Una aproximación marxistaLa cuestión minera en Extremadura

Antonio Flores Ledesma 04/03/2021

Hay más de 200 proyectos mineros en investigación y propuesta para nuestra región que van del oro al uranio. Algunos son tan polémicos como la mina de litio de Cañaveral -el segundo mayor depósito de litio de Europa, sólo por detrás del encontrado en el norte de Portugal- , proyecto de Lithium Iberia, que pretende montar una mina a cielo abierto a escasamente un kilómetro del centro de Cáceres, el Campus y el Hospital Universitario de la capital provincial[1]. Son proyectos que ningunean las reclamaciones de la sociedad civil y amenazan tanto a la vida de las personas como al medio ambiente y que sólo va a recompensar a los especuladores beneficiarios del proceso extractivo. Además, España cuenta con una ley de minas franquista (1973) que pone a la minería como de «interés nacional», lo que facilita los trámites e intereses privados por encima del bien común [2]. Con esta perspectiva, pretenden convertir a la Península Ibérica en general y a Extremadura en particular[3] en la gran mina a cielo abierto de Europa.

El rechazo a estos proyectos mineros en Extremadura por parte de la sociedad civil es palmario y arguye buenos motivos derivados de la experiencia que como región tenemos de la explotación de los recursos, con una escasa redistribución de las riquezas que no reporta ningún beneficio a nuestra tierra y sus habitantes. Extremadura nunca ha sido ajena a este expolio masivo por intereses y manos foráneas: desde el latifundismo caciquil que ha expoliado el medio agroganadero[4] hasta el desarrollismo que ha sacado energía con presas edificadas sobre trabajadores o la emigración que ha nutrido los centros industriales de España [5] [6]. La minería en Extremadura es sólo un capítulo más en este saqueo que se enmarca en las políticas extractivistas que afectan especialmente al Tercer Mundo y que en nuestro caso funciona como una suerte de colonialismo interior. Por eso urge no sólo un análisis marxista, que tiene un largo recorrido especialmente en las experiencias latinoamericanas (Bolivia, Perú, Chile)[7], sino un posicionamiento decididamente marxista sobre la cuestión.

Dado el historial de expolio económico y de recursos, es poco probable que estos proyectos mineros sigan otros derroteros más beneficiosos para la región en términos de desarrollo económico y social. A esto se le une la cuestión ecológica: el desastre medioambiental que suponen las minas, especialmente a cielo abierto, así como los residuos generados en la manipulación y procesado de los recursos, supone un grave riesgo para los ecosistemas y la biodiversidad de la región, además un riesgo importantísimo para la salud de los extremeños y las extremeñas.

Ya se están sufriendo las consecuencias de estas prácticas (como es el caso de Aguablanca en Monesterio) pero parece que los gobernantes autonómicos están poco o nada interesados en el desarrollo integral de la región y se encuentran más a favor de beneficiar a empresas multinacionales que vendrán, tomarán lo que consideren oportuno y se marcharán dejando el desastre para que lo sufran las generaciones futuras. Esto entra dentro de las lógicas extractivistas que tanta sangre están dejando en otras partes del mundo y no hay que dudar de que, si tienen oportunidad, pasarán por encima de la sociedad civil para conseguir sus objetivos.

La región más pobre con el mayor depósito minero

La cuestión afecta, por lo tanto, en algo mucho mayor. La crisis económica mundial, la necesidad de explotar recursos cada vez más escasos a bajo coste y la competición geopolítica, están llevando a los Estados a ponerse al servicio del capital para conseguir la hegemonía. Siempre ha sido así pero hoy es cada vez más difícil diferenciar entre empresas y Estados.

El caso del litio es el más acuciante. Se ha convertido en un recurso estratégico en la llamada «transición verde» [8]. Esto también afecta a otros materiales como el uranio o las tierras raras. E incluso más allá de estas necesidades estratégicas, centradas especialmente en la energía, la especulación hace de la minería un espacio económico atractivo para la explotación y la dominación de clase. Extremadura, la región más pobre de España[9] y una de las más pobres de Europa [10], es al mismo tiempo el mayor depósito minero y en el contexto del capitalismo neoliberal eso sólo puede significar más explotación, más expolio, más miseria, y más abandono institucional.

La solución es la transformación revolucionaria de las relaciones entre personas y con la naturaleza. Terminar con las relaciones de explotación sobre el ser humano y sobre el medio natural[11]. Hablando desde el marxismo, no existe un dilema pro-extractivista o anti-extractivista. El marxismo asume que en todo momento histórico las sociedades han tenido que articular procesos extractivos para el mantenimiento y expansión de la sociedad. La cuestión se encuentra en la perversión de estos procesos bajo el capitalismo y lo que Marx llama la «fractura metabólica» entre la humanidad y la naturaleza[12]. La cuestión se centra en reconciliar al ser humano con el medio en el que vive. No se excluye la necesidad de extracción de recursos para el mantenimiento de la vida y del nivel de vida de la sociedad en su conjunto, así como la restitución de la naturaleza a su riqueza propia. Esta extracción tiene que estar completamente alejada de las lógicas de crecimiento capitalistas y centrarse en las necesidades de la sociedad, no del mercado. Por esto apuestan las propuestas post-extractivistas[13], con un control social directo por parte de los trabajadores, y decrecentistas, que exigen una transformación profunda del sistema.

Una empresa pública con un compromiso social y ecológico

Sin embargo, la dirección política actual está lejos de una situación revolucionaria que cambie el sistema productivo. La acción institucional está reducida a un reformismo al servicio del IBEX, amparado por la presión ejercida desde la Unión Europea para la explotación de estos recursos. El resultado es, en realidad, una inclinación cada vez más acusada hacia el «ecofascismo»[14]. Por esto, en vistas de la necesidad social de la explotación de los recursos y a falta de una situación revolucionaria que dé el control directo de la producción a los trabajadores (algo que no hay que dejar de buscar), la apuesta es centrarse en la formación de una empresa pública fuertemente controlada, con un compromiso social y ecológico constantemente fiscalizado por la sociedad civil. Los recursos naturales son recursos del común y el Estado simplemente da permisos de extracción. Tiene la potestad de explotar en exclusiva los recursos en beneficio del conjunto de la sociedad y esto puede asegurar, siempre y cuando la explotación sea necesaria (pues ya están apareciendo tecnologías que no la harán tan necesaria[15]), una minería segura y beneficiosa para la sociedad y el medio natural.

Extremadura se encuentra en el punto de mira del progreso. Tenemos los recursos y los medios sociales y tecnológicos para estar a la vanguardia de nuevas formas de organización social y de producción que sean pilares de futuro, pero necesitamos la fuerza y la unidad para oponernos al expolio del gran capital y construir nuestro propio porvenir.

NOTAS:

1. elsaltodiario.com

2. equovalladolid.wordpress.com

3. elsaltodiario.com

4. elsaltodiario.com

5. elsaltodiario.com

6. ctxt.es

7. opendemocracy.net

8. revistafal.com

9. elsaltodiario.com

10. elpais.com

11. fuhem.es

12. marxismocritico.com

13. prensarural.org

14. cuartopoder.es

15. forococheselectricos.com

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