Un español en Alemania

Reflexiones de un basurero en Alemania

José Mateos Mariscal. Wuppertal (Alemania) 15/02/2021

Ninguno de los emigrantes viajó hasta Alemania por placer o por gusto. Ninguno lo hizo para pasar unas vacaciones. Todos los emigrantes llegaron a Alemania por necesidad, obligados por la situación política, social y económica de sus países de origen. Muchos nos sentimos expulsados. En Alemania nos sentimos ninguneados, como si el trabajo que realizamos no valiera nada, como si fueramos menos que nadie.

Ninguno imaginaba que iba a pasar por situaciones vejatorias, en ocasiones, de maltrato. Todos aceptaron las condiciones laborales que les pusieron encima de la mesa a pesar de que no reconocen nuestra dignidad como seres humanos. Porque ninguno, ninguno de nosotros , queríamos dejar de enviar dinero a nuestra familia. Y porque a veces hay que recordar lo obvio: todos tenemos que comer.

Siempre hemos sido pobres pero la pandemia nos ha dejado sin nada. Los migrantes no tenemos miedo a morir. Tenemos miedo de ser aún más pobres.

En Alemania exigimos que la ley se revise porque estamos obligados a trabajar en la economía sumergida y estamos expuestos a abusos y maltratos porque no se permite regularizar nuestra situación hasta los tres años de arraigo social. Una persona no va a vivir de ayudas durante tres años. No tenemos derecho a nada porque no tenemos papeles. Uno se ve obligado a trabajar como sea y donde sea. Muchos, amontonados en pisos, en habitaciones, en condiciones increíbles.

Muchas veces la gente es engañada, van a las obras, los despiden y encima los denuncian. Te sientes intimidado.

No olvido lo que he pasado en Alemania. El hambre, la necesidad, el frío y esa especie de impuesto revolucionario que tenemos que pagar por ser migrantes: el racismo.

La constante sensación de haber perdido estabilidad y el control de tu vida por no poder cubrir las necesidades básicas, la ruptura familiar y la xenofobia han hecho más propensos a los migrantes latinos a desarrollar enfermedades mentales como ansiedad, depresión, tristeza e ira.

“La atención en salud mental para los migrantes latinos debería ser una prioridad dentro de la agenda sanitaria pública del gobierno Alemán pero no existe”, según el estudio sobre las desigualdades en salud de la población migrante latina en Alemania, realizado por Profamilia con el apoyo de la Oficina de Asistencia de Desastres Extranjeros.

La suerte del coraje

Vuelven a decirme: "Qué suerte tienes de vivir en el extranjero". Por favor, no me llamen afortunado por vivir donde vivo o por haber vivido lo que he vivido. Nunca le digas a un migrante que tuvo suerte porque le fue bien. ¿Suerte? La suerte es cuando te toca la lotería. El resto es tener pelotas y una visión. Es planificar, organizar, pensar, ahorrar (cuando sea posible) y reorganizarte nuevamente. Es llegar a tu país elegido y darte cuenta de que nadie te conoce y que a nadie le importa quién diablos eras y quién eres. ¡Tienes que demostrarlo! Es un insulto decirle a alguien que lo hizo bien porque tuvo suerte.

La suerte se crea. Después de tantos años empiezas de nuevo y tienes que hacerlo en serio. Tienes que llegar, establecerte, hacer amigos, aprender el idioma y la cultura.

Es apretar los dientes por no tener a tu familia a tu lado y perderte muchos eventos familiares en tu país de origen. Es perder a un ser querido a distancia y no tener la oportunidad de estar ahí. Pero también es elegir tu propio destino.

Debes tener coraje. Puede sonar duro, impactante, pero déjame decirte que emigrar no es para todos. Se necesita cierta locura, cierto apego a la aventura y desapego de lo habitual y coraje para afrontar lo desconocido. Hambre de aprender, conocer y progresar. Mucho coraje, coraje y esfuerzo.

Yo no tengo a nadie en este país que me acoja si me quedo sin nada. Y eso nos hace más vulnerables.

Brindo por la valentía de las queridas personas que han tenido mi misma suerte.

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