La libertad hoy es la libertad de elegir en el mercado y es un mensaje profundamente reaccionario Riders y Youtubers esto sí es 'batalla cultural'

Luciniano Rodríguez. Militante del PCE 12/02/2021

Un sistema cierra el círculo cuando se asegura que controla la forma de socialización del sujeto. La naturaleza social del ser humano se conforma en el modo en cómo es introducido en la sociedad, procesos educativos, compartir experiencias, tener valores comunes...

Es la razón por la que siempre ha sido un campo de batalla, pues se trata de qué valores sociales se transmiten y la forma en que el sujeto observa y actúa en la realidad.

En la sociedad burguesa, en general, siempre existió la diferencia entre la apariencia de lo correcto y la realidad, que acariciaba otros cuerpos y donde regía otro tipo de rectitud. La rebeldía tenía un amplio campo donde desarrollarse. Lo prohibido nos daba un nuevo territorio donde vivir.

Sin embargo, la actual fase del capitalismo está presentándose más cerrada, más completa. El individuo como consumidor, es más, como consumidor digital, encierra al sujeto en la cárcel de su propia burbuja, teniendo como única referencia el mercado. No hay prohibición sino oportunidad. O eso parece: la oportunidad, la oferta, es lo único que existe.

Para la construcción de la conciencia de clase este es el problema fundamental. No existe la clase sin conciencia de clase. Pero el individuo, en las actuales condiciones, no tiene a la clase como referencia. Todo se mide por su capacidad de gasto y endeudamiento. El modelo a seguir es, de este modo, el buscavida, la búsqueda del dinero suficiente para el gasto.

La batalla cultural de la derecha se fundamenta en el hecho de que la clase y los logros de la lucha de clases no tienen sentido en este universo consumidor del mercado. No hay mediaciones sociales. El individuo tiene ante sí el universo-mercado y se relaciona con él como el puritano con Dios, una relación personal.

Este es el contexto en el que, junto con los efectos del aislamiento por la crisis de la COVID, se están generando enormes negocios que tienen que ver con la distribución al domicilio y el ocio en el hogar. Y es aquí donde, en primer lugar, se están estableciendo respuestas inesperadas.

RIDERS

La Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, de Unidas Podemos, ha planteado la regularización del trabajo de riders para que dejen de ser autónomos y se conviertan en trabajador@s por cuenta ajena, con un contrato, con la protección del Estatuto de los Trabajador@s y un Convenio Colectivo. Todo ello siguiendo lo que ya la justicia ha decretado que son “falsos autónomos”.

El 4 de febrero, la Asociación Profesional de Riders Autónomos y Repartidores Unidos convocaron manifestaciones a las que acudieron cientos de riders. Reivindicaban quedarse como están, relación de autónomos, con la capacidad de trabajar cuando quieran y para las plataformas que quieran.

Viene precedida de otras movilizaciones promovidas, entre otros, por Riders X Derechos que se definen como “un colectivo a nivel estatal que lucha por los derechos laborales y las condiciones de vida dignas de los trabajadores de reparto a domicilio, así como el futuro de la clase obrera en su totalidad, alertando y combatiendo los peligros de la flexibilización o uberización del trabajo”.

Mientras que un colectivo, el que se reclama de la clase obrera, viene luchando por la regularización de est@s trabajador@s, las otras dos asociaciones vienen reuniéndose con la patronal, llegando a acuerdos que no son sino declaraciones generales, sin entrar en materia de salud laboral (algunos de ell@s mueren en las calles), ni en negociación salarial (en plena pandemia, Glovo ha bajado el sueldo a los riders), ni vacaciones (para qué), ni ninguna de las materias que estructuran la negociación colectiva. Sin embargo, hemos conocido por la prensa que existe un negocio por el que un rider se hace con perfiles de varias plataformas y los alquila (normalmente a trabajador@s sin papeles), cuestión que se ha hecho pública tras la muerte de una de estas personas que alquiló un perfil. Siempre hay alguien en peores condiciones que tú al que sacarle el dinero.

No es sólo una actuación similar a la de los sindicatos amarillos. Los argumentos: déjennos con nuestra libertad de ser explotados, lo contrario sería peor. Somos libres para entendernos con el mercado.

YOUTUBERS

Ni por curiosidad morbosa merece la pena entretenerse en las palabras de El Rubius justificando que se va a residir a Andorra para que su beneficio no sea fiscalizado por España.

Ningún interés tendría si no fuera porque éstas son personas cuya opinión llega a millones de jóvenes. Youtubers, influencers y otr@s indocumentad@s que desde sus canales en Internet articulan el mensaje social que llega, al menos, a una generación que está creciendo con ell@s como referentes.

Hemos podido observar que comparten algunos rasgos. En primer lugar, comparten su nivel de ignorancia. Algo que reconocen en cuanto les entrevistan o participan en un debate. Aunque a la vez existen jóvenes divulgadores (como l@s booktubers, que comentan libros, o científic@s jóvenes), el nivel de seguimiento es muy inferior. La pregunta que le hago a mis alumn@s o a mi hijo es cómo permiten que les enseñen algo personas que aún saben menos que ell@s. Y así andamos madres, padres y educador@s, bregando con este fenómeno. En el torbellino que hemos observado tras la comunicación de El Rubius, algunos youtubers presumen de su ignorancia sobre los temas de los que hablan o -sin que deje de salir de mi asombro- hay quién casi literalmente preguntaba “¿para qué sirven los impuestos?”. “Me dicen que, por ejemplo, para pagar el Instituto pero ¡si yo ni siquiera iba al Instituto!”.

Según defiende El Rubius, "a la mayoría de medios tradicionales les carcome que un tío desde su habitación tenga más repercusión que cualquiera de sus emisiones para las que necesitan tener a treinta o cuarenta personas trabajando". Esto dice en su aparición en La Sexta, en el mismo programa en el que se recogen sus declaraciones referidas anteriormente.

Este desafío brutalista viene acompañado de una ideología común, de uno de esos elementos que forman la extrema derecha norteamericana, conocida allí como libertarios aunque en nuestra cultura es algo diferente. La reducción al mínimo del Estado, sólo policías y militares, la reducción casi absoluta de los impuestos y la desregulación absoluta del trabajo, el mercado, la comunicación...

El mensaje es el mismo: hasta tu país no es más que un producto del mercado y tengo la libertad de escoger un producto mejor que esté disponible. La libertad es mi relación con el mercado.

¿ESTAMOS PREPARADAS?

Estamos migrando a la realidad digital. Unas generaciones viven en ella y otras tenemos problemas con Microsoft Office. Las educadoras tenemos problemas para entender siquiera la dimensión de este proceso. Pero no es sólo una cuestión técnica: es el campo propio de la actual etapa del capitalismo, más salvaje, más antisocial, más destructora.

Los retos son inmensos. Con medios ridículos respecto a la dimensión industrial de la realidad virtual, nos vemos obligados a luchar por lo que ya creíamos conquistado: la democracia, la libertad personal frente a la libertad en el mercado y la justicia social, no bien desarrollada y vivida como incongruente. La comunicación política afronta sus propios retos. La economía local, menguante ante los Amazon y Netflix...

Sin embargo, me preocupan, por encima de todo, los efectos en la educación. El proceso de socialización no descansa hoy en la educación pública, como debe desear cualquier sociedad avanzada. Y la escuela pública no ha desarrollado los mecanismos que se necesitan para formar una ciudadanía crítica, con valores democráticos y de justicia social. Sigamos con la enseñanza memorística, que conviene al mercado laboral.

La libertad hoy es la libertad de elegir en el mercado y es un mensaje profundamente reaccionario difundido por personaje como los descritos y defendido en las calles por trabajadores como esos riders libertarios.

Ni un segundo más podemos tardar en afilar nuestras armas en esta batalla, en la que combatiremos en el campo de las ideas, de la organización, de la comunicación, en lo sindical, en el barrio...

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