Lucha de Pases

Fundamento moral del capitalismoEl que tiene plata hace lo que quiere El capitalismo más que un sistema económico es un modo de vida que aceptamos como un elemento más de la naturaleza

Ángel Cappa 01/03/2021

“El sistema ha organizado un casino para que ganen siempre los mismos”
José Luis Sampedro

Esa frase que decíamos de niños en Argentina cuando alguien tomaba una decisión arbitraria, individualista, hasta desafiante, es, en esencia, el fundamento moral del capitalismo. Por supuesto no lo sabíamos. Solo lo aceptábamos como un hecho natural.

Resulta que, con el tiempo, esa sensación de que los que tenían más dinero eran, además, dueños de todos los derechos se fue afirmando hasta convertirse en un modo de vida indiscutible. Efectivamente, como sabemos, el capitalismo más que un sistema económico es un modo de vida que aceptamos como un elemento más de la naturaleza.

No es casual. Durante años las élites dominantes se ocuparon y ocupan de que así sea. Y cuentan para esa tarea continua, paciente y casi inadvertida, con expertos de toda índole. Principalmente los medios de incomunicación, prestigiosos intelectuales a sus órdenes, tipo Vargas Llosa, periodistas ingenuos o mal intencionados, tertulianos de los buenos pensamientos y famosos que exhiben sus éxitos individuales como muestra de las posibilidades del sistema para aquellos que se esfuerzan. También empresarios que desde muy abajo, con trabajo, abnegación, ahorro, capacidad e ingenio, hoy en día figuran entre los más ricos del universo. Para que veamos lo fácil que es, con un poco de empeño y buena voluntad, partir de cero y llegar a tener miles de millones de euros.

Algo que transforman en un motivo de orgullo nacional, como un locutor de radio que, en cierto momento, cuando Amancio Ortega ocupó el primer puesto entre los multimillonarios mundiales, dijo con voz emocionada y patriótica: “Hoy tenemos un motivo, los españoles, para sentirnos orgullosos. Amancio Ortega es el más millonario del mundo”.

Bien, pero resulta que el capitalismo nos sacude el ensueño con cachetazos diarios de realidad, aunque es cierto que todo el aparato ideológico del que hablo cumple con su sacrificada tarea de ocultarla.

LEVANTANDO LA MANTA, ¿QUÉ VEMOS?

La pandemia destapó la olla de las farmacéuticas y quedó al descubierto el guiso maloliente de sus intimidades.

Los países ricos compraron vacunas en exceso. Apenas quedaron para los más empobrecidos. Nada para los que no pueden pagarlas.

Israel, que pagó mucho más por cada dosis, tiene vacunas de sobra.

Pfizer, uno de los proveedores más importantes y solicitados, ha sido imputado por “ensayos clínicos no éticos con consecuencias mortales, manipulación de datos y engaños en estudios farmacéuticos y participación en el ‘maquillaje’ de los resultados obtenidos”, según El libro negro de las marcas de Klaus Werner y Hans Weiss.

¿Cómo era eso de que “el que tiene plata hace lo que quiere”? Un club privado británico organiza viajes a Dubai para sus socios mayores de 65 años. Deben pagar alrededor de 50.000 euros para ser trasladados en primera clase, alojados en hoteles de lujo, contar con un mayordomo, estar tres semanas y volver vacunados con las dos dosis correspondientes.

NIKE Y EL RESPETO A LA NIÑEZ

Esta empresa de calzado, ropa y artículos deportivos acaba de contratar a un futbolista brasileño por tres temporadas con opción a otras dos. Es un chico de ocho años (¡8 años!) que juega al fútbol sala para el Santos.

Nike ha sido imputada por “explotación, trabajo infantil, acoso sexual y otras irregularidades en empresas proveedoras: en una de ellas, la costurera gana 17 céntimos de euro por hora” (El libro negro de las marcas).

MONOPOLIOS DEL MERCADO NADA LIBRE

La privatización de las empresas energéticas, tarea conjunta del PSOE y del PP, ha permitido que Endesa, Iberdrola y Gas Natural dominen el 90% del mercado. Y sean, a la vuelta de las puertas giratorias, el destino de ex presidentes del gobierno, ex ministros/as y ex secretarios/as de Estado.

