La Retranca

La cocaína fantástica del Juan Sebastián Elcano La obsoleta justicia militar ha dictaminado que la droga tenía vida propia

Dolores de Redondo 02/02/2021

¿Cuál es el misterio de la cocaína hallada hace casi siete años en el interior del buque escuela Juan Sebastián Elcano? ¿Qué opinarán en sus grupos de guasá los militares retirados “preocupados” por la democracia? Esa cocaína fantástica, fabulosa y espectral fue capaz, ella solita, de entrar en un barco militar, esconderse en uno de sus compartimentos, salir a dar un paseo por Nueva York, regresar a España y entregarse a la Guardia Civil. Todo ello sin mediación humana. Así lo ha demostrado la justicia militar.

Como medio mundo sabe (para mayor gloria de la marca España) en la primavera de 2014 el buque escuela de la Armada efectuó una escala en el puerto colombiano de Cartagena de Indias donde, supuestamente, 150 kilos de fariña subieron como polizontes al barco con destino a Nueva York. Allí, la DEA detectó dos entregas de veintisiete kilos a narcos locales procedentes del buque escuela. Entonces empapeló a dieciséis individuos por tráfico de cocaína y heroína e informó de, al menos, siete narcotraficantes del velero dedicados a moverlas de puerto a puerto. El fiscal antidroga de Nueva York encargado del caso, Andrés Torres, manifestó a los medios que "inicialmente nos sorprendió saber que el Elcano estaba acostumbrado a traficar con cantidades significativas de cocaína y de heroína". También detalló que el buque es un lugar perfecto para transportarlas porque no está sujeto a controles aduaneros. Tras su actuación, dos colombianos y siete estadounidenses fueron condenados a penas de prisión por este motivo en Estados Unidos.

Cuando, de regreso, el barco fondeó en Bueu (Pontevedra), la Guardia Civil detuvo a tres marineros acusados de trasladar la droga desde Colombia a Estados Unidos para su venta. Y tras su registro en San Fernando (Cádiz) encontró otros 127 kilos de cocaína. En junio de 2018, el juzgado togado militar propuso el sobreseimiento de las diligencias abiertas para averiguar quién introdujo la farlopa en el buque. Sin embargo, en enero de 2019 el Tribunal Militar revocó el archivo, tras la apelación de la Fiscalía Jurídico Militar, que alegaba contradicciones en las declaraciones de varios testigos y solicitaba investigar el origen de varias cajas de cartón que penetraron en el barco antes de zarpar. Se practicaron nuevas diligencias pero, como Spain is diferent, en noviembre de 2020 decretaron nuevamente el archivo provisional, pendiente de un posible recurso de la Fiscalía Militar que, en principio, no ha sido presentado. Es decir, la obsoleta justicia militar ha dictaminado que la cocaína tenía vida propia.

Los vínculos de la monarquía con el buque escuela son muy estrechos. Fue botado en Cádiz en 1927, durante la dictadura de Primo de Rivera, ejerciendo de madrina la hija del propio dictador. La primera travesía contó con la presencia del rey Alfonso XIII a bordo y, días después, su hija Beatriz de Borbón entregó al barco la bandera de combate. Juan Carlos I realizó en el buque su crucero de instrucción como guardamarina en 1958 y Felipe VI en 1987. Cuando fue hallado el alijo de cocaína en su interior, el comandante del barco era Enrique Torres Piñeyro, antiguo ayudante de campo del actual monarca. El exministro de Defensa Pedro Morenés le ascendió a contralmirante un año después del alijo y en abril de 2018 la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, le ascendió a vicealmirante y le nombró jefe del arsenal de Cádiz.

Los fardos de cocaína del buque escuela de la Armada son tan fantásticos como los maletines de dinero saudí que viajan a cuentas suizas. Quizás el Borbón adquirió en el barco su afición a mover bultos. No obstante, parece que los militares retirados prefieren ratificar su lealtad al rey en sus grupos de guasá y soñar con fusilar a veintiséis millones en vez de pedir justicia y lavar la imagen exterior del país y su ejército.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 341 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2021

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