El capitalismo necesita un enemigo¡Que vienen los rusos!

Francisco José Segovia Ramos. Escritor y funcionario 04/03/2021

En el ya lejano año de 1966, en plena Guerra Fría se produjo una película titulada The Russians Are Coming, the Russians Are Coming (¡Que vienen los rusos!, en España), en donde la enemistad con la URSS y el “peligro rojo” quedaban ridiculizados con la historia amable que se narra. El filme venía a decir que los rusos, en definitiva, eran personas igual a los norteamericanos y no unos demonios ahítos de sangre y guerra.

Han pasado más de cincuenta años desde entonces y, tras una época de cierta “amabilidad” para con Rusia, una vez que la URSS acabó colapsada, debido, entre otras razones, al desmantelamiento de su estructura, a sus líderes borrachos y corruptos y a los intereses económicos de Occidente que vio en el mercado ruso una oportunidad de explotación de sus recursos, comenzó a partir de principios del siglo XXI otra campaña de muy diferente calado que recuerda en gran medida a la de la Guerra Fría de hace treinta años y que coincide, no es casual, con la recuperación económica y en la política internacional de Rusia.

Lejos de la simpatía o antipatía que puede generar un personaje como Putin, que de izquierdista y progresista no tiene mucho más que los líderes conservadores occidentales (no es casual su relación amistosa con el ex presidente Trump, entre otros), cierto es y palpable en la mayoría de los medios de comunicación de toda índole que la campaña contra Rusia y lo que procede de ese país se acentúa día tras día.

Gran parte de las noticias que se centran en Rusia vienen con una carga negativa o de crítica absoluta y las que parecen amables o simpáticas se bañan al final con una pátina de desconfianza o desinterés. Recordemos las críticas a la intervención rusa en Siria que, por cierto, terminó por dar sus frutos y acabar con el Estado Islámico que creara y apoyara la administración Obama. O contra la vacuna Sputnik V que fue ninguneada, despreciada, puesta en duda o atacada sin ninguna base científica… Cuando pocas semanas después, y reuniendo los mismos requisitos, las vacunas occidentales eran aclamadas por los mismos medios y políticos que criticaran a la rusa.

Un entramado de intereses geopolíticos, dirigido por Estados Unidos y las potencias occidentales y que buscan, las cifras están ahí para corroborarlo, justificar el ingente gasto militar de la OTAN y las propuestas de aumentarlo exponencialmente en los próximos años, en vistas a una confrontación contra la amenaza rusa y en menor medida china.

El provocador es el provocado

El capitalismo necesita de un fin que justifique sus agresiones presentes y futuras. Un enemigo al que achacar todos los males del mundo. Si hay crisis económicas, algaradas callejeras, manipulación de las redes sociales, supuestos envenenamientos de políticos opositores, ataques químicos a población civil y un sinfín de despropósitos más, el dedo occidental señala a Rusia y a su presidente, sin pruebas en la mayoría de los casos y sin rectificar cuando se demuestra que las acusaciones son infundadas.

Las algaradas en Ucrania, que fomentaron un golpe de Estado fascista, en Bielorrusia, en Venezuela o en Hong Kong, apoyadas y fomentadas por Occidente, resultan cuando menos de un cinismo galopante cuando se ve la distinta vara de medir que se tiene cuando esas mismas manifestaciones se producen en países “amigos”.

Si Rusia mantiene estrechos lazos con Cuba y Venezuela (no debidos a simpatías políticas sino a claros intereses geoestratégicos), Occidente pone el grito en el cielo pero calla cuando la OTAN se expande hacia el Este y empieza a trasladar tropas y armamento a bases situadas en las fronteras de Rusia. Ante cualquier acto ruso que no beneficia a Europa y Estados Unidos, actúan con represalias. Y si Rusia responde con igual trato el provocador es el provocado. La víctima se transforma, por un retorcido juego mediático, en el asesino.

“¡Rusia es culpable!”, decían los fascistas españoles para justificar el ataque de los nazis a ese país y la intervención de la División azul en esa campaña. Rusia, hoy en día, sigue siendo culpable para Occidente y es un enemigo a batir. Lástima, porque la política europea, de ser inteligente e independiente de los intereses norteamericanos, debería haber apostado por la integración de Rusia y los países de su entorno en la Unión Europea. Siendo capitalista era el camino lógico, por más que nos disgustara a los que pensamos en otro tipo de sistema económico. Pero entonces la necesidad de un entramado económico-militar como es la OTAN hubiese carecido, todavía más, de sentido.

Por eso, hoy más que nunca, y en plena crisis económica y social, el capitalismo occidental aboga por recuperar el “¡Que vienen los rusos!” para embrutecer la conciencia colectiva de sus ciudadanos y hacerles creer que el enemigo no es el sistema capitalista sino ese enorme país de “Asia”, ávido de acabar con la democracia occidental y con su sistema de valores.

¡Que vienen los rusos!, seguirán gritando hasta convencernos de la necesidad de rearmarnos hasta los dientes e invertir una parte importante de los presupuestos nacionales en las industrias del armamento. O sea, en fortalecer el entramado socio-militar del capitalismo occidental.

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