La misma derecha que impuso su criterio nacional-católico se opone a los avances que pide y necesita la sociedad española actualEl derecho a morir

Francisco José Segovia Ramos. Escritor granadino y funcionario 27/03/2021

La Ley de Eutanasia, que entrará en vigor el próximo 25 de junio, volvió a poner de manifiesto las posturas retrógradas de los partidos de la derecha y extrema derecha, PP y VOX, propias de otras épocas, que no solo votaron en contra de la ley sino que anunciaron que presentarían recursos contra ella ante el Tribunal Constitucional.

De nuevo, al igual que sucediera con las leyes del divorcio, del aborto o del matrimonio de parejas del mismo sexo, la misma derecha que impuso su criterio nacional-católico durante la dictadura franquista y gran parte de la actual etapa democrática se opone a los avances que pide y necesita la sociedad española actual.

Sus argumentos en contra, que solo apoyan sus seguidores más acérrimos y, cómo no, la Iglesia católica, se basan en falsedades. Mienten, arguyen la amenaza de que la ley servirá para que se cometan “crímenes” con un barniz de legalidad y que la medicina está para curar y no para quitar la vida de nadie.
Resulta cuando menos paradójico que los mismos que miran para otro lado cuando se producen muertes de migrantes frente a nuestras costas o nos sumergen en guerras imperialistas como las de Irak, que han provocado cientos de miles de muertes, clamen por lo que llaman “derecho a la vida”.

Al igual que otras normas de similar calado social, la ley de eutanasia no va a obligar a nadie a morir ni facilitar que alguien la utilice contra familiares próximos con fines inconfesables. Las limitaciones son muchas, los cortafuegos para evitar abusos, muchos, y los controles médicos y psicológicos serán fundamentales para conceder esa muerte digna. Una muerte digna que, por cierto, la izquierda ha defendido desde hace muchísimos años y que por fin, con un amplio consenso parlamentario, ha sacado adelante en el Congreso.

Ningún ciudadano va a ver atropellado su derecho a la vida, igual que ninguno ha sido obligado a divorciarse, a abortar o a casarse con una persona de su mismo sexo. Las leyes progresistas no obligan, conceden derechos o intentan acabar con las desigualdades. Las leyes de la derecha, por el contrario, la mayor parte de las veces protegen al poderoso, defienden el status quo existente, mantienen las injusticias y desigualdades sociales y promocionan, en ocasiones, la insolidaridad y el sálvese quien pueda.

De esa derecha retrógrada y reaccionaria que ha votado en contra de la ley puede esperarse de todo. No en balde votaron en contra de la Constitución de 1978 y no han condenado de manera contundente la dictadura franquista, de cuyas fuentes ideológicas beben con fruición, incluidos sus calificativos peyorativos contra la izquierda o sus campañas cuasi apocalípticas y panfletarias en las que vienen a decir más o menos que de triunfar la izquierda el país se iría a la ruina.

La ley de eutanasia, a pesar de los recursos contra ella presentada y de parte del aparato judicial, claramente reaccionario, que podría intentar acabar con ella en los tribunales, ha venido para quedarse. Lo mismo que las leyes del aborto o el divorcio. Las sociedades necesitan y exigen normativas que reflejen la realidad social, toda la realidad social. Una muerte digna es una de esas peticiones que desde hace tiempo vienen escuchándose.

Rememoremos esa gran película de Amenábar en la que Javier Bardem interpretaba al parapléjico Ramón Sampedro, Mar adentro, y el drama que supuso para el protagonista vivir esos largos años de agonía. Igual que él, cientos de hombres y mujeres han sufrido o sufren, los enfermos y los que los cuidan. Abandonados de la administración pública, de una asistencia sanitaria que no se limitara a paliar el dolor solo en parte, de unos políticos incapaces de legislar para su bien, tuvieron una vida indigna, no querida, y pidieron, piden, una muerte digna. No porque no amen la vida, que no se equivoque nadie, sino porque consideran que la vida que tienen no es digna de ser amada.

Respetemos esas voluntades. Dejemos que la ley avance, se desarrolle y se ponga en práctica. Nadie será ejecutado, señorías de la derecha, ni obligado a utilizar una ley con la que no está de acuerdo pero, por favor, apártense a un lado y dejen avanzar a la sociedad moderna del siglo XXI.

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