Batalla en profundidad

Permisos de paternidad Se gana seguridad en el puesto de trabajo y calidad de vida

Patricia Castro 05/02/2021

Ha entrado en vigor la nueva ley por la cual los permisos de paternidad se extenderán hasta las 16 semanas equiparándolos a los permisos de maternidad, siendo este tipo de permisos los más avanzados de Europa, alcanzando así a países como Suecia o Dinamarca.

Y eso es motivo de celebración.

No todo iba a ser negro ni todo tiene que ir mal siempre. Hay cosas que cambian a mejor y es algo a lo que los españoles nos tenemos que acostumbrar. Nuestra democracia puede que sea débil y quizá demasiado reciente pero debemos apuntalar los derechos de los que todos disfrutamos y exigir a nuestros gobiernos su ampliación. Hoy más que nunca es necesario fortalecer el Estado y revertir las políticas y recortes neoliberales que han ido laminando las estructuras y el modelo de bienestar de nuestras sociedades hasta hacerlas añicos. Así se han puesto en jaque no solo nuestros derechos sociales sino también la misma idea de democracia. Medidas como los permisos de paternidad y maternidad intransferibles e iguales avanzan en la buena dirección: alcanzar a Europa o al menos esa idea de modernidad que asociamos con el Viejo Continente.

La mejora de los permisos de paternidad era necesaria porque no se habían modificado en muchos años. Una de las razones de peso para igualar permisos de maternidad y paternidad, desde el punto de vista laboral, es que se extiende la presión que sufren las mujeres al quedarse embarazadas en su puesto de trabajo (y el posible despido o la no contratación por esta circunstancia) y se comparte con sus colegas hombres u otro progenitor en familias homoparentales. Sea como fuere, se reparte el riesgo del embarazo a los dos miembros de la pareja para que no haya discriminación negativa en el entorno laboral cuando una trabajadora se quede embarazada. En resumen, se gana seguridad en el puesto de trabajo y calidad de vida. Por otro lado, también tenemos el punto de vista del padre (o del progenitor, como ya hemos dicho) que también necesita pasar más tiempo con la criatura para poder hacerse responsable de la crianza y hacer frente a las demandas de igualdad del feminismo. Necesita ese periodo para poder realizar trabajo reproductivo en el hogar y criar de forma más igualitaria a su descendencia.

Pero no es oro todo lo que reluce.

Necesitamos enfocar la crianza desde una perspectiva más humana. Los ritmos de trabajo y las demandas por parte de las empresas a menudo hacen imposible la conciliación laboral y muchas mujeres no vuelven al trabajo después de este periodo de permiso, si pueden se toman una excedencia o adoptan horarios parciales. Es un foco enorme de precariedad. Debemos analizar bien la situación y crear planes integrales para que ambos progenitores puedan estar más con los pequeños o sea uno de los dos el que decida quedarse en casa y cuidar de la familia. Ampliar este tipo de derechos no solo es una buena idea sino que aumenta el bienestar de la familia y el de la sociedad.

Publicado en el Nº 341 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2021

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