida real, el caos producido por el capitalismo, en donde un pequeño grupo saca un gran beneficio del desorden y son los únicos que le ven sentido.

Nos parecerán una auténtica locura cuando nos asomamos a estos grupos conspiranóicos, de extrema derecha u otros similares. Pero aportan la seguridad de tener en tus manos las respuestas adecuadas. Todo ello frente al nivel de inseguridad que hay que asumir en la investigación científica, o lo indeterminado de la vía política para cambiar el mundo.

EL RUIDO NOS RETA

Los retos que nos plantea la realidad virtual no pueden ser evitados. El rechazo a Internet sólo nos aislaría de la realidad social en toda su complejidad.

Sin embargo, debemos revisar nuestras propias creencias. La aparición de Internet nos llevó a soñar con una democracia en tiempo real. Nuestra militancia en los Foros Sociales desde finales de los 90 o las intervenciones de Toni Negri, entre otras, nos llevó a esta ilusión.

Negri, en un artículo en El Viejo Topo a finales de los 90, nos hacía reflexionar sobre el papel de estas nuevas tecnologías. De este modo, la red era la herramienta de un nuevo tipo de trabajador, el ciborg. Se trataba de la apropiación y utilización política de estas herramientas para superar al sistema.

Sin embargo, la red no es un instrumento de trabajo. En primer lugar, es un modo de producción que tiene sus dueños y se impone como entorno de trabajo, como lo era la fábrica, y nos cosifica como elemento de beneficio y como consumidor.

Para ser justos, hace veinte años nos podía parecer que descubríamos un ámbito inmenso de libertad. Pero su desarrollo ha seguido la lógica del capital. Hoy los dueños de Facebook y Twitter han censurado a todo un presidente de Estados Unidos ¿Qué no harán con nosotras cuando llamemos a la Revolución?.

Entre tanto ruido, ¿es posible escuchar las propuestas que hagamos?.

ALGUNAS CONSECUENCIAS

Un artículo está muy lejos de ser un tratado y de dar una visión cerrada de lo descrito. Pero un artículo militante debe provocar el debate, abrir cuestiones que no pueden ser resueltas sino en el debate colectivo. Por ello me limito a señalar al menos tres consecuencias de qué significa vivir en medio de este ruido.

Educar es darle a la persona instrumentos suficientes para entender el mundo en el que vive. ¿Cómo se puede entender una realidad que produce miles de impactos diarios? ¿Cómo discernir el grado de verdad en cada uno de ellos?. Sobre todo en el caso de generaciones actuales en las que la información ya no llega por los medios clásicos de la prensa sino a través de sus aplicaciones que la multiplica. En un sistema educativo en el que sobre todo a partir de Secundaria se prima la enseñanza memorística, esto no tiene respuesta. Sólo una educación centrada en la formación de una conciencia crítica, valorando el método científico, el debate de las ideas, la investigación y el gusto por conocer, puede ser útil para afrontar este reto.

Respecto a la misma información, debemos aceptar que la mayor parte de los impactos son generados sin periodistas. Que los medios de comunicación tradicionales están siendo sustituidos. Y que esto no se hace para ganar en libertad, liberándonos de los dueños de los medios. Sino para que nuevos dueños lleguen al día a día (hora a hora) a un público inmenso, ya que siempre ha habido pocas personas consumidoras de la prensa tradicional. La comunicación política se enfrenta a su propio reto. Sería una locura saltar para salirse de esta autopista. Sin duda, es necesaria para la propaganda e imprescindible combatir la mentira. Pero el objetivo de la izquierda es la transformación de las condiciones de la vida. La construcción del espacio común es un paso previo e imprescindible para cualquier política emancipadora. Sería un error hacer descansar la política en el tuit, combatir por una cuota del mercado del ruido, aunque apreciemos cierta tendencia a ello. La red en su justa medida. Apostemos por la asamblea, por el debate como método de conocimiento, por la tertulia, por la reunión y la manifestación, el convencimiento en el lugar de trabajo... Activemos a la militancia, ese es nuestro reto.

Espero con ansia que estos debates se produzcan en el seno de nuestras organizaciones. Conozco que en nuestro ámbito hay compañeras y compañeros trabajando seriamente en esto. Animo a que surjan ideas más ajustadas de cómo utilizar la red y, en general, cómo realizar una comunicación social que agite removiendo.

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