¿Una decisión precipitada?La batalla por Madrid

Francisco José Segovia Ramos. Escritor granadino y funcionario 20/03/2021

Se presenta en la comunidad de Murcia una moción de censura por Ciudadanos y PSOE contra el equipo de gobierno, compuesto de Ciudadanos y PP. Se hace lo propio en el ayuntamiento. Se compran y venden diputados y concejales. La derecha se enfrenta en lucha civil por el poder. Ayuso decide adelantar las elecciones en Madrid y dice que ser considerado fascista es estar en el lado bueno de la historia.

Con este panorama, Pablo Iglesias anuncia su candidatura en la Comunidad de Madrid. Estamos ante el inicio de la batalla por Madrid. Una batalla política e ideológica en la que está en juego el futuro democrático, no solo de la comunidad madrileña sino del país en su totalidad.

La derecha más moderada, Ciudadanos, empieza a diluirse como un azucarillo en agua, abandonada por los poderes mediáticos que hasta hace poco encumbraban a Inés Arrimadas, sus acólitos y sus discursos incendiarios y aproximaciones a la extrema derecha. La otra derecha de siempre ha perdido el norte, si es que alguna vez lo tenía, y aproxima sus posturas y máximas a la del fascismo que ha renacido en España en los últimos años. La izquierda, por tanto, ha de rearmarse y enfrentarse a ese proceso de radicalización del conservadurismo patrio.

Pablo Iglesias, en una jugada arriesgadísima, ha apostado por el enfrentamiento directo con uno de los mayores exponentes de la nueva línea de la derecha, Isabel Ayuso. Su anuncio pilló a muchos votantes y simpatizantes de la izquierda fuera de juego. A las enormes dudas sobre esa apuesta, que muchos consideramos precipitada, producto de un calentón y de ganas de más protagonismo, siguieron aclaraciones de la propuesta del líder de Podemos.

La apuesta sigue siendo arriesgada a pesar de todo, también por la forma en que se ha producido, y quizá Iglesias debiera haber avisado antes a sus socios de gobierno del PSOE, más por lealtad institucional que porque a Pedro y sus ministros socialistas les importe más o menos que su vicepresidente abandone el gobierno. Pero Iglesias no ha pecado de egocentrismo ni de machismo, como algunas dirigentes de izquierda llegaron a decir. Propuso que la ministra de Trabajo Yolanda Díaz ocupara su vicepresidencia y que fuese la candidata de Unidas Podemos para las próximas generales si las asambleas lo decidían así. Incluso formuló una unión de la izquierda con Más Madrid y que él iría en las listas como número dos, sin imposición de su candidatura. Por ahora, Pedro Sánchez ha optado por conceder solo la vicepresidencia tercera a Yolanda Díaz y ha nombrado vicepresidenta segunda a la muy liberal Calviño. Es decir, a nivel del gobierno Unidas Podemos ha perdido una parte de cuota de poder. Pero hay objetivos más importantes por ahora que requieren de sacrificios.

Con unidad y contundencia

¿Por qué este movimiento tan abrupto que ha provocado estos cambios? ¿Acaso Pablo Iglesias ha perdido el sentido del Estado y solo busca su beneficio personal? Analizando en profundidad sus propuestas y decisiones, algo que los medios de comunicación de masas han obviado, centrándose en detalles menores y en anécdotas que solo desvían la mirada de lo principal, lo que pretende es movilizar el voto de una izquierda desmotivada en los últimos años y que se veía derrotada de nuevo en las elecciones anticipadas.

El voto que se perdió en comicios anteriores puede recuperarse y una mayoría en Madrid, con la unión de los partidos de izquierda, es ahora más factible que hace una semana. Más Madrid, con Errejón al frente, ha perdido por ahora la oportunidad de aunar votos y no perderlos merced al sistema electoral que prima a los partidos más votados. Es de esperar que haya posibilidad, aunque sea remota, de una unión para estos comicios entre MM y la candidatura de Pablo Iglesias.

Es la hora de dejar atrás inútiles personalismos, egos desorbitados y rencores pasados. La izquierda, para vencer en Madrid, ha de unirse frente a la amenaza de una derecha extrema. No de una derecha democrática como existe en la mayor parte de los países de nuestro entorno, sino contra una derecha que ya linda con el fascismo con todas las letras y sin que se escondan. De hecho, que Ayuso haya cambiado su lema de campaña de socialismo o libertad a comunismo o libertad tras el anuncio de Iglesias, muestra a las claras que no se ha librado ni por asomo de su pasado franquista/fascista.

La derecha, por supuesto, no se va a quedar viéndolas venir. Ya se está movilizando, tanto en los medios, donde ha aumentado la campaña desinformativa y de ataque contra Iglesias y lo que representa Unidas Podemos, como en los propios partidos. Incluso muchos representantes de Ciudadanos mantienen sus ataques contra la izquierda con los mismos calificativos y amenazas que lanzan los voceros del PP y de VOX, es decir, coinciden con los planteamientos extremistas y fascistas de los actuales dirigentes de ambos partidos.

No hay otra que enfrentarse dialécticamente a esa derecha rancia, retrógrada, negadora de derechos, corrupta y que corrompe, y amiga y protegida del IBEX35. Con la palabra serena y clara, con propuestas contundentes que apuesten por los servicios públicos que ha desmantelado en los últimos años el gobierno de Ayuso y, sobre todo, de manera unida, sin personalismos ni componendas de ningún tipo.

O se gana la batalla por Madrid o se pierde la guerra democrática en España. Nos va la libertad en ello. La verdadera, no la que permite vender y comprar políticos, especular en bolsa o ningunear los derechos básicos de la ciudadanía de este país.

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