Entrevista con René BehoteguyClaves de las elecciones regionales en Bolivia

Guadalupe Barahona 05/03/2021

Las elecciones nacionales del pasado 18 de octubre arrojaron una victoria histórica del Movimiento Al Socialismo (MAS), cuyo candidato presidencial, Luis Arce, obtuvo un 55% de los votos. A pesar del golpe de Estado, de la persecución de toda la dirección del MAS, de la imposibilidad de presentarse de Evo Morales, y de la represión criminal ejercida por el gobierno de facto de la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez, el clamor de las urnas fue incontestable. Este próximo domingo, 7 de marzo, se celebran en Bolivia elecciones subnacionales, en las que se escogerán las gobernaciones de los 9 departamentos y sus respectivas asambleas departamentales, así como las alcaldías de los 337 municipios del país y más de dos mil concejales, por un mandato de 5 años. Para las gobernaciones habrá una segunda vuelta el 11 de abril allí donde ninguna opción obtenga mayoría absoluta en la primera vuelta.

Mundo Obrero ha conversado con René Behoteguy, economista, militante internacionalista de las causas de los pueblos, con años de experiencia sindical y que fuera cónsul del Gobierno de Bolivia en Madrid, bajo la presidencia de Evo Morales, para analizar las claves de estas elecciones subnacionales en Bolivia.

Llama la atención la gran cantidad de siglas que concurren a las elecciones en los distintos departamentos. ¿Cómo se alinean la izquierda y la derecha?

En Bolivia, en los años 90 había un predominio absoluto de los partidos de la derecha neoliberal y del arco de lo que sería la socialdemocracia, pero muy escorado a la derecha (de hecho, hubo alianzas del MIR con ADN). Con las guerras del agua y del gas se inicia un ciclo de movilización anti-neoliberal, y el sistema tradicional de partidos implosiona: los grandes partidos desaparecen con las grandes movilizaciones y la crisis del modelo neoliberal. Y nos vemos en un escenario, con el triunfo de Evo Morales (diciembre de 2005), en que en Bolivia hay un solo partido nacional, que es el MAS: es el único que tiene presencia en todos los departamentos. El MAS tiene una clara hegemonía electoral, arrolladora en el área rural y con más problemas en el área urbana.

Tras ganar las primeras elecciones con 54%, gana con 63%, con 61%, y en las elecciones subnacionales el MAS tradicionalmente gana la mayoría de los municipios en Bolivia, pero en los urbanos suele haber liderazgos locales y regionales de derecha que compiten con el MAS. Contra esa hegemonía del MAS, a partir de ese momento lo que ha hecho la derecha es tratar de agruparse y generar plataformas ciudadanas, que han ido cambiando de nombre y que no tienen estructura, cuyo principio es una oposición al MAS. No hay un discurso claro de la derecha. En Bolivia básicamente hasta ahora encontrábamos los que están con el MAS y los que están contra el MAS. Puede ser que en estas elecciones haya por primera vez una fisura, y se puedan presentar, sobre todo en El Alto y en el departamento de La Paz, una diferencia.

En los últimos años, ha habido un quiebre en los sectores de clase media urbana con el MAS. Eso hace que, en la elección anterior al golpe de Estado, Evo Morales baje al 46% de los votos, con una diferencia de justo 10% con el segundo, que era Carlos Mesa, y esa diferencia tan estrecha permite toda la estrategia de decir que había habido un fraude masivo y justificar un golpe de Estado con forma institucional. Todos sabemos que ese golpe de Estado lleva a un gobierno muy autoritario, con muertos, con represión muy dura y con un desastre económico de vuelta al neoliberalismo de Jeanine Áñez, que concluye con las elecciones nacionales en octubre, donde, contra lo que ellos decían que había sido un fraude la vez anterior, el MAS vuelve a ganar, esta vez con el 55% de los votos, con más de 20 puntos sobre el segundo, y sin ninguna duda. Sale segundo Carlos Mesa, y tercero Luis Fernando Camacho, que había liderado el golpe de Estado contra Evo Morales. Camacho gana en Santa Cruz pero no tiene presencia en el resto del país. Su discurso es ultra-conservador, cercano a la extrema derecha, asimilable a Bolsonaro, con mucho peso religioso (recordemos que entraron con las biblias en el palacio, etc)

¿Cuáles son las perspectivas para las elecciones regionales de este 7 de marzo?

