Clave de sol

En el mercado no nieva Ser neoliberal es lo que tiene, que te acabas creyendo que hasta el clima obedece a las presuntas leyes del mercado

Sol Sánchez Maroto 05/02/2021

En mayo de 2020 se publicaba una noticia bastante estrambótica: el ministro de Defensa japonés, Taro Kono, anunciaba que su país estaba preparando una serie de protocolos de actuación ante un hipotético ataque extraterrestre. La siguiente afirmación del ministro fue “honestamente, no creo en los ovnis” pero a pesar de ello, ante la aparición de unos inquietantes videos difundidos desde el Pentágono, su ministerio estimó que era positivo trabajar protocolos que contuvieran instrucciones precisas ante cualquier encuentro con presuntas naves de ese tipo.

En los últimos días del pasado mes de diciembre, concretamente el 31, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) empezó a alertar: una nevada de proporciones épicas llegaría en unos días a Madrid y al centro peninsular. En Madrid, más allá de la sierra, solamente nieva una vez cada varios años y la mayoría de ellas o no llega a cuajar o, si lo hace, sólo constituye una estampa anecdótica que dura unas horas. La última nevada importante se produjo en Madrid hace once años, el 9 de enero de 2009, la recuerdo bien pues fue la primera vez que se cerraba el aeropuerto de Barajas por efecto de la nieve y a mi ¿adivinen? pues sí, me pilló aquello tratando de coger un avión.

Las previsiones para Filomena, ya bautizada así el 7 de enero, eran de más de 20 cm de nieve, es decir, de 5 cm más que la primera vez que se tuvo que cerrar el principal aeropuerto del país durante 5 horas. Sin embargo, mientras en Madrid el alcalde y la presidenta afirmaban estar preparados, se sucedían las alertas: nota informativa de Aemet el 2 de enero, el 5 elevan la alerta a categoría de fenómeno especial y el día 6 ya especificaban entre 20 y 40 cm de nieve. El día 7 bajo los primeros copos Almeida seguía asegurando frente a las cámaras que estaba todo controlado y antes de que termine la jornada Aemet pasa a rojo el aviso.

Todo lo que se aconseja por parte de las autoridades madrileñas es “limitar desplazamientos innecesarios”.

El viernes día 8 de enero en Madrid nos levantamos y miramos por la ventana, decepcionados vimos que no había nevado y cada cual salió para su curro. Muchos tardarían días -tras una auténtica odisea- en poder volver. Empieza a nevar.

Se piensa más en salvar la economía que las vidas

La total liberalización (es decir, desregulación y ley de la selva del capitalismo más salvaje) de los horarios comerciales en Madrid, hace que sea más fácil encontrar un centro comercial abierto en una improbable carretera perdida que una farmacia de guardia en el centro de la ciudad. Y el laboratorio neoliberal en que se ha convertido la economía madrileña podría resumir sus normas generales en un par de expresiones como “el espectáculo debe continuar” o “el molino satánico” no puede dejar de girar. Así está siendo con la pandemia. Se piensa más en salvar “la economía” que las vidas a las que esta debería servir. ¿Por qué había de ser diferente con la tormenta del siglo? Así que nadie avisó para detener la actividad y que los y las trabajadores/as se pusieran a salvo. Miles de personas quedaron atrapadas en centros de trabajo o, peor aún, tiradas en sus coches en mitad de la carretera. Amenazas con amonestar a quien no cumpliese su horario e incluso órdenes contradictorias como la que anulaba quince minutos después una anterior que pedía que los autobuses de Madrid se retirasen por seguridad a las cocheras de la Empresa Municipal de Transportes.

Hechos irracionales que se sucedían en una especie de orgía de negación de la realidad más elemental. Ser neoliberal es lo que tiene, que te acabas creyendo que hasta el clima obedece a las presuntas leyes del mercado…

Al día siguiente, con toda la ciudad y la comunidad autónoma colapsada, y mientras se pedía la colaboración ciudadana para quitar metros de nieve, más de 60 vehículos 4X4 (los únicos capaces de transportar enfermos a los hospitales y personal sanitario) estaban parados en los aparcamientos y cientos de bomberos forestales sin poder colaborar en las tareas del día después. ¿El motivo? La privatización de ese cuerpo y las condiciones de los pliegos de servicio. El mercado no nos sirve, tampoco en caso de desastre natural.

Los científicos serios y el movimiento ecologista llevan más de veinte años avisando de las consecuencias del cambio climático, entre ellas se encontraban la proliferación de pandemias y los fenómenos climáticos extremos. Igual algo les suena. Pero es más fácil que se haga un protocolo para una más que improbable invasión extraterrestre en vez de que los defensores del actual modelo económico capitalista asuman que no hay solución para lo que nos viene dentro de su sistema.

Publicado en el Nº 341 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2021

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