La excusa e incluso la justificaciónLos malditos peros

Francisco José Segovia Ramos. Escritor granadino y funcionario / Ilustración Juan Kalvellido 05/04/2021

Los peros, los malditos y recurrentes peros se han introducido en el lenguaje político y, peor todavía, en el día a día del común de los mortales.

Los malditos peros desvirtúan el mensaje, diluyen la idea, provocan en su mayoría un oxímoron. Estamos rodeados de esas figuras literarias que no lo son tanto cuando afectan al lenguaje diario y a las relaciones sociales.

El ataque a la sede de Podemos en Cartagena, todavía no reivindicado por nadie (ni lo será porque los cobardes siempre se escudan en el anonimato), ha provocado silencios cómplices y apoyos en las redes que condenan esa violencia extremista. Sin embargo, algunas organizaciones políticas, representantes de muchos ciudadanos, simpatizantes y que las votan, añaden o han añadido el pero… Sí, está bien, condenamos el ataque a nuestros enemigos ideológicos pero… Y en el pero está el oxímoron. Porque tras ese pero, ese maldito y condenable pero, medra la excusa e incluso la justificación para que se cometan otros ataques.

No es el pero más importante que hemos sufrido y tampoco será el último. Ni siquiera acabará aquí la historia del pero. No es más que un ejemplo de la corriente creciente de aquellos que hace años, casi desde que acabara la Segunda Guerra Mundial, defienden algunas políticas nazis y niegan la existencia del holocausto. Los negacionistas de ayer y ahora son los que usan y abusan de los peros, de los malditos peros.

No soy racista, no soy antifeminista, no soy xenófobo, no estoy contra el colectivo LGTBI… pero… Y luego añaden el matiz que desvirtúa su primera afirmación. Incapaces la mayoría de asumir su oscura ideología basada en la discriminación, el odio, el culto al poder de la fuerza, el amor a la uniformidad en las creencias y las actitudes vitales, se esconden detrás de los peros, de los malditos peros.

No veremos condenas firmes contra ataques a la democracia, a las instituciones que la representan, a sus defensores y adalides. Estarán bañadas por la sutil excusa de la figura retórica del oxímoron. En boca de los intransigentes siempre habrá lugar para pronunciar el pero, para escribirlo en tuites en redes sociales o en artículos de opinión, para tatuarlo en forma de esvástica sobre los monumentos o lápidas de los represaliados y asesinados por el franquismo. Sus peros ocultaran sus verdaderos deseos basados en la inquina, el odio y la aspiración de retornar a un tiempo donde había que decir y hacer lo que ellos marcaban.

Sin embargo, cuidado, no caigan, no caigamos los que los critican en el mismo pecado. Los peros de la izquierda también son peligrosos porque nos pueden llevar al mismo oxímoron democrático en el que se mueve como pez en el agua la derecha. Si hay que denunciar, se hace sin tapujos ni medias palabras. Si hay que comprometerse, hasta el final. Si hay que defender las propias ideas, ni un paso atrás. Sin vergüenza, sin bajar la mirada y, por encima de todo, sin peros, sin los malditos peros.

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