La derrota de la derecha en las elecciones ha hecho que se fraccione en muchos espacios políticos, porque lo único que tienen en común es que están en contra del MAS. No obstante, el MAS también tiene que saber leer que ha habido un desgaste muy grande en la figura de Evo Morales con la insistencia de reelegirse, y que no toda la gente que ha votado al MAS para acabar con la dictadura y derrotar al golpe de Estado, va necesariamente a votar al MAS.

Las perspectivas son, en general, que el MAS gane. Que en las gobernaciones tenga serios problemas en La Paz, a pesar de que es un bastión suyo; difícilmente gane en Santa Cruz, está muy peleado entre el candidato del MAS y Luis Fernando Camacho, que representa a la ultraderecha. En el Beni la candidata de la derecha es Jeanine Áñez, la expresidenta de facto. Son plazas difíciles para el MAS.

Los departamentos que forman la Media Luna boliviana ha tenido un papel históricamente de oposición y desestabilización del proceso de cambio en Bolivia. ¿En qué situación se encuentra?

Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija es lo que se llamaba la Media Luna, la zona más cálida de Bolivia, con predominio de la derecha más conservadora. En Pando hace mucho tiempo que el MAS tiene mayoría, y eso ha quebrado la Media Luna; en el Beni está muy peleado, y en Santa Cruz, que es la base tradicional de la Media Luna, porque es el departamento donde está la fuerza de la oligarquía agroindustrial, es muy probable que la derecha gane, pero el MAS tiene un candidato muy fuerte a la gobernación (Mario Cronenbold), que puede dar la pelea contra Luis Fernando Camacho.

La ventaja es que la derecha está muy fragmentada. El partido que salió segundo en las elecciones nacionales, el de Carlos Mesa, no va a sacar nada en estas elecciones subnacionales. Lo que sí puede haber es un triunfo de Camacho en Santa Cruz, que lo convertiría en la punta de lanza de la derecha y podría tratar de reactivar la Media Luna. Santa Cruz siempre ha sido gobernado por la derecha oligárquica de los agroindustriales del oriente. Pero preocupa el discurso de Camacho, que está más escorado a la derecha radical, con tintes racistas, machistas, profundamente patriarcales, religiosos. Si tuviera proyección, más allá de Santa Cruz, sería muy peligroso, es un tipo de ultraderecha asimilable a la de Trump o Bolsonaro.

Además, el programa de Luis Fernando Camacho es privatizar la sanidad a nivel de los hospitales, porque está haciendo una clínica como negocio propio, y puede generar un polo de resistencia muy fuerte. Hay que ver también la fuerza que tendrá el MAS en Santa Cruz, que la tendrá, porque la Media Luna se ha debilitado. El MAS en los sectores rurales de Santa Cruz gana, donde le cuesta más es en la capital.

Durante el intento de golpe en 2008, contra la proclamación de la Constitución, se desplegaron en estos departamentos grupos paramilitares racistas. ¿Siguen activos estos grupos?

En el golpe de Estado se vio. Camacho controlaba Santa Cruz, había que pedirle un salvoconducto para caminar por las calles.

El origen de la élite cruceña está vinculada con los croatas que huyeron de Europa cuando Tito derrotó a los ustacha, aliados de Hitler. Son de extrema derecha. Eso se había diluido, pero en el golpe de Estado se volvieron a ver con mucha fuerza. Tanto en Cochabamba, en lo que se llamó Resistencia Juvenil Cochala, que era un grupo parapolicial que iban en motocicleta golpeando a las mujeres indígenas. Como en Santa Cruz, con la Unión Juvenil Cruceñista. Están activos, presentes, y en el golpe de Estado se fortalecieron.

La derrota electoral fue tan dura para la derecha, que se han quedado callados. Lo que deberían es ir a la cárcel, por todos los crímenes que han cometido durante el golpe. Pero es un peligro que un gobierno de extrema derecha de Luis Fernando Camacho en Santa Cruz pueda alentar este tipo de organizaciones parapoliciales de jóvenes racistas.

¿Tiene Luis Fernando Camacho cuentas pendientes con la justicia por su participación en el golpe de Estado?

El principal instigador del golpe de Estado es Camacho. Comienza en una concentración, en un cabildo abierto del Comité Cívico de Santa Cruz, del que él era presidente, llamando a desconocer los resultados y anunciando el fraude del MAS antes de las elecciones. Durante el golpe, dirige grupos violentos, quemas de casas de campaña del MAS, y ataques a dirigentes. Fueron él y su padre los que negociaron con la policía y el ejército para que se amotinaran. Camacho es tan responsable como Jeanine Áñez. Fue el cabecilla del golpe de Estado. En Bolivia, porque claramente el golpe de Estado lo encabezó el Departamento de Estado norteamericano.

