Quesquesé la cultura

La batalla comunicacional Defensa, ataque y contraataque

José María Alfaya 20/03/2021

Lo del confinamiento me permite tratarme el desaliento y la incertidumbre con una calculada medicación a base de seleccionadas lecturas que me facilitan digerir el pesado consumo de productos televisados, ya sean noticieros supuestamente informativos, declaraciones políticas cargadas de agresividad, tertulias sin sensatos fundamentos, mentiras descaradas, juicios de intenciones…

Pronto aprendí que esto que nos dicen que sucede por medio de periódicos y pantallas, como si de una normalidad se tratara, es parte de una nueva guerra que nos está asolando y que tiene un nombre que lo dice todo: batalla comunicacional.

Acabo de conocer la existencia de un libro que, con ese título, ha escrito y publicado gratuitamente Pedro Santander Molina con prólogo de Fernando Buen Abad. En el subtítulo se especifica Defensa, ataque y contraataque en América Latina pero os puedo asegurar que aunque te hayas criado en Usera, o quizás por eso mismo, se entiende perfectamente que también está hablando de nosotros.

Del prólogo de Buen Abad: “Esta guerra mediática se mueve con nosotros y en nosotros, en nuestros bolsillos, en nuestros cerebros y corazones, en los teléfonos portátiles, en las marcas que consumimos para alimentarnos, vestirnos o divertirnos, en horas de espionaje big data minuto a minuto, de informaciones falsas instando todo tipo de decisiones personales o colectivas. No imaginamos con mediana exactitud cuántas personas están siendo víctimas de algún misil mediático disparado para impactar en su voluntad o su consciencia. Pero para cuando comenzamos a explicarlo, el dispositivo creado para desfigurar la realidad, en todas sus escalas, ha cumplido su cometido. Nuestra lentitud es muy peligrosa. Nuestra incomprensión de tales batallas es, también, un peligro”.

PRODUCIR CONTENIDOS INTELIGENTES CONTRA LOS FORMATOS HEGEMÓNICOS

Armado con tan contundente párrafo corrí hacia el consejillo de redacción de una revista muy roja que publica artículos rojísimos y donde militan colegas no menos coloreados. Desgraciadamente padecemos de una fractura tecnológica que nos separa del mundo de los datos, el software y la inteligencia artificial. De la nuestra puede decirse que incluso resulta escasa para afrontar todo lo que está en juego y todos los trucos que se utilizan: “Ofensivas mediáticas financiadas por el imperialismo en la manipulación de la información así como en la manipulación de las emociones. La lógica anestesiada por la emoción, los contenidos mutaron en ‘pasiones’ e irracionalidad. Todo eso facilitado por una ‘semiósfera’ de pereza mental prefabricada y desinterés funcional. Formas del individualismo, del solipsismo y de la apatía en formatos depresivos inducidos. Nada mejor que la desesperanza inoculada con sentimentalismo chatarra pero elevada a pensamiento con autoridad moral. Todo eso significa debilitamiento de la fe en lo colectivo, de la esperanza en la humanidad y en la capacidad de los pueblos para emanciparse. La guerra psicológica en pleno”.

O sea, que estamos en la atenta lectura del prólogo para asimilar los conceptos fundamentales, para identificar los dispositivos de desaliento y desmovilización, los errores (y horrores) comunicacionales en nuestras respuestas defensivas. Por ejemplo, el síndrome de reflejo contrario y la profusión de emisores y para imaginar alternativas. Por ejemplo, la Comunidad Interpretativa, columna vertebral de la defensa comunicacional.

¿A que suena bien? ¿A que merece la pena enterarse de cómo funciona? La batalla comunicacional impone la responsabilidad de saber cómo usar las armas, las tecnologías, los modelos narrativos de nuevo género, las sintaxis (todas) a la altura de las luchas sociales. Producir masa crítica de conciencia insurreccional, guerrillas semióticas y metodología para diseñar y elaborar contenidos inteligentes capaces de disputar, sin imitar ni copiar los formatos hegemónicos, con las agendas, los discursos o las estéticas de la clase dominante. Nos va la vida en esta lucha. Y la autocrítica es escasa.

Podemos convertir el confinamiento en una escuela, incluso on line.

Publicado en el Nº 342 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2021

En esta sección

¿No avanzamos porque estorban?MARXimizando el ArteBarrios ricos, barrios pobresBares que salvaron a los emigrantes de la nostalgiaEl cóctel perfecto del neoliberalismo fascista

Del autor/a

La batalla comunicacionalComunicación y confinamientoParias de la tierra¿Consejos de proximidad o de distanciamiento? La fiesta de la palabrería administrativaNoventa tacos