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Comunicación y confinamiento Producir contenidos inteligentes capaces de disputar con la clase dominante

José María Alfaya 05/02/2021

Entre el virus, el frío y el confinamiento, nos encontramos con la entretenida oportunidad de mirar desde nuestras ventanas y pantallas y tratar de comprender ese mundo exterior que se nos presenta como peligroso y nos devuelve, junto con la sensación de amenaza, la de depender y vivir condicionados por un conjunto de fuerzas e intereses que escapan a nuestra satisfactoria comprensión y nos provocan un descontento íntimo y una insatisfacción social.

Es como si de repente comprendiéramos lo mal que estamos construidos como ciudadanía y, como escribe Juan Valdés Paz en un reciente artículo [1] titulado casi chistosamente El ojo del canario es el poder revolucionario, nos asaltara la desagradable idea de que la construcción de la ciudadanía es difícil con ciudadanos enfermos, pobres, miserables, marginados, enajenados por los media… Para llegar al interrogante: ¿cómo construirla?, ¿participar en qué? Porque la democracia es participar en el poder o no es nada, apenas una frase.

Y frases y gestos se suceden, generando tanta confusión como desesperanza y una sensación de enorme contradicción entre lo que parece decirnos el sentido común o esa conciencia de clase que aún anida en algunas cabezas y lo que se difunde como interpretación de la realidad y como estrategia para afrontarla en lo que tiene de peligro para nuestras vidas y haciendas. Pero sin poner jamás en entredicho el sistema que agrava con sus propias características cualquier situación de catástrofe “sobrevenida”, que dijo la Sra. Ayuso, como si en el caso que nos preocupa no hubiéramos tenido conocimiento de su inminente presencia.

Por poner un ejemplo, cuando la gente se estaba organizando para echar una mano para paliar las carencias prácticas que se observaban en sus entornos, las autoridades realizan llamamientos para que los ciudadanos se ofrezcan voluntarios para trabajos mecánicos de limpieza de calles o de acceso a determinados edificios, contrastando tal movilización con la estrategia política de cargarse los mecanismos de participación ciudadana que habíamos heredado del anterior gobierno municipal con el montaje de aquellos Foros Locales, francamente mejorables desde luego, y que han sido condenados a muerte por el Ayuntamiento de Madrid bajo el bastón de mando del Sr. Almeida.

EL DEBATE Y LA LUCHA IDEOLÓGICA

Y en el campo de las ideas, de la interpretación de lo que pasa y de puesta en común de los problemas que debemos superar, recibimos llamamientos para aceptar la unidad construida verticalmente sobre la obediencia acrítica, el unanimismo y la disciplina sin cuestionamientos de las disposiciones dictadas desde organismos superiores, (salvo que sea tu enemigo político), una unidad pomposa que desprecia la diferencia, según vivas en barrio alto o en cañada, banaliza el debate o lo convierte en la eterna catarsis o recogida de opiniones, convertidas en armas arrojadizas, unidades de destino en lo universal para disfrute de unos pocos que se apropian de las imágenes consagradas como representativas y después te reprochan que no las consideres tuyas… Y lo único que se fomenta es la doble moral, el oportunismo, el arribismo… Y la privatización de lo público.

La mejor formación de un/a ciudadano/a debería ser el debate y la lucha ideológica constantes. La discusión sincera no puede más que fortalecer la implicación y la unidad de los sectores más firmemente comprometidos con la sociedad, los derechos, las libertades y el bien común, sin perder la perspectiva de clase. En cambio te ofrecen un proyecto de fusilamiento masivo para los cuerpos y unas horas de televisión-espectáculo para las almas, durante las cuales, como explica estupendamente Fernando Buen Abad [2], se sufre “la manipulación de la información así como la manipulación de las emociones, la lógica anestesiada por la emoción, los contenidos mutando en `pasiones´ e irracionalidad. Todo eso facilitado por una `semiósfera´… de pereza mental prefabricada y desinterés funcional. Formas del individualismo, del solipsismo y de la apatía en formatos depresivos inducidos. Nada mejor que la desesperanza inoculada con sentimentalismo chatarra… pero elevada a pensamiento con autoridad moral. Todo eso significa debilitamiento de la fe en lo colectivo, de la esperanza en la humanidad y en la capacidad de los pueblos para emanciparse. La guerra psicológica en pleno… La ‘batalla comunicacional’ [3] impone la responsabilidad de saber cómo usar las armas, las tecnologías, los modelos narrativos de nuevo género, las sintaxis (todas) a la altura de las luchas sociales… Producir masa crítica de conciencia insurreccional, guerrillas semióticas y metodología para diseñar y producir contenidos inteligentes capaces de disputar, sin imitar ni copiar, los formatos hegemónicos con las agendas, los discursos o las estéticas de la clase dominante. Nos va la vida en esta lucha. Y la autocrítica es escasa”.

A ver si espabilamos.

NOTAS:

1. https://cutt.ly/qjRqi4p
2. https://cutt.ly/CjE5BKv
3. ibid.

Publicado en el Nº 341 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2021

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