Cobran lo que les da la gana y dejan sin ese servicio esencial a mucha gente que no puede pagar las facturas.

¿VOTOS O SALUD?

El ex ministro de Sanidad, Salvador Illa, abandonó el barco en medio de la tormenta del virus para tratar de barrer para la casa del PSOE los votos catalanes de la discordia. O sea, la salud de la población es lo primero, siempre y cuando no sea lo segundo o lo tercero.

TODO POR LA PATRIA

Las empresas españolas del IBEX 35, las principales del país, tienen aproximadamente 800 filiales en paraísos fiscales. Y pagan en España entre un 5 y un 7% de impuestos. Todo legal, por supuesto. Faltaba más.

LA DESUNIÓN EUROPEA

Pedro Sánchez volvió de Bruselas como un deportista que acaba de ganar un campeonato mundial. Mientras daba una vuelta olímpica por los medios de incomunicación, dijo que España jamás había recibido tanto dinero de la Unión Europea. El éxito a veces enturbia un poco la razón y tal vez por eso olvidó aclarar que de los 140.000 millones de los Fondos de Reconstrucción este año sólo llegará el 10%. Y sólo después de comprobar que se han hecho las reformas exigidas y sólo para la llamada “transición energética y digital”, como descubrimos en unas declaraciones de Ángeles Maestro.

A la oligarquía europea podemos acusarla de muchas cosas pero nunca de hacer el bien sin mirar a quién y menos de tonta.

VOLVER A LAS FUENTES

En momentos como este, uno no sabe qué significa exactamente un gobierno progresista ni cómo comportarse, ya que, entre la sensatez del posibilismo y la amenaza fantasmal de la derecha fascista y también la fascistoide, la conciencia crítica no encuentra su lugar.

Los artículos políticos de Vázquez Montalbán, reunidos en el libro Cambiar la vida, cambiar la historia, son ideales para refrescar la memoria histórica y para ayudarnos a pensar la actualidad.

En diciembre de 1987 escribió una reflexión que tituló Aún es posible la crítica: “A partir de que el PSOE llega al poder, el compromiso político crítico era conspirar contra el progreso y situarse en una actitud antihistórica. Lo que había que hacer era ser proveedores de ideología de un gobierno que estaba connotado con las notas de progresista, que apostaba por el cambio y que nos llevaba hacia la modernidad”.

Es indudable que, como me dijo José Manuel Martín Medem, estos artículos de Vázquez Montalbán “están vivos”.

Más adelante escribe sobre lo que el pragmatismo político de entonces aconsejaba: “La historia es como es y hemos llegado en las claves españolas a una situación óptima, lo que hay que hacer es asumirla tal como está, no plantearse exageraciones ni desmesuras críticas. Hay que subirse al carro del poder y desde él tratar de conducir o reconducir los hechos en el mejor sentido posible”.

Cualquier similitud con la actualidad es pura coincidencia histórica.

Lejos de aceptar que las cosas son como son, Vázquez Montalbán advertía que “frente a esa práctica de despotismo ilustrado que se está acentuando en las democracias formales, los sectores críticos tienen que rearmarse de saberes concretos”.

Habla más adelante del “desorden contemporáneo” y dice que la causa de ese desorden es “un determinado sistema económico: la causa es el capitalismo”.

Da esperanzas cuando aconseja que “no hay que renunciar, sino todo lo contrario, a dar la batalla de las ideas y de los programas, replanteando la necesidad de encontrar una iniciativa cultural de la izquierda que este país ha perdido entregándosela a las instituciones”.

Y finalizo con sus palabras que tienen una actualidad y una vigencia asombrosas: “Ante la evidencia de que la historia no se ha terminado, de que es posible la crítica, de que es necesaria, de que es indispensable, de que evidentemente hay que sentirse convocado”.

Solo me resta recomendar el libro y sentarse a pensar.

Publicado en el Nº 342 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2021

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