El negocio venéreo de la comunicación

José Manuel Martín Medem 21/03/2021

En la transición a los multimedia del siglo XXI, todavía los canales tradicionales mantienen una mayoritaria influencia social mediante la concentración de la propiedad y su integración en los grandes grupos empresariales y financieros. En España domina el duopolio de la televisión comercial que acumula la audiencia, la publicidad y la capacidad de presionar a los gobiernos como una herramienta del poder económico.
El escenario de los medios de comunicación se está transformando con las nuevas tecnologías del siglo XXI hacia una concentración de las emisiones y una proliferación de las pantallas. Ya no habrá separación entre la prensa, la radio, la televisión y las redes. Serán multimedia integrados los que perseguirán a una audiencia sin horarios que consumirá cuando quiera lo que le apetezca. Esa será la sensación. Lo que quiero, lo que me apetece. Pero tan falsa como ahora. En realidad, los medios orientan el consumo. El analfabetismo mediático desarma al público, a la audiencia e incluso al lector. El entretenimiento atonta y la información venenosa, la comunicación venérea, bloquea la capacidad crítica para la participación democrática. Por esa ruta nos quieren llevar pero mientras tanto hay que fijarse en la transición.

En paralelo con la gran repercusión de las redes y a través de la segmentación de edades, culturas e identidades, la radio y la televisión, muy influidas por la prensa de referencia (en papel o digital), siguen concentrando en nuestro país una audiencia de entre cinco y seis millones, sobre todo por las mañanas, al mediodía y en los telediarios que se emiten entre la tarde y la noche. Ese masaje de información venérea no solo tiene influencia electoral sino que configura buena parte del sentido común en la mayoría de las actitudes sociales.

LOS NEGOCIOS CONTRA EL SERVICIO PÚBLICO

Todavía es muy importante saber cómo se cocinan los negocios de la información en la prensa, la radio y la televisión de apariencia tradicional pero que en realidad cada vez son más combinaciones audiovisuales orientadas por la prensa de papel y/o digital.

Son tres las características fundamentales de este escenario en transición. La concentración en la propiedad de los medios. Su integración como herramientas en los grupos económicos y financieros. Y la impunidad sin controles democráticos y siempre en ventaja contra el servicio público que debería garantizar la buena información imprescindible para una democracia de calidad.

La prensa, que se está evaporando hacia la fórmula digital, tiene cada vez menos cabeceras que muy pocos dueños acumulan. Su dependencia es, como siempre, de los accionistas, del crédito bancario y de los que contratan la publicidad. Pero se ha acentuado la tendencia desarrollada con la globalización: los medios de comunicación son ahora herramientas operativas de las grandes corporaciones empresariales en el dominio transnacional contra la democracia del Estado, armas en la guerra de los negocios para cautivar a la opinión pública y someter a los gobiernos.

La Ley General de la Comunicación Audiovisual ha rebajado el servicio público esencial a un servicio de interés económico general. Reconoce el derecho de los ciudadanos a un escenario pluralista en el que convivan de manera equilibrada el servicio público, los negocios audiovisuales y las iniciativas sociales. Pero en la práctica reduce el tamaño y el alcance del servicio público, concede el 75% del escenario audiovisual con absoluta impunidad a los negocios y bloquea las iniciativas sociales. La televisión es en España un duopolio que concentra el 80% de la audiencia y de la publicidad, está penetrado por el capital internacional y sus beneficios le permiten competir con muchas ventajas contra una radiotelevisión pública maniatada por el control gubernamental de la información, la mala gestión y el presupuesto insuficiente.

(*) Resumen del artículo publicado en Nuestra Bandera, nº 250.

Publicado en el Nº 342 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2021

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