¿Qué está pasando al interior del MAS?

El MAS no es un partido al uso: es el Instrumento por la Soberanía de los Pueblos (IPSP). Es la herramienta de la que se dotan los movimientos sociales y las organizaciones sindicales, indígenas y populares para participar en las elecciones. Cuando gana las primeras elecciones el MAS, sin dinero, con más del 50% de los votos, es porque los candidatos vienen de las organizaciones sociales, vienen de un período de lucha muy potente, de haber obligado a un presidente asesino como Sánchez de Lozada, a irse del país; y vienen de un proceso en el que los candidatos a las elecciones los eligen las organizaciones sociales. Por eso es tan impresionante en su momento cuando el Parlamento se llena de mujeres indígenas, de mineros, de pueblo, la clase trabajadora por primera vez se ve representada. Es una gran revolución política. No necesariamente una revolución social, porque los ricos siguen teniendo los medios de producción, sigue existiendo esa élite oligárquica, pero los espacios institucionales se llenan de pueblo, que tenía vetado todo este espacio.

Eso es un logro del MAS, pero también entra en un debate muy profundo entre los sectores de la izquierda más tradicional, que tratan de formar un partido fuerte, en la lógica leninista, y que sea el partido el que dirija a los movimientos sociales. Y la lógica de los pueblos indígenas, que lo ve absolutamente al revés: “son las organizaciones sociales, populares e indígenas las dueñas del MAS y tiene que hacer lo que decimos nosotros”. Eso suena bien, pero es complejo, porque esas organizaciones pueden tener hasta intereses contrapuestos en un determinado momento.

Durante el golpe de Estado, la cúpula del MAS se queda refugiada en la embajada de México o sale del país, y son las organizaciones populares de base las que toman la lucha contra el gobierno golpista de Jeanine Áñez, todo el año pasado. Se empoderan mucho y generan una gran movilización popular. En Bolivia, los triunfos electorales de la izquierda sólo han sido posibles después de grandes movilizaciones populares. Yo diría que en Bolivia, y en el mundo. Y las anteriores elecciones vienen precedidas de una gran movilización, con bloqueos de 70 caminos exigiendo elecciones. Hacen caer al gobierno de Áñez, le obligan a renunciar a su candidatura y eso genera el gran triunfo del MAS. Estos sectores movilizados, obreros, populares, indígenas, han tenido mucho choque con las estructuras del MAS en la elección de candidatos, entre la dirigencia y la base. Hay una pelea de espacios. Donde esos roces más han cristalizado y le pueden generar un problema al MAS son en La Paz y la ciudad de El Alto.

¿Cómo son estas candidaturas por la agrupación “Jallalla La Paz” para la gobernación de La Paz y la alcaldía de El Alto?

Jallalla La Paz no existe como partido, es una agrupación con personería jurídica. Lo que importa es lo que tiene detrás: un discurso claramente posicionado en sectores populares, indianista, de reinvindicación del mundo aymara. Claramente, en el espectro político están en la izquierda.

En La Paz, una de las personas que más resistió al golpe de Estado y que nunca ha sido del MAS fue el icónico dirigente aymara Felipe Quispe, conocido como el “Mallku”, que fue muchos años dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), una organización fortísima que agrupa a los campesinos y es parte de la Central Obrera Boliviana (COB).. Fue cabeza de la lucha contra Jeanine Áñez en La Paz, claramente visible, organizando a la gente y además, a pesar de que él siempre fue muy crítico con Evo Morales, hizo mucha campaña para que el MAS gane. Felipe Quispe se ha ubicado siempre en el indianismo, que habla del poder indígena. Viene del pensamiento de Fausto Reynaga, que dice que en Bolivia el sujeto histórico no es la clase trabajadora, sino el indio. Felipe Quispe ha muerto recientemente siendo el candidato a gobernador y con opciones de ganar. Le ha sucedido como candidato a la gobernación de La Paz su hijo, Santos Quispe, que está muy igualado con el candidato del MAS, Franklin Flores. La Paz es un bastión del MAS, donde ha arrasado en las elecciones nacionales, y ahora tiene serios riesgos de perder la gobernación.

