Canción Los libros breves e intuitivos de Eduardo Halfon

Francisco Vélez Nieto. Escritor y comentarista literario 23/02/2021

CanciónEduardo HalfonLibros del Asteroide

Creo haber leído hasta ahora la muy cuidada escritura de todo lo que se ha publicado en español del escritor guatemalteco Eduardo Halfon. La lectura apacible y el estilo narrativo de sus historias lo sitúan como el escritor que me atrapa. Su pericia literaria navega a velocidad de crucero. Crea una línea argumental en la que describe las vicisitudes de su propia vida. Es el nieto y heredero responsable de ir tejiendo una subjetiva trama que se adentra por el jardín de las interioridades e historias aventureras que representa su abuelo. Y que de nuevo, como en anteriores historias, en esta obra corta demuestra una vez más el variado protagonismo de ese abuelo emigrante y judío. En la calidad de la escritura manifiesta su corriente creativa y la serenidad frente a lo que le preocupa. Como si fueran fragmentos de un tiempo recordado en toda su biografía. ¿Ficción, realidad? No importa, dada la complicidad que supone seguirlo por su sencillez narrativa.

Esta obra sorprendente con el título de Canción que, aunque no se cante en ella, su ritmo de escritura es un descanso de la lectura. Se asoma a la realidad sin deseo alguno de sentirse envuelto con más mentiras que contar para distraer sin hacer muchos cálculos mentales. La ficción literaria sin impaciencia que todo buen lector apremia, esperando ese mundo al que como una melodía le invita el transcurrir de la horrible verdad de lo cotidiano para navegar por el placer de los recuerdos de los personajes de la leyenda. Lo que significa, una vez más, que la aventura literaria de Eduardo Halfon, aún con la ficción, se sitúa por encima de la cada día más miserable realidad. Donde el descaro de los hechos que suceden se pueden apartar de nuestro malestar con la inventiva literaria que la supera. Con una investidura como calmante a través de una narración sorprendente.

Seleccionado en 2007 por el Hay Festival y Bogotá Capital Mundial del Libro como uno de los treinta y nueve escritores latinoamericanos menores de 39 años más importantes. Obtuvo en 2018 el Premio Nacional de Literatura en Guatemala.

Nacido en una familia de origen judío-polaco por una parte y judío-árabe por otra, pasó en Guatemala los primeros diez años de su vida, edad a la que sus padres emigraron a Estados Unidos. El quiebre que esto le produjo hizo que la búsqueda de la identidad se convirtiera más tarde en uno de los temas centrales de su obra. Como él mismo señala, sus libros son “una búsqueda de raíces, de comprender la identidad, mi identidad”.

Su abuelo polaco fue arrestado por la Gestapo en septiembre de 1939. La inmensa mayoría de los judíos de esa ciudad no sobrevivieron, entre ellos los padres de este abuelo suyo y los tres hermanos pero él sobrevivió en Auschwitz gracias a los consejos de un boxeador. Su abuelo tenía tatuado en el antebrazo el número de prisionero (69752) de aquel campo de concentración y cada vez que el pequeño Eduardo le preguntaba qué era eso le contestaba que era su teléfono y que se lo había tatuado porque no quería olvidarlo.

El autor guatemalteco se define de esta manera: "Soy muy contenido, soy cuentista. Soy de libros muy breves. Duelo es una novelita cortísima, o un cuento largo, pero sentirás lo mismo, sentirás una contención del lenguaje, muy cuidado. Es mi voz, es mi manera de contar. Me encantaría poder escribir un libro de 300 páginas y a mis editores también les encantaría porque es más normal, más vendible. Yo escribo el relato que me pide ser escrito, no impongo una extensión. Me dejo llevar y van apareciendo cosas en el camino. Es todo muy intuitivo, muy espontáneo, muy musical. Lo siento más que lo pienso, es mi manera de contar”.

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