Ni dios ni amo

Nombrar A la propaganda le llaman información y globalización al imperialismo

Benito Rabal 05/02/2021

Imaginemos que vas al supermercado y pides de eso naranja. Aparte de que pueda ser que te manden a la mierda, tal vez acabe en tus manos una bombona de butano, un kilo de zanahorias, incluso una bolsa de doritos, pero no las mandarinas que habías ido a comprar.

Todas las cosas que merecen ser nombradas, tienen su nombre. Las personas y su comportamiento, también. Sin embargo, estamos demasiado acostumbrados a que, cuando uno se sienta a ver o escuchar las noticias, aparezcan otros términos distintos al que las define. Y da la impresión, por no decir certeza, que la confusión que eso produce no es algo dejado al albur sino planificado a conciencia.

Pongo un ejemplo. Las imágenes del asalto al Capitolio de Estados Unidos impactan de la misma manera que lo haría la de un banquero rebuscando en el cubo de la basura algo para comer. Y lo hacen porque en nuestro ideario colectivo tenemos bien grabado que ese país es el adalid de la Democracia, a pesar de ostentar el nada honroso privilegio de poseer el mayor número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, carecer de servicios públicos, tener a dios hasta en el papel moneda, invadir países para eliminar la voluntad popular, arrasar bosques y ríos con agentes químicos o ser autores del mayor genocidio de la historia causado por la bomba atómica. Eso sin contar que, gracias a su sistema electoral, quien gana las elecciones es aquel que más dinero recauda, lo que viene a significar que quienes gestionan la llamada mayor Democracia del mundo son elegidos por los más ricos del mundo. En fin, nada que ver con la Democracia.

Lo mismo sucede con la manera de nombrar a los asaltantes, acuñando el palabro de trumpistas cuando en realidad se debería decir, lisa y llanamente, fascistas. No llamarles así blanquea su nefasta ideología. La gente borra el recuerdo de las atrocidades cometidas por el Fascismo, considerándolas propias de épocas pasadas, y así se diluye el carácter de su auténtica esencia.

Podríamos seguir con una lista interminable. A la usura se le llama Sistema Financiero. A los nazis, neonazis. Al pirateo, paraíso fiscal. Al Imperialismo, globalización. Al saqueo, libre mercado. A la destrucción del planeta, desarrollo. A la Propaganda, información.

No es nada nuevo. Pero hoy en día, en la Sociedad de la Comunicación, más bien del Espectáculo, esquivar el auténtico nombre de las cosas adquiere unas peligrosas dimensiones. Cuando se habla de Castrismo o Chavismo, al no estar los países en la órbita de la mayor democracia del mundo que no es democracia, se invoca el fantasma de la Dictadura reduciendo el Socialismo a la voluntad de una sola persona y por más que eso sea algo increíble la idea se acomoda en el pensamiento de una sociedad más preocupada por pagar la hipoteca y abarrotar los centros comerciales que por exigir sus derechos y los de aquellos que fabrican la ropa de moda o elaboran sofisticados alimentos en condiciones de esclavitud. De la misma manera, aplaudimos las dádivas de quienes evaden sus obligaciones fiscales porque se le llama generosidad o colaboramos en las campañas por la conservación del planeta junto a las grandes compañías que lo destruyen sistemáticamente porque se le dice compromiso ecológico.

Pero, de todas las confusiones planificadas que existen, tal vez la más dañina sea la que equipara el término noticia con el de opinión. Más de una vez, y no creo ser el único al que le suceda, al verme enzarzado en una discusión sobre algún sucedido mi interlocutor ha intentado rebatirme con el argumento de que yo escucho unas noticias y él otras. Pero no es así. De lo que él habla es de opiniones. La noticia es el relato de un hecho, sin adjetivos. Cuando éstos entran en juego se convierten en opiniones. Y con excesiva frecuencia son opiniones y no noticias lo que vierten los medios de domesticación de masas.

La verdad, hay veces que echo en falta los rombos censores de mi infancia en la televisión. Pero solo para que advirtieran de lo que es una y otra.

Publicado en el Nº 341 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2021

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