El Alto es la ciudad que ha luchado contra el golpe con más fuerza, que ha puesto los muertos y es además una ciudad aymara. En El Alto la gente quería que la candidata a la alcaldía fuera Eva Copa, que era la presidenta del Senado. Ahora hay una campaña muy fuerte del MAS diciendo que Eva Copa “es de derecha” y que “se vendió a los golpistas”. Lo cierto es que fue una cabeza muy visible de oposición a Jeanine Áñez: frenó en un primer momento el crédito que Áñez acabó contrayendo con el FMI, estuvo muy cerca de las víctimas de Senkata que fueron asesinadas por la dictadura y tiene mucho arrastre popular. Sin embargo, desde la estructura del MAS se eligió a Zacarías Maquera, al que llaman “Ratuki” (rápido en aymara). Eso ha generado una fractura en el MAS. Según las encuestas, Eva Copa va a arrasar en El Alto. La base de su candidatura son las organizaciones sociales de El Alto.

¿Qué retos le plantea al MAS esta fisura por la izquierda?

En los últimos años, pese a todas las críticas desde los sectores de la izquierda revolucionaria, del indigenismo, ha habido conciencia de generar unidad en torno al instrumento político para enfrentar a la derecha. El MAS ha sabido nuclear a toda la izquierda, tanto marxista como indianista, y ese es el éxito de Evo Morales: la unidad de la izquierda. Estamos viendo cómo por primera vez esa unidad se fractura. El MAS tiene que reflexionar si el camino es enfrentarse e intentar acabarlo o tratar de reconducir, reconociendo que tiene que dar lugar a liderazgos nuevos.

En América Latina ha habido hiperliderazgo y cierto caudillismo. Es histórico. Somos zapatistas por Zapata, sandinistas por Sandino, guevaristas por el Che, fidelistas, chavistas, peronistas. Hay una referencia al líder histórico, y en Bolivia es interesante que la última elección se haya ganado sin Evo y se haya visto que el pueblo está más por un proyecto político que por una persona.

Hay que ver, y ese es el reto a futuro, cómo se gestiona desde los sectores populares el que, aunque haya diferentes alternativas -que no necesariamente es malo-, haya claridad sobre quién es el enemigo, que es la derecha oligárquica y el imperialismo. Si eso es claro, no veo tanto problema en esta fragmentación, si en lo estratégico se sabe confluir. Y puede llamar a la reflexión de cierta soberbia del MAS que no está leyendo bien cómo ha sido su último triunfo electoral.

Es un riesgo que el MAS no sepa entender que tiene que ser el instrumento de las organizaciones sociales y mandar obedeciendo. Porque, cuando quiebra eso, como ha hecho hasta cierto punto en la elección de candidatos, ha creado lo que no había: una oposición popular, que puede disputarle el espacio de la izquierda. Eso puede ser sano, pero también es un peligro, porque la división de la izquierda le abre paso a la derecha. El MAS puede salir fortalecido si es capaz de reconocer el error y tratar de volver a nuclear estos sectores o puede generar una división grande, que puede salirle muy cara.

Es una reflexión que podría extrapolarse a otras realidades

Sirve para todas las izquierdas. Construir los proyectos desde lo popular, y desde abajo, y dar voz a los sectores sociales, es mejor que las construcciones de cúpula y creerse la vanguardia. Yo estoy seguro de que las izquierdas en el Estado español ganarán cuando las candidaturas las elijan asambleas en los barrios, más que las cúpulas dirigentes. Eso ha pasado en Bolivia en su momento, y si el MAS pierde eso en este pulso, perdería mucho. Era muy claro durante la resistencia contra el golpe que la gente sentía el proceso de cambio como suyo, y por eso salieron a defenderlo, más que al Evo o la dirigencia. Defendían su proceso de cambio, ser reconocidos, tener derechos.

Hay también una dinámica de acusar a quien se me pone en contra de ser de la derecha. Lo hacemos mucho. Que los movimientos indígenas generen algo tan propio como estas candidaturas también debe llevar a la reflexión de la izquierda: lo indígena es central. El proyecto político tiene que incluir el componente descolonizador, y el componente despatriarcalizador también. Es interesante que la única cabeza visible que podría hacerle sombra a Evo, ahora, se llame Eva. Y no dudaría de que en el bloqueo del MAS en El Alto a la candidatura de Eva Copa ha habido cierto prejuicio patriarcal, machista.

En Bolivia el proceso de cambio va de abajo hacia arriba, de las organizaciones sociales a la construcción del instrumento político. En Venezuela, Chávez crea un instrumento político y comienza a generar organización popular, crea las comunas, comienza desde el Estado a generar estructura social. Lo cual es muy interesante, pero en Bolivia es absolutamente al revés. Y las organizaciones sociales son, por suerte diría yo, indomables. Contra lo que dice la derecha, que “van como borregos a votar”, han demostrado históricamente ser muy críticos y lealtad consigo mismos. Eso es muy interesante en Bolivia, pero si la izquierda no sabe leerlo bien, puede generar una división peligrosa.

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