En el centenario del PCE (1921-2021)Constancia de la Mora, de la aristocracia al comunismo

Mauricio Valiente Ots. Responsable de la Comisión Preparatoria del Centenario del PCE 04/03/2021

El centenario del PCE es el de sus militantes, las personas que decidieron dar un paso adelante en su compromiso social con su vinculación al proyecto colectivo del comunismo. En la anterior serie de artículos destaqué la vinculación del PCE con el movimiento obrero, la base social que le ha permitido mantener su actividad política en los momentos más duros de su historia. A lo anterior se debe añadir que el PCE fue capaz de ampliar la extracción social de sus componentes, incluso de los sectores más privilegiados. Un caso paradigmático es el de Constancia de la Mora, a la que dedico este artículo. Una persona que nació en una familia acomodada de la aristocracia que, por su experiencia vital y su capacidad de análisis crítico de la sociedad que le había tocado vivir, transitó del inconformismo al republicanismo y, de este, al comunismo militante.

Constancia de la Mora era nieta materna de Antonio Maura, dirigente conservador varias veces presidente del Consejo de Ministros durante el régimen de la Restauración. No fue un político cualquiera, fue la cabeza del sector más derechista del Partido Conservador, que llegó a polarizar a la sociedad española en torno a su figura. Constancia de la Mora relató en sus memorias su aversión a una educación mojigata, muy limitada en sus contenidos, que formaba o más bien deformaba a las mujeres para el papel subalterno al que se las relegaba. Los recursos económicos de sus padres le permitieron estudiar en el extranjero y aprender idiomas, algo que le serviría para desenvolverse en la vida. Tras un matrimonio fracasado con un arribista que pretendía vivir de las rentas, Constancia de la Mora se rebeló contra la sociedad patriarcal que pretendía imponerle su sometimiento y su resignación a una vida de apariencias. Se separó y, ante el escándalo de la sociedad pudiente del momento, comenzó una vida independiente en la que dependió de su trabajo y de sus decisiones para luchar por la felicidad que le negaban.

Constancia de la Mora conoció a Ignacio Hidalgo de Cisneros, procedente de una familia carlista vasca y militar de carrera que había participado en la guerra colonial contra la población del Rif, donde fue herido, y fue una de las primeras personas que ejerció el derecho al divorcio que introdujo la Segunda República española. Fue todo un escándalo para los reaccionarios que no concebían que, nada menos que la nieta de Antonio Maura, desafiara la inviolabilidad del sacramento del matrimonio. Tuvo la dignidad de rechazar el hipócrita ofrecimiento de su anulación eclesial a cambio de una elevada cantidad de dinero que desembolsaría su padre, una opción siempre al alcance de los adinerados beatos, lo que enervó aún más a quienes pretendían imponer su retrógrado credo y veían desafiada su autoridad. De esta manera, Constancia de la Mora vivió la Segunda República española no sólo como un avance democrático y una esperanza para afrontar los graves problemas de España sino también como una liberación personal y una oportunidad para rehacer su vida.

En defensa de la legalidad constitucional

Después del golpe de estado fascista, tanto Constancia de la Mora como Ignacio Hidalgo de Cisneros desempeñaron un papel activo en la defensa del orden constitucional asediado. La primera, poniéndose al servicio del sistema estatal de protección de menores que había recibido un duro golpe tras el abandono de las órdenes religiosas en las que se basaba en gran parte la atención social hasta ese momento. En un escenario dramático y de grave escasez de recursos, se demostró que se podía organizar un sistema de acogida y educación de calidad con novedosos criterios pedagógicos, fuera de la tutela de la iglesia y de todo adoctrinamiento.

Durante el desarrollo de la guerra, Constancia de la Mora, gracias a su dinamismo y a sus conocimientos de idiomas, fue llamada a trabajar y posteriormente a dirigir en el Ministerio de Estado (asuntos exteriores) la oficina de atención a la prensa extranjera que cubría el conflicto español, responsabilidad que ejerció hasta la ocupación de Cataluña por las tropas franquistas. Ignacio Hidalgo de Cisneros fue el jefe de la aviación republicana, puesto para el que tenía todos los conocimientos técnicos y a los que sumaba su fidelidad al régimen y su capacidad de organización.

Desde el desempeño de sus cargos, Constancia de la Mora e Ignacio Hidalgo de Cisneros tuvieron la oportunidad de juzgar el desempeño de las diferentes autoridades políticas republicanas, el papel del intervencionismo de los regímenes fascistas, más evidente en la aviación que en ningún otro sector, y la traición de las potencias occidentales, que bajo la excusa de la no intervención entregaron desarmada a la República a la agresión exterior, así como la descarada manipulación informativa para justificar esta posición. No es de extrañar con todos estos antecedentes que Constancia de la Mora e Ignacio Hidalgo de Cisneros, republicanos que siempre habían estado muy cercanos a la personalidad y a la política de Indalecio Prieto, tomaran la decisión de afiliarse al Partido Comunista de España, lo que les acabaría alejando del dirigente socialista.

Doble esplendor

Fueron muchas las razones que llevaron a militar en el PCE en esos años a personas de toda condición y extracción social. El PCE se convirtió en un partido de masas, en el que se identificaba al más coherente defensor de la Segunda República, del orden constitucional y de la necesidad de ganar la guerra. Aunque se ha pretendido echar lodo sobre esta realidad, acusando a los comunistas de ejercer un proselitismo desmedido en ese periodo, no cabe duda de que en el caso de Constancia de la Mora fue un paso coherente con su dura experiencia vital, en un momento en el que se evidenciaba lo mucho que estaba en juego. Sin duda, el apoyo de la Unión Soviética a la Segunda República no fue ajeno a esta decisión, ya que constituía una ayuda palpable para quienes se habían visto abandonados por quienes deberían haber sido los primeros en acudir en ayuda del orden constitucional.

La derrota en la guerra dio paso a un duro exilio. A Constancia de la Mora le sorprendió el golpe casadista en Estados Unidos, donde había sido enviada en una misión oficial por el gobierno republicano tras su entrada en Francia. El gobierno norteamericano impidió que mantuviera su estancia en su territorio, por lo que tuvo que solicitar protección, como tantos otros republicanos españoles, en México. En el país azteca de destacó en su labor de asistencia a los refugiados, en un momento no sólo de penurias económicas sino también de incertidumbre ante el futuro y, a menudo, de separación en las familias, agravado tras el estallido de la segunda guerra mundial. Un trágico accidente segó su vida a una edad temprana, siendo despedida con sentimiento en un entierro donde Pablo Neruda leyó unas palabras en su memoria. Nos dejó un ejemplar libro con sus memorias, Doble esplendor, un testimonio que ayuda a comprender una época y un compromiso. En su última edición en español, Jorge Semprún, su sobrino, enmarcó en el prólogo la evolución de la saga familiar, aunque no pudo evitar hacer un desafortunado comentario paternalista sobre el compromiso de Constancia de la Mora. En todo caso, su huella, su rostro, su memoria, está presente en el centenario de esa obra colectiva que es el PCE.

Publicado en el Nº 341 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